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LAS BODAS DE FÍGARO Orquesta del Teatro Real de Madrid. Jesús López Cobos, director. Tézier, Frittoli, Pisaroni, Rey OPUS ARTE TR97002DVD 2DVD 205 MIN 2009 Subtítulos en italiano, inglés, español, francés y alemán NTSC 16:9 LPCM Stereo DTS 5.1 Sonido: **** / Valoración: **** Distribución: Ferysa    Estas son unas Bodas como las de antes. Y como tal se disfrutan plenamente. Me explico: el avance de las orquestas de corte historicista en el Mozart maduro ha impuesto sonidos más secos y tiempos vertiginosos, además de algunas voces más pequeñas, como las que predominan en la ópera barroca. Asimismo, la línea…

D BodasRealLAS BODAS DE FÍGARO

Orquesta del Teatro Real de Madrid. Jesús López Cobos, director. Tézier, Frittoli, Pisaroni, Rey

OPUS ARTE TR97002DVD 2DVD 205 MIN 2009

Subtítulos en italiano, inglés, español, francés y alemán

NTSC 16:9 LPCM Stereo DTS 5.1

Sonido: **** / Valoración: ****

Distribución: Ferysa 

 

Estas son unas Bodas como las de antes. Y como tal se disfrutan plenamente. Me explico: el avance de las orquestas de corte historicista en el Mozart maduro ha impuesto sonidos más secos y tiempos vertiginosos, además de algunas voces más pequeñas, como las que predominan en la ópera barroca. Asimismo, la línea vocal se puede embellecer a placer.

Estas Bodas del Real recuerdan en muchos sentidos algunas grabaciones clásicas, en sus tiempos reposados, sin atisbo de urgencia, sin necesidad de forzar la vivacidad. Y si de una parte se puede echar en falta un punto más de brío en las arias de Cherubino, las de la Condesa tienen un lirismo al alcance de muy pocos. López Cobos dirige con delicadeza, sin ligereza, pero tampoco con la solemnidad de la escuela germana de antaño. La orquesta le secunda bien en sus intenciones, con un sonido redondo y equilibrado. El entendimiento con el escenario es absoluto, mima a sus cantantes y también explota con sabiduría sus posibilidades para ofrecer un resultado coherente y homogéneo, incluso con la apertura de los cortes tradicionales del último acto, las arias de Marcellina y Basilio.

Naturalmente, como trabajo de conjunto, el resultado final tiene mucho que ver con el reparto, al que apenas se le pueden poner peros. Luca Pisaroni se impone como el Figaro de su generación, recambio a la altura de un Terfel o un D’Arcangelo, sin complejos ante un Schrott, al que supera en elegancia. Con una voz rica, su presencia y expresividad, juveniles, sientan como un guante al barbero. A su lado, el Conde de Ludovic Tézier es igualmente excelente, más desenvuelto como actor –la experiencia es un grado– y en gran forma vocal.

La Susanna de Isabel Rey ya es un clásico. Lástima que no la haya grabado antes, apenas se puede reprochar una presencia un tanto madura para el personaje –más evidente en compañía de Pisaroni– aunque su canto sigue tan seguro como siempre y tiene tan interiorizada la doncella que la interpretación difícilmente puede ser más natural. Barbara Frittoli como Condesa está, simplemente, perfecta. También ella ha rodado el personaje hasta ser uno con él. Le aporta dignidad sin ser rígida, distante ni fría, y siempre muy italiana. Sin los problemas de vibrato que la han aquejado en otras ocasiones recientes, su “Dove sono”, con sutiles y delicadas variaciones, da idea de su forma vocal y su talla como cantante, realmente grande. El trío de principales lo cierra una estupenda Marina Comparato, que domina todos los resortes del paje adolescente.

Entre los secundarios destacan dos de lujo absoluto: el Bartolo de Carlos Chausson y el Basilio de Raúl Giménez, que desmienten que los grandes cantantes no pueden ser grandes secundarios. Enrique Viana ha hecho de los papeles “di carattere” marca de la casa, y Don Curzio es un buen ejemplo. Jeannette Fischer es una buena Marcellina, mientras que Soledad Cardoso causa una estupenda impresión como Barbarina, a la espera de verla en papeles de mayor calado. Sin problemas el Antonio de Miguel Sola.

La puesta en escena de Emilio Sagi es de las mejores que recuerdo haberle visto. Frente a algunos genios incomprendidos con un sentido teatral peculiar, da una lección de teatralidad, elegancia, máximo respeto y comprensión del drama que se trae entre manos, sin desdén por la tradición ni obligación de innovar. La producción, tradicional en el mejor sentido, no podía ser más española –con frecuencia se olvida que la acción transcurre en Sevilla– ni más andaluza, sin complejos ni alardes de patria chica. Los decorados son tan lujosos como cuidado y preciosista el vestuario, todo oportunamente realzado por la iluminación.

 

Raúl González Arévalo

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