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WILHELM KEMPFF

SOLO PIANO RECORDINGS Grabaciones para piano solo Wilhelm Kempff, piano Deutsche Grammophon 478 3566 ADD 50+1 CD 1951-67 Sonido: *** / Valoración: **** Distribución: Universal       Universal rinde homenaje en el 20 aniversario de su fallecimiento a uno de los nombres fundamentales del piano germánico del siglo XX, así como uno de los artistas bandera del sello amarillo entre las décadas de 1950 y 1960, el pianista brandemburgués Wilhelm Kempff (1895-1991). El presente cofre cúbico reúne en 34 compactos (más un bonus con entrevistas y algunas grabaciones realizadas para el sello Shellac entre los años 1931-36) una cuasi…

B WilhelmKempffSOLO PIANO RECORDINGS

Grabaciones para piano solo

Wilhelm Kempff, piano

Deutsche Grammophon 478 3566 ADD 50+1 CD 1951-67

Sonido: *** / Valoración: ****

Distribución: Universal

 

 

 

Universal rinde homenaje en el 20 aniversario de su fallecimiento a uno de los nombres fundamentales del piano germánico del siglo XX, así como uno de los artistas bandera del sello amarillo entre las décadas de 1950 y 1960, el pianista brandemburgués Wilhelm Kempff (1895-1991). El presente cofre cúbico reúne en 34 compactos (más un bonus con entrevistas y algunas grabaciones realizadas para el sello Shellac entre los años 1931-36) una cuasi integral del legado pianístico del artista que excluye su primera grabación de las sonatas beethovenianas (monoaural, realizada entre 1951 y 1956 y disponible aparte) y la música de cámara y concertante.

Un precioso botín que incluye la integral pianística beethoveniana estereofónica -que además de las sonatas grabadas entre 1964 y 1965 (disponibles por separado) incluye un nutrido catálogo de obras menores-, la integral de sonatas schubertianas (grabadas entre 1965 y 1971 y disponible por separado), las importantes colecciones brahmsianas y schumannianas, así como los más circunstanciales registros de Bach, Chopin, Liszt y Mozart.

El arte pianístico de Wilhelm Kempff se enmarca en el de los grandes pianistas objetivistas germánicos nacidos en las postrimerías del siglo XIX, y que incluye nombres señeros como el austríaco Artur Schnabel (1882-1951), el alemán Wilhelm Backhaus (1884-1969) y el suizo Edwin Fischer (1886-1960). Esta generación de legendarios pianistas tienen en su haber la configuración del canon pianístico alemán tal como lo entendemos hoy en día, mediante el rescate y exhumación de grandes parcelas de repertorio que hoy nos parecen fundamentales pero por entonces se conocían de forma muy fraccionaria -especialmente las grandes obras para tecla de Bach y las sonatas de Beethoven- así como mediante un cambio de actitud como intérpretes basado en la autoexigencia de una mayor fidelidad y un estudio más profundo del texto musical.

Algo más joven que los pianistas citados, Wilhelm Kempff desarrolló una personalidad musical que ha sido descrita numerosas veces como “apolínea” -yo diría mejor “kantiana”-, construida fundamentalmente sobre el legato, la búsqueda de la limpieza y pulcritud del toque y la tendencia a evitar los extremos tanto en las dinámicas como en la elección de los tempi. Se trata de cualidades que han sido evitadas o superadas por las generaciones modernas de grandes pianistas y que confieren a su obra la pátina de los clásicos pese a que en algunos aspectos sus interpretaciones puedan parecer a los oídos actuales excesivamente cautas y poco aventureras, o poco singulares frente a las aproximaciones más personales de algunos de sus compañeros de generación.

El recorrido pianístico ofrecido por esta magna edición se abre (alfabéticamente) con Bach, del que se recogen unas Variaciones Goldberg, una selección de preludios y fugas de El clave bien temperado (diecinueve del primer libro y cinco del segundo), las suites francesa nº 5 e inglesa nº3 y obras diversas para piano u órgano (algunas interpretadas en este instrumento y otras al piano en transcripciones originales). El Bach de Kempff está notablemente alejado de la práctica interpretativa actual -es llamativa la extemporánea realización de las ornamentaciones (el Aria de las Goldberg puede resultar hasta irreconocible)-, sin embargo la claridad contrapuntística, el sentido clásico y la suavidad de la articulación confieren a los preludios y fugas de El clave una cualidad intemporal y una fluidez en la escucha que resulta aún más notable en las transcripciones pianísticas de obras para órgano y orquestales, extemporáneos prodigios de claridad contrapuntística.

Las sonatas beethovenianas constituyen desde su publicación un clásico que no ha dejado de reeditarse hasta nuestros días, una enciclopedia pianística a la que volver una y otra vez pero que puede proporcionarnos impresiones muy diferentes según los sonidos que llevemos impresos en nuestra retina musical, y que a la vez desafía valoraciones definitivas o categóricas. Ciertamente, la tendencia innata de Kempff a redondear las aristas erosiona (o incluso neutraliza) la radicalidad o el relieve expresivo de alguna de las sonatas más destacadas. El caso más extremo es la Hammerklavier en miniatura, pero la crítica puede ser extensiva (según los gustos) a la Appasionata, la Waldstein, La Tempestad o incluso la Patética. Si a menudo se ha considerado que el gran tesoro de esta integral lo constituyen las sonatas tardías, por nuestra parte debemos confesar no sentirnos seducidos por unas realizaciones que nos resultan a menudo pálidas o incluso dubitativas (tema principal del primer movimiento de Les adieux) y sentirnos, en cambio, admirados por el sentido del equilibrio y la jovialidad de las sonatas tempranas.

Los tres discos consagrados a Brahms reúnen algunas obras de juventud (el Scherzo op.4, la Sonata nº3 y las Baladas op.10), las Variaciones Händel, las Klavierstücke op.76, las Rapsodias op.79 y las imprescindibles colecciones de madurez opp.116-119. Se trata de registros que han tenido una vida intermitente en el catálogo del sello germano, debido probablemente a la hermeticidad del repertorio y a una cierta palidez interpretativa en una música que ya por aquella época había encontrado traductores más poéticos y elocuentes (Arthur Rubinstein) o visionarios y vehementes (Julius Katchen). Kempff tiene más que decir en las piezas más serenas que en aquéllas que demandan una cierta bravura (como las Variaciones, o la Pieza para piano op.118 nº3), no por la incapacidad técnica sino por una rigidez rítmica que puede resultar incluso torpe. Estos rasgos se reproducen en la sección dedicada a Chopin (dos compactos con las sonatas nº 2 y 3, los Impromptus y varias piezas sueltas), compositor para el cual el rigorismo kantiano de Kempff resulta parco en fluidez y fantasía, aunque alcanza inspiradores remansos en piezas más contemplativas como la Marcha fúnebre o la Barcarola.

El disco dedicado a Franz Liszt reúne los aclamados fragmentos de los Años de peregrinaje (Suiza) grabados para el sello Decca durante los años 1950 junto a otros fragmentos lisztianos que en esta edición han sido sustituidos por los que Kempff volvió registrar en 1975 para Deutsche Grammophon. Los primeros asombraron a sus contemporáneos con un Liszt aún poco conocido y alejado del estereotipo virtuosístico. Con mejor toma de sonido y de expresividad más distanciada, los registros de 1975 conservan el hipnotismo de los primeros compensando una cierta pérdida de magia con un mayor control y serenidad. A continuación, el disco dedicado a Mozart combina dos de las sonatas para piano más célebres del salzurgués (las K.331 “alla turca” y la K.310 en La menor), con dos de sus fantasías más experimentales (las K397 y K.475). Las primeras reciben lecturas solventes pero algo cuadriculadas, más atentas a la lógica estructural que al goce sensorial, mientras que en las segundas Kempff amplifica sus elementos centrífugos alimentando su indefinición formal y estilística.

Los nueve compactos dedicados a las sonatas y otras obras para piano de Schubert constituyen un importante capítulo de la discografía kempffiana y schubertiana. Grabado entre 1965 y 1971, el ciclo se encuentra entre los primeros ciclos grabados y es además muy completo, habida cuenta el carácter fragmentario de una parte de la producción pianística del vienés. La aproximación de Kempff destaca -quizá de un modo algo obsesivo- el carácter elegíaco/póstumo de esta música, recreándose en la abstracción del contenido (Scherzo de la D.625, Allegro de la D.894, etc.), en su “celestial duración” y en la trascendental profundidad de su inspiración. Así, Kempff elimina por completo el almíbar en el que a menudo caen las interpretaciones de algunas de estas obras (D.664), pero a la vez tenemos unas sonatas tempranísimas muy poco juveniles y una trilogía final (D. 958-960) dictada directamente desde el más allá. Completan la parada schubertiana los Momentos musicales D.780, las dos colecciones de Impromptus y la Wanderer-Fantasie, entre otras. No hace falta aclarar que, en manos de Kempff, tanto los primeros como los segundos eluden toda pretensión de ligereza -de concepción, no de peso instrumental- alcanzando así una dimensión poco habitual.

Robert Schumann cierra de forma brillante la colección con cuatro compactos y una interesante selección que abarca colecciones completas –Papillons, Carnaval, Estudios sinfónicos, Escenas de niños, Kreisleriana, Humoreske, Nachtstücke y las Escenas del bosque– más la Sonata nº2 y algunas piezas sueltas. Kempff recrea el fantasioso y abigarrado universo schumanniano con un innato sentido del orden, tanto desde el punto de vista de la claridad contrapuntística como del despliegue de la forma. Este enfoque reviste de clasicismo a obras imbuidas de irracionalidad hoffmanniana como el Carnaval o la Kreisleriana, inunda de una casta poesía otros como los Papillons, las Escenas de niños o las Escenas del bosque y arroja verdadera luz sobre obras tan necesitadas de ella como la sonata. En fin, una aproximación madura y muy personal e interiorizado que sirve como una excelente introducción al a menudo hermético mundo schumanniano pero que en algún caso podría resultar blanquecina en obras con las que el oyente pudiera estar ya familiarizado a través de versiones menos domesticadas.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

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