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15.I.2013. En la variedad está el gusto

    Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2012-2013 15-I-2013 ORQUESTRA DE CADAQUÉS. JAIME MARTÍN, director. MIQUEL BERNAT, precusión. BARBARA HENDRICKS, soprano.   Obras de J. Guinjoan, W. A. Mozart, H. Berlioz y F. Schubert Aforo: 2.000 Asistencia: 75%   Ambicioso programa –y extenso en demasía, con una primera parte que, bis incluido, se acercó a la hora y media…– el propuesto por la Orquestra de Cadaqués, conducida con gesto muy conciso y elegante por Jaime Martín, y que ofrecía el doble aliciente del estreno de una obra de Joan Guinjoan, compositor residente del Palau de la Música Catalana…


 

 

Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2012-2013


15-I-2013

ORQUESTRA DE CADAQUÉS. JAIME MARTÍN, director. MIQUEL BERNAT, precusión. BARBARA HENDRICKS, soprano.

 

Obras de J. Guinjoan, W. A. Mozart, H. Berlioz y F. Schubert

Aforo: 2.000 Asistencia: 75%

 

Ambicioso programa –y extenso en demasía, con una primera parte que, bis incluido, se acercó a la hora y media…– el propuesto por la Orquestra de Cadaqués, conducida con gesto muy conciso y elegante por Jaime Martín, y que ofrecía el doble aliciente del estreno de una obra de Joan Guinjoan, compositor residente del Palau de la Música Catalana durante esta temporada, y de la presencia de Barbara Hendricks.

Presentaba el compositor de Riudoms su Concert per a percussió i orquestra, obra en tres movimientos de duración equilibrada y en que Miquel Bernat se enfrentaba, con su habitual pericia, a un set solista no demasiado nutrido, del que se sabe sacar partido suficiente: así, en el “Quasi moderato” inicial, la orquesta emprende la búsqueda de una continuidad discursiva que recoge la percusión desde los timbales hasta los instrumentos de láminas afinados –vibráfono y marimba–, permitiendo una circulación motívica más evidente y diálogos paritarios especialmente logrados en los procesos de consecución de clímax. Por su parte, en el “Moderato” central el fondo armónico pierde aspereza (por momentos, podríamos pensar en un Takemitsu) y la orquesta gerundense alcanzó nota de mérito en matiz y sonoridad cálida, contrastante con el protagonismo del vibráfono, antes de culminar en un “Vivo” de sabor latino, prolongado scherzo en cuatro secciones bien diferenciadas donde Bernat desplegó su buen hacer, con final lúdico –toque de platillos subito– incluido.

Estamos, sin duda, acostumbrados ya a voces mozartianas más ligeras que la de Hendricks, quien conserva la inteligencia en el fraseo y la intuición dramática –como mostró en los recitativos de las dos arias de concierto mozartianas programadas, Basta vincesti… Ah, non lasciarmi KV 486a (295a) y Misera dove son… Ah non son io che parlo KV 369–, pero lastradas por un vibrato excesivo, la pérdida lógica del esmalte y cierta pesadez en la articulación, carencias menos manifiestas en la escena lírica Herminie, de Berlioz, pese a algunos graves destimbrados; en ella, el nervio y densidad orquestales impulsaron una versión muy meritoria, sobre todo en el aria “Venez, venez, terribles armes!”, repetida ante el insistente aplauso. Mucho más insistente, en todo caso, que el brindado sin efusividad tras el estreno de Guinjoan…

Para cerrar el concierto, la Sinfonía n. 9 ‘Grande’ D944, de Schubert, piedra de toque en expresión y capacidad de empaste para una orquesta bien nivelada, singularmente en el “Andante con moto” y en el “Allegro vivace” final, con acertadas prestaciones de las maderas y pulso rítmico ajustado de Jaime Martín: broche singular para un concierto que dejó, al fin, buen sabor de boca.

Germán Gan Quesada

Crédito: © A. Bofill