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LOS PÁJAROS PERDIDOS

LOS PÁJAROS PERDIDOS L’Arpeggiata. Christina Pluhar, directora VIRGIN CLASSICS 5099967851621 DDD 75:33 EU 2012 Sonido: **** / Valoración: **** Distribuidor: EMI     Que viva el barroco, que no solo un periodo artístico cronológicamente acotado, sino unos estilemas susceptibles de encapsularse en diversos estilos y, casi, una actitud estética. Barroco, más como adjetivo que como sustantivo. Esta es la hipótesis de partida de este disco, y a ella, adelanto, se arriba con eficacia.  Con un gran despliegue mediático se presenta un trabajo tan colorista, elegante y bello en su contenido musical como el envoltorio que lo adorna: Los pájaros perdidos,…

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L’Arpeggiata. Christina Pluhar, directora

VIRGIN CLASSICS 5099967851621 DDD 75:33 EU 2012

Sonido: **** / Valoración: ****

Distribuidor: EMI

 

 

Que viva el barroco, que no solo un periodo artístico cronológicamente acotado, sino unos estilemas susceptibles de encapsularse en diversos estilos y, casi, una actitud estética. Barroco, más como adjetivo que como sustantivo. Esta es la hipótesis de partida de este disco, y a ella, adelanto, se arriba con eficacia. 

Con un gran despliegue mediático se presenta un trabajo tan colorista, elegante y bello en su contenido musical como el envoltorio que lo adorna: Los pájaros perdidos, un apetecible digipak con repertorio popular latinoamericano interpretado por L’Arpeggiata, el conjunto de la tiorbista Cristina Pluhar que el año pasado ofrecía una buena versión de las Vísperas de la Virgen  de Monteverdi. De un repertorio trillado a un experimento sonoro. Junto a los instrumentistas habituales del grupo, el elenco vocal incluye a cinco cantantes entre quienes destaca la soprano española Raquel Andueza (aunque solo canta dos piezas de las veinte), que se multiplica y parece que está en los últimos años en todos los saraos interesantes que se mueven en el campo de la música antigua, incluyendo los programas que, como este, aparentemente nada tienen que ver con este área de la interpretación, aunque tengan que ver de principio a fin. La presencia del inquieto Quito Gato, a la cuerda pulsada, garantiza también un proyecto (The South American Project) que resiste bien la principal pega que suele ponerse a este tipo de empeños: la coloratura de las voces no suele adaptarse bien al swing que se le pide a quienes interpretan repertorio tradicional-popular. En este caso, a pesar de que las/os cantantes no son de origen hispano, salvo Andueza, la verdad que el resultado luce. Hay esfuerzo de cambiar de registro, y sale bien, con especial mérito del contratenor Philippe Jaroussky.

Campo aparte son los arreglos, ese mundo apasionante, que en este caso son tan coloristas como la portada, llenos de buen gusto y arrebatadoras agógicas. Casi todos los recursos que los instrumentos antiguos ofrecen se utilizan, a los que se suman cuatros, arpas llaneras, maracas y charangos. El maridaje entre estos cordófonos pulsados con salterios, tiorbas, arpas y guitarras barrocas, battentes, y contrabajo resulta una delicia al oído, incluida una más que notable dicción del castellano por parte de intérpretes no hispanohablantes de nacimiento. Así pues, piezas de autoría conocida, entre las que descollan Los pájaros perdidos (Trejo/Piazzolla), Alfonsina y el mar (Luna/Ramírez), Zamba para no morir (Quintana/Ambrós), Caballo viejo (Díez) o Bésame mucho (Velázquez), se unen al fondo tradicional argentino (Duerme negrito), venezolano (Montilla, Pajarillo verde, Alma llanera, Polo margariteño), paraguayo (Pájaro campana, Isla Sacá).

Las notas, tras una breve introducción un poco tópica, pasa repaso a los cordófonos tradicionales empleados, cuya configuración organológica y técnica de ejecución bebe de sus antecesores barrocos llevados del Viejo al Nuevo Mundo, así como a los aires tradicionales presentes en la grabación: joropos, golpes llaneros, polos, zambas, boleros, fandangos jarochos…

Un gran disco de música barroca, vocación interpretativa de L’Arpeggiata, sin una sola pieza de los siglos XVII-XVIII, salvo el Fandango del padre Soler, recreado en una versión arrebatadora de nueve minutos. Grandes músicos, mucho entusiasmo, y apoyo por parte de la discográfica. No siempre tales mimbres aseguran tan buen cesto. Y en este cabe mucha, muchísima belleza. Felicidades a la tiorbista austriaca Christina Pluhar por saber enhebrar tantas voluntades.

 

Josemi Lorenzo Arribas