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MAHLER

SINFONÍA  nº5 San Francisco Symphony. Michael Tilson Thomas, director SFS 821936-0012-2 SACD 73:21 2005 Sonido: **** / Valoración: *** Distribuidor: Gaudisc   Dentro del monumental ciclo Mahler de Michael Tilson Thomas, editado por el propio sello de la Sinfónica de San Francisco con las más altas aspiraciones tecnológicas (SACD híbrido y cuidadísima toma de sonido), la Quinta fue una de las últimas sinfonías en ser grabadas, tan solo por delante de la Octava y La Canción de la Tierra, a pesar de ser una de las más populares. Y si hubiera que describir de un plumazo el resultado, diríamos que…

Mahler

SINFONÍA  nº5

San Francisco Symphony. Michael Tilson Thomas, director

SFS 821936-0012-2 SACD 73:21 2005

Sonido: **** / Valoración: ***

Distribuidor: Gaudisc

 

Dentro del monumental ciclo Mahler de Michael Tilson Thomas, editado por el propio sello de la Sinfónica de San Francisco con las más altas aspiraciones tecnológicas (SACD híbrido y cuidadísima toma de sonido), la Quinta fue una de las últimas sinfonías en ser grabadas, tan solo por delante de la Octava y La Canción de la Tierra, a pesar de ser una de las más populares.

Y si hubiera que describir de un plumazo el resultado, diríamos que se trata de una Quinta refinada, cálida, un punto manierista, extraordinariamente bien tocada, y muy alejada de enfoques personalistas, desgarrados, y de acentos neuróticos, al estilo de, por ejemplo, el último Bernstein. Habrá aficionados a los que, sin duda, este disco les parezca un soberano aburrimiento al ver ese asador tan falto de carne, pero creemos que la calidad de la ejecución está fuera de duda y por ello el disco tiene interés.

En la marcha inicial podemos disfrutar del estupendo contraste del segundo tema, sedoso y melancólico, frente a unos metales demasiado dóciles. Algo parecido pasa el en movimiento siguiente; el mimo con el que se cuidan los pasajes reflexivos y la potencia del sonido de la cuerda no suplen la falta de vehemencia y de agitación tempestuosa que requiere toda esta primera parte. La piedra angular que sostiene el edificio, el Scherzo central, suena transparente, con soberbias intervenciones de la trompa y una perfecta definición de planos orquestales, pero decididamente no es lo suficientemente poderoso y tenso como para que el Adagietto que le sigue marque el contraste necesario. El movimiento conclusivo es quizá lo más efectivo del disco, ya que tanto orquesta como director se lucen a placer, en una jubilosa exhibición orquestal. Una pena que para entonces tantas palabras que debían ser dichas hayan permanecido mudas.

 

Roberto González