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21.XII.2012. Un Lohengrin pasado por psicoanálisis

    Milán. Teatro alla Scala. Temporada 2012/2013    21-XII-2012   JONAS KAUFMANN, ANJA HARTEROS, RENÉ PAPE, EVELYN HERLITZIUS, TÓMAS TÓMASSON, ZELJKO LUCIC. ORCHESTRA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. CLAUS GUTH, dirección de escena. DANIEL BARENBOIM, dirección musical. Richard Wagner: Lohengrin   Aforo: 2.222 Asistencia: 99%   Se ha discutido bastante en los periódicos italianos sobre el hecho de que el mayor teatro italiano decidiera abrir la temporada 2012-2013 con el Lohengrin de Wagner siendo (mejor igualmente) el bicentenario de Verdi, compositor sin duda más relacionado con la historia del coliseo milanés. “Es como si se hubiera decidido inaugurar Bayreuth con…

Foto 2 Lohengrin cuadrada 

 

Foto 2 Lohengrin cuadrada

Milán. Teatro alla Scala. Temporada 2012/2013 

 

21-XII-2012

 

JONAS KAUFMANN, ANJA HARTEROS, RENÉ PAPE, EVELYN HERLITZIUS, TÓMAS TÓMASSON, ZELJKO LUCIC. ORCHESTRA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. CLAUS GUTH, dirección de escena. DANIEL BARENBOIM, dirección musical.

Richard Wagner: Lohengrin

 

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

 

Se ha discutido bastante en los periódicos italianos sobre el hecho de que el mayor teatro italiano decidiera abrir la temporada 2012-2013 con el Lohengrin de Wagner siendo (mejor igualmente) el bicentenario de Verdi, compositor sin duda más relacionado con la historia del coliseo milanés. “Es como si se hubiera decidido inaugurar Bayreuth con una ópera de Verdi”. Comparación que pretende evidenciar, a mi parecer lo absurdo de la hipótesis. Una cosa es decidir un estreno para un festival dedicado a un único compositor, y otra muy distinta hacerlo para la temporada de un teatro que propone cada año óperas de todos los estilos y de diferentes autores. A nuestro entender, la elección de la Scala fue muy acertada ya que presentó la obra de Wagner más relacionada con la ópera italiana (desde un punto de vista formal así como en lo que se refiere al uso de la melodía y de la vocalidad) ejecutando de esta forma un compromiso excelente, capaz de celebrar al mismo tiempo Wagner y la tradición verdiana. Los “viudos de Verdi” podrán no obstante consolarse con la inauguración del 7 diciembre de 2013 reservada a La traviata con la dirección por Daniele Gatti.

Lohengrin representa un caso interesante de contradicción de elementos dramatúrgicos. Es una ópera romántica donde, como paradoja, nos encontramos con un relato fantástico, con final trágico, pero vestido con las formas del drama histórico. La historia del caballero llevado por un cisne, núcleo de la leyenda de Lohengrin, hijo de Parsifal, es uno de aquellos relatos fabulosos que resumen en una única imagen el arraigado sueño de la salvación por medio de un milagro. Wagner intervino sobre la acción épica –que le parecía “pobre” e “insulsa”– adornándola con elementos fabulosos y mágicos. O sea, transformando hacia lo fantástico el punto de vista histórico en que se había enraizado la leyenda a lo largo del medioevo. El argumento de fondo de Lohengrin podría resumirse así: lo “ideal” que llega de otro mundo en ayuda de quienes lo piden con extremos de necesidad y deseo, dentro de una realidad angustiosa y plana, está destinado a desvanecerse justo en el momento en que se comienza a dudar de él.

A la hora de escenificar Lohengrin es justificadamente importante subrayar la separación entre la esfera terrenal y social y la sobrenatural (separadas asimismo por Wagner con una escritura musical indudablemente distinta) para evitar caer en una unidad estilística que sería un grave defecto dramatúrgico. Es lo que lamentablemente no hizo Claus Guth en su puesta en escena para la Scala, trasladando todo el relato a un contexto psicológico de signo freudiano. Dentro de un marco escénico que recordaba el patio de una casa decimonónica, Lohengrin y Elsa se presentaban como dos enfermos psíquicos, dos inadaptados víctimas de un pasado angustioso (Elsa), o incapaces (Lohengrin) de entender su perspectiva dentro de un marco social predeterminado. La idea pese a ser interesante y novedosa (basada sobre la apreciación de la realidad por parte del individuo y de la sociedad) tuvo sin embargo el defecto de presentarse demasiado arraigada al realismo, quitando fuerza así a la esfera fantástica, fundamental como ya hemos dicho en la ópera de Wagner. La bella escena de Christian Schmidt, coadyuvada por las luces siempre eficaces e impactantes de Olaf Winter, fue capaz de ofrecer cierta magia al conjunto visual pero no lo suficiente para suplir la visión fundamentalmente profana del director de escena alemán. La batuta de Daniel Barenboim no estuvo particularmente feliz, pese a proporcionar mejores resultados que en otras óperas wagnerianas interpretadas en la Scala. Fue la suya una lectura sin duda agradable pero sin emoción, apoyada en sonoridades atractivas pero ausentes de profundidad, principalmente a la hora de evidenciar el entramado contrapuntístico sobre el que se apoyan los motivos conductores de Wagner. Contrariamente, fue más atractivo lo que surgió del escenario, sobre todo gracias al mérito de Jonas Kaufmann capaz de dibujar perfectamente el papel de Lohengrin, con una atención al detalle y al sonido simplemente prodigiosa. Lo mismo puede decirse de Anja Harteros –recuperada tras su indisposición– que ofreció una Elsa ideal por homogeneidad de registros, preciosidad tímbrica, y un fraseo siempre atento a las indicaciones de Wagner. Un peldaño más abajo estuvieron la mezzo Evelyn Herlitzius y el barítono Tómas Tómasson, como Otrud y Frederich von Telramund, que presentaron bastantes problemas vocales pese a una actuación escénica, sobre todo la Herlitzius, sin duda impactante. René Pape demostró ser como siempre una Heinrich muy efectivo y vocalmente seguro, mientras que Zeljko Lucic en el papel del Heraldo brilló menos que en otras ocasiones.

Gian Giacomo Stiffoni

 

Pie de foto: Jonas Kaufmann y Anja Harteros en el tercer acto de Lohengrin.

Crédito: Monika Rittershaus, Teatro alla Scala.