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02-X-2012. Con tutta forza

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. Temporada 2012-2013.     02-X-2012. Giuseppe Verdi: La Forza del destino   VIOLETA URMANA, MARCELLO GIORDANI, LUDOVIC TÉZIER, VITALIJ KOWALJOW, MARIANNE CORNETTI. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU, COR DELS AMICS DE L’ÒPERA DE GIRONA. RENATO PALUMNO, DIRECTOR MUSICAL. JEAN-CLAUDE AUVRAY, DIRECTOR ESCÉNICO. ALAIN CHAMBON, ESCENOGRAFÍA        Aforo: 2.286. Asistencia: 74% Apuesta segura un Verdi para el verdadero inicio de la temporada en el Liceu, en un clima de expectación, incluso institucional, que se corresponde con la esperada llegada de Josep Pons a la dirección titular del teatro y con…

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. Temporada 2012-2013.

 

 

02-X-2012. Giuseppe Verdi: La Forza del destino

 

VIOLETA URMANA, MARCELLO GIORDANI, LUDOVIC TÉZIER, VITALIJ KOWALJOW, MARIANNE CORNETTI. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU, COR DELS AMICS DE L’ÒPERA DE GIRONA. RENATO PALUMNO, DIRECTOR MUSICAL. JEAN-CLAUDE AUVRAY, DIRECTOR ESCÉNICO. ALAIN CHAMBON, ESCENOGRAFÍA  

 

 

 Aforo: 2.286. Asistencia: 74%

Apuesta segura un Verdi para el verdadero inicio de la temporada en el Liceu, en un clima de expectación, incluso institucional, que se corresponde con la esperada llegada de Josep Pons a la dirección titular del teatro y con la amenaza permanente de recortes y protestas laborales: también la “fuerza” de ese destino parecía sobrevolar la tarde barcelonesa…

En coproducción con la Opéra National de Paris, la propuesta escénica de Jean-Claude Auvray, quien sitúa la acción en la Italia de inicios del Risorgimento, opta por un atrezzo mínimo y de gran movilidad –mesa, sillas, telas…–, una iluminación por momentos demasiada cruda y un movimiento pausado de actores (e incluso aburrido, como al final del acto tercero) que matizan los aciertos parciales, caso del comedor aristocrático venido a menos que acoge el primer acto o la apertura de espacios en el desenlace. La inusual posición de la obertura, preterida para favorecer el cambio de escena hacia la posada del acto segundo, o el protagonismo de la imagen gigante de un Cristo barroco –erguido en el zurbaranesco convento de dicho acto, yacente en la conclusión– son anécdotas en un conjunto sin sorpresas, aunque eficaz, recibido con amable indiferencia.

La dirección musical de Palumbo, sanguínea y poco refinada, y la respuesta orquestal sobresalieron en la faceta concertante y, en líneas generales, mejoró conforme avanzaba la ópera, en tanto el coro, en los actos centrales, cumplía con creces en un espectáculo al servicio de un elenco disparejo: si, entre los comprimarios, destacaron el veterano Bruno de Simone (Fra Melitone) y el muy robusto Padre Guardián de Kowaljow, por encima de la mera corrección de Abramo Rosalen (Marqués de Calatrava) y de la maliciosa Preziosilla de Marianne Cornetti, ya desde la romanza inicial, la presencia dramática y el registro homogéneo de Violeta Urmana (Leonora) –soberbia en “Pace, pace, mio Dio”– ensombreció la labor del Don Alvaro de tintes veristas de Giordani, de emisión y afinación destempladas, que solo se entonó en los dúos con Tézier (Don Carlo), mucho más equilibrado y de buena pasta lírica, como demostró el aplauso, un tanto frío y centrado en el reconocimiento de las fuerzas estables del teatro, del propio Tézier y de Urmana.

Germán Gan Quesada

 

Crédito: © A. Bofill