Audioclasica

29.IX.2012. Renqueante, pero vivo

Alicante. 28º Festival de Música de Alicante. 21 a 29.IX.2012      Aforo: 300 Asistencia: 90%       Alicante. 28º Festival de Música de Alicante. Auditorio ADDA. Sala de cámara   29-IX-2012   ENSEMBLE MODERN    Obras de Adès, Berio, Holliger, Furrer, Yun y Ligeti     Aforo: 300  Asistencia: 90%   Una vez más ha tenido lugar el Festival de Música de Alicante con las permanentes dudas sobre su continuidad como telón de fondo. Pero, ¡ay!, nadie se atreve a eliminar del mapa una celebración que pronto alcanzará las treinta ediciones. Así, el evento sigue adelante: enjuto, pero…

Alicante. 28º Festival de Música de Alicante.

21 a 29.IX.2012 

 

 

Aforo: 300 Asistencia: 90%

 

 

 

Alicante. 28º Festival de Música de Alicante. Auditorio ADDA. Sala de cámara

 

29-IX-2012

 

ENSEMBLE MODERN 

 

Obras de Adès, Berio, Holliger, Furrer, Yun y Ligeti  

 

Aforo: 300  Asistencia: 90%

 

Una vez más ha tenido lugar el Festival de Música de Alicante con las permanentes dudas sobre su continuidad como telón de fondo. Pero, ¡ay!, nadie se atreve a eliminar del mapa una celebración que pronto alcanzará las treinta ediciones. Así, el evento sigue adelante: enjuto, pero vivo; renqueante, pero constante. Una situación difícil de mantener por mucho tiempo. ¿Sobrevivirá Alicante a los estragos de la crisis?

 

La dirección artística del 28º Festival de Música de Alicante ha recaído en manos de Francisco Cánovas –como consecuencia de la desvinculación por parte del Centro Nacional de Difusión Musical del evento–, que ha desarrollado, in extremis, una heterogénea programación con doce conciertos desarrollados en ocho días. En todo caso, el ambiente del festival ha mejorado considerablemente respecto a hace apenas unos años en lo que a público se refiere, y ya no se respira el clima rancio y endogámico de antaño: conciertos semivacíos poblados casi exclusivamente por críticos y compositores. A ello ha contribuido en gran medida el nuevo Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), en funcionamiento desde 2011, y una más efectiva campaña de promoción del evento. La ciudad levantina parece más implicada con su festival.

 

Algunos aficionados locales todavía recuerdan como hecho histórico en la ciudad el concierto-homenaje a György Ligeti que el Ensemble Modern ofreció en 1996 en presencia del compositor. En esta nueva edición del encuentro, el conjunto de Frankfurt, en pequeño formato, ha vuelto a Alicante en un concierto que constituía lo más relevante del evento (muy por encima del resto), junto a las visitas del Cuarteto Diotima (27-IX) y del Birmingham Contemporary Music Group (23-IX). El Modern ofreció un programa con piezas de cámara y solistas de ámbitos estéticos y creativos muy variados. Sonata da Caccia (1993) de Thomas Adès fue el punto de partida. Una creación neobarroca escrita para la particular plantilla de oboe, trompa y clave. La misma que proyectara Debussy para su malograda cuarta sonata de cámara, nunca llevada a cabo. La composición, estreno en España, constituye un homenaje al músico impresionista así como a François Couperin, cuyas trío sonatas L´Apothéose de Correlli y L´Apothéose de Lulli le sirven de punto de partida. Tal es así que Adès hace uso de una ornamentación, que incluye tremblement, tremblement lié…, así como notes inégales, que se puede encontrar de manera literal en el catálogo del clavecinista. En su inclinación hacia el mundo sonoro francés del XVIII, el compositor londinense permite la posibilidad de interpretar la obra con un oboe barroco. Para ello ha realizado una parte transportada que permite salvar las diferencias de diapasón entre el mundo de Couperin (415 Hz) y la época actual (440 Hz).

 

Sonata da Caccia alterna momentos de mayor fidelidad al mundo sonoro barroco con otros en donde el compositor se aleja más del modelo histórico por medio de la introducción de polirritmias de considerable complejidad (en la segunda parte del “Gayëment” y en el “Galament”), entrecortadas y caprichosas figuras rítmicas o un tratamiento politonal (ambas en la segunda sección). Muestra el modo original y fresco de componer de un artista con un sólido oficio y una ingente y rica inventiva. El mayor problema que plantea la obra radica en el balance instrumental: una trompa ante la debilidad sonora de un clave de dos manuales con registros de 8´, 4´ y liuto. Desde el punto de vista interpretativo, el grupo no consiguió solventar el problema del balance, especialmente en el segundo movimiento. El Modern ofreció una interpretación poco cuidada en los detalles (como en las notas tenidas del tercer movimiento, que se bajaron momentáneamente hasta medio tono, por citar uno de los muchos pasajes), pero solvente a nivel general.

 

Mejor resultó la ejecución del argentino Valentín Garvie de una pieza clásica del repertorio de trompeta del siglo XX como es la Sequenza X (1984) de Luciano Berio. Garvie hizo gala de un gran dominio y solvencia técnica de su instrumento en una composición considerablemente exigente para el intérprete, a pesar de que los recursos utilizados son perfectamente tradicionales. Debido a su prolongada duración, demanda, igualmente, una gran forma física para mantener la misma intensidad de principio a fin. Y es que si esta creación plantea un escollo es el de lograr sustentar el interés del discurso durante sus más de quince minutos. La Sequenza X traza un amplio arco formal que se dirige progresivamente hacia los armónicos más alejados del espectro de Re para volver a cerrarse al final de la obra. Juega, asimismo, con la resonancia de un piano ligeramente amplificado, que requiere de un segundo intérprete. Y experimenta con la posibilidad de crear una ilusión de polifonía por medio de rápidos saltos en diferentes registros. No obstante, los recursos terminan por agotarse y la imaginación del compositor palidece ante una forma que hace aguas frente a las excesivas pretensiones de prolongación de la pieza.

 

Cynddaredd-Brenddwyd (2001/rev. 2004), estreno en España, es una obra del compositor suizo Heinz Holliger para trompa solista. Presenta enormes dificultades al intérprete y está planteada como un recitativo de carácter libre con numerosos glissandi y portamentos que tienden a aproximar el instrumento al habla humana. De ahí el componente gráfico que presenta la partitura, con numerosos trazos que no delimitan exactamente las alturas sino que indican un registro aproximado por el que discurrir. Resulta prácticamente imposible atender a todos los detalles que demanda la pieza (cuyo traducción del gaélico es Furia-Sueño) con pasajes que contienen una dinámica diferente para cada nota e innumerables dificultades en un espacio temporal ínfimo. Impresionante la realización de Saar Berger –apabullante técnicamente– que extrajo de la pieza una inmensa paleta de colores de su instrumento y desplegó una enorme energía y fuerza sonora.

  

El punto más débil del concierto llegó con Ferner Gesang (2009/rev. 2012) de Beat Furrer, una transcripción para clarinete, violín, violonchelo y piano de una de las escenas de su ópera Wüstenbuch (2010). Resulta en apariencia una obra sencilla con una escritura transparente que contiene apenas unas pocas notas en valores rítmicos largos y dinámicas en pianissimo. Sin embargo, engaña en su aparente simplicidad y ausencia de todo artificio. De hecho, su interpretación constituyó el mayor tropiezo de todo el concierto. A ello contribuyó en gran medida una sala en exceso seca que recoge y amplifica el ruido del público. Ferner Gesang requiere de un espacio de generosa reverberación y de la capacidad de los músicos para crear una atmósfera envolvente y acariciadora de continua resonancia, lo que no fue el caso. Menos acertados estuvieron aún los miembros del Modern en la resolución de las dinámicas, muy descuidadas, con un piano de excesiva sonoridad, incapaz de atenerse a lo escrito en la partitura.

 

La interpretación de Piri (1971) para oboe solo no resultó tampoco lo mejor del concierto, y ello se debió en gran medida al descuido del público: el molesto sonido de un teléfono móvil irrumpió en la sala al final del primer movimiento y de nuevo al comienzo del segundo. El solista Christian Hommel detuvo la interpretación, esperó pacientemente a que el teléfono dejara de sonar y agradeció irónicamente la desaparición del molesto sonido: “Thank you very much”. Por lo demás, esta pieza del coreano Isang Yun no posee el mismo interés que el resto de obras para instrumento solo programadas en el concierto. Alterna pasajes de gran estatismo en valores muy largos con rápidas figuraciones ascendentes. Su escritura es muy conservadora y parca en cuanto a recursos técnicos (salvo en el último movimiento) y resulta una composición de difícil escucha, en exceso plana y dilatada formalmente para la sobriedad de elementos expuestos.

 

El broche final del concierto lo puso el genial Trio (1982) para violín, trompa y piano del compositor rumano György Ligeti. En él desarrolla los hallazgos rítmicos conquistados ya en algunas piezas precedentes como Hungarian Rock (1978) y prefigura los elementos constitutivos de piezas postreras como el estudio número 4 para piano Fanfares de 1985. Contiene, igualmente, los elementos esenciales y distintivos del compositor al margen de la línea compositiva: brutalidad, contrastes extremos y maestría formal. Una vez más la interpretación se vio lastrada por la falta de equilibrio entre los instrumentos, ya difícil de por sí con una plantilla como la que plantea el compositor en donde el violín resulta claramente el más desfavorecido en cuanto a potencia sonora. A pesar de las escrupulosas indicaciones del compositor, numerosos pasajes del violín, como las tiratas ascendentes del primer movimiento, o incluso de la trompa, quedaron sepultados por la excesiva sonoridad del piano. Una vez más aquí Ueli Wiget no supo adaptarse a una sala que claramente potenciaba el sonido de su instrumento a pesar de que optó por mantener la tapa del piano a la mitad en contra de las indicaciones del compositor: “La tapa del piano debería quitarse por completo”. Este desequilibrio estropeó momentos especialmente delicados como el comienzo del “Lamento” final en donde el piano ha de tocar pp dolente ma poco in rilievo o el ostinato rítmico de violín y trompa de la segunda sección, inaudibles bajo las escalas ascendentes del piano. No obstante, salvando estas deficiencias, podemos destacar muchos elementos de la interpretación: la cálida sonoridad desplegada por el violinista Jagdish Mistry en el “Andante con tenerezza inicial”, el gran trabajo conjunto para acoplar todo el entramado contrapuntístico de la pieza, el vibrante impulso rítmico con que abordaron el “Vivacisimo” y la tercera sección, y la energía desplegada en el espeluznante “Lamento. Adagio” conclusivo. El público supo valorar el esfuerzo y la notable actuación del conjunto con una cálida ovación final. Gran cierre para el Festival de Alicante. (Quien sabe si definitivo…).

 

Miguel Morate Benito