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STEFFANI

MISSION I Barocchisti. Diego Fasolis, director. Cecilia Bartoli, mezzosoprano. Philippe Jaroussky, contrtenor Decca 478 4732 DDD 2 CD 80:26 2012 Sonido: **** / Valoración: **** Distribuidor: Universal     No hay ninguna duda de que Cecilia Bartoli es la mayor estrella de la lírica actual. Hace muchos años que una maquinaria perfectamente estudiada de marketing se encarga de avivar las expectativas suscitadas por cada nuevo trabajo. Si a eso se le añade que canta “poco” –en comparación con otros colegas– en público, saca recitales cada dos o tres años, y éstos conjugan la curiosidad con la investigación musicológica, incluidas las indispensables primicias mundiales, no…

Mission Cecilia BartoliMISSION

I Barocchisti. Diego Fasolis, director. Cecilia Bartoli, mezzosoprano. Philippe Jaroussky, contrtenor

Decca 478 4732 DDD 2 CD 80:26 2012

Sonido: **** / Valoración: ****

Distribuidor: Universal

 

 

No hay ninguna duda de que Cecilia Bartoli es la mayor estrella de la lírica actual. Hace muchos años que una maquinaria perfectamente estudiada de marketing se encarga de avivar las expectativas suscitadas por cada nuevo trabajo. Si a eso se le añade que canta “poco” –en comparación con otros colegas– en público, saca recitales cada dos o tres años, y éstos conjugan la curiosidad con la investigación musicológica, incluidas las indispensables primicias mundiales, no cabe duda de que nos encontramos ante una fórmula ganadora.

La Bartoli no deja indiferente, desata pasiones viscerales, sus fans la adoran y sus detractores no le pasan una. Pero lo que nadie puede negarle a la romana es una pasión irrefrenable por proponer cosas nuevas al público. Su disco de Vivaldi Arias fue pionero, ahora que la obra del prete rosso está en pleno auge. Igualmente adelantados fueron los recitales dedicados a las óperas italianas de Gluck y a Salieri, Opera proibita, Maria para celebrar el bicentenario de la Malibran, o Sacrificium, con obras del barroco napolitano destinadas a los castrados. Ahora llama la atención una vez más con Mission, monográfico dedicado a Agostino Steffani (1654-1725).

De todos los proyectos emprendidos hasta el momento no cabe duda de que éste es el que más sorprenderá al oyente. En todos los anteriores había autores más o menos conocidos, pero es muy poco lo que se sabe de Steffani, de quien ni siquiera sobrevive un retrato. Añadamos el halo místico de la carrera eclesiástica, la misión vaticana –diplomacia y espionaje– de trabajar para recuperar el catolicismo en Alemania y encontramos un buen misterio, incluyendo la sospecha de que fuera un castrato.

Escuchando el recital no se puede sino estar de acuerdo en que Steffani es, como otros autores más conocidos, y tan merecidamente como ellos, una pieza fundamental en el arco de evolución que lleva desde Monteverdi hasta Händel. Pero sólo su Stabat Mater goza de cierto reconocimiento a día de hoy. Por fortuna, la Ancient Academy of Music de Londres, la Biblioteca Nacional de Viena y el palacio de Buckingham conservan copias de sus óperas. El recital ofrece extractos de Alarico il Baltha (2), Servio Tullio, Niobe regina di Tebe (5), Tassilone (5), I trionfi del fato (2), La superbia d’Alessandro (2), La libertà contenta (4), La lotta di Hercole con Acheloo, Le rivale concordi, Henrico Leone y Marco Aurelio, de los que 19 ven por primera vez la luz. Auténticos desconocidos, pero no para los contemporáneos: el propio Händel no dudó en “homenajearle” citando melodías suyas en Ariodante y Teodora, entre otras. En su estilo se pueden percibir ecos de Monteverdi, Vivaldi, Bach e incluso Lully.

Mission es quizás el disco más equilibrado de la Bartoli de los últimos tiempos. No hay necesidad de demostrar fiatos imposibles, tres octavas de extensión –a base de graves engolados y agudos adelgazados– ni coloraturas inhumanas, como en Sacrificium, ni se propone como mítica diva del pasado rediviva (Maria). Naturalmente, no faltan las agilidades, como la espectacular “Schiere invitte, non tardate” (Alarico il Baltha) que abre el disco –marca de la casa– o “Mie fide schiere” (I trionfi del fato) pero son más suaves, menos martilladas y agresivas de lo habitual, y tan precisas como siempre. También hay sitio para los lamentos amorosos como la preciosa “Amami, e vedrai” (Niobe), donde prescinde del manierismo que en ocasiones le afectaba en el pasado en piezas de este tipo, logrando un mejor efecto y una expresión más sincera del affetto.

El acompañamiento perfecto no es ninguna novedad, Cecilia Bartoli ha sabido rodearse de los mejores conjuntos de instrumentos originales y no teme colaborar con sus directores, dotados generalmente de una fuerte personalidad. Diego Fasolis e I Barocchisti ofrecen una ejecución sin mácula para cada pieza, alternando la interpretación más vigorosa de las arias de bravura (¡cómo suenan las trompas!) con la delicadeza más arriesgada, como el simple laúd del aria de Niobe citada, en un admirable ejercicio de equilibrio y virtuosismo. Perfecto también el Coro della Radiotelevisione Svizzera. Como novedad, absolutamente bienvenida, figura la colaboración –aparición estelar más bien– del contratenor Philippe Jaroussky, uno de los máximos exponentes de su cuerda en su generación y estrella absoluta del barroco en cuatro dúos que alternan la bravura con la delicadeza. Los timbres de ambos se funden con una seducción inusual que hace desear más colaboraciones futuras.

Una vez más, el tándem Decca-Bartoli saca un producto discográfico de indudable interés y perfecto acabado –al margen del más que dudoso gusto de la portada–, por encima de pasiones viscerales. Al igual que con Sacrificium en el soberbio palacio de Caserta, queda esperar ahora el DVD que seguirá, rodado en un marco más espectacular aún: Versalles.

 

Raúl González Arévalo