Audioclasica

DEBUSSY – RAVEL

LA MER – MA MÈRE L’OYE La Valse Orquesta Filarmónica de Seúl. Myung-Whun Chung, director DGG 476 449-8 DDD 54:11 2010 Sonido: *** / Valoración: *** Distribuidor: Universal     Cualquiera que lea las gacetas económicas, sabe que Asia es un territorio económico pujante, en donde la crisis la conocen solo de oídas, y en el cual viven algunos miles de millones de personas que constituyen, seguramente sin saberlo, uno de los mercados más atractivos del mundo.  Lo mismo que el Real Madrid o la Filarmónica de Berlín hacen giras por Oriente para expandir su marca más allá de una…

A Ravel ChungLA MER – MA MÈRE L’OYE

La Valse

Orquesta Filarmónica de Seúl. Myung-Whun Chung, director

DGG 476 449-8 DDD 54:11 2010

Sonido: *** / Valoración: ***

Distribuidor: Universal

 

 

Cualquiera que lea las gacetas económicas, sabe que Asia es un territorio económico pujante, en donde la crisis la conocen solo de oídas, y en el cual viven algunos miles de millones de personas que constituyen, seguramente sin saberlo, uno de los mercados más atractivos del mundo. 

Lo mismo que el Real Madrid o la Filarmónica de Berlín hacen giras por Oriente para expandir su marca más allá de una Europa exhausta y vieja, e intentar labrarse un porvenir, sellos tan emblemáticos como DGG siguen reforzando su interés por ese mercado, en esta ocasión mediante la firma de un contrato exclusivo con la Filarmónica de Seúl, y su director titular, el coreano Myung-Whun Chung, para la producción de una decena de discos, comenzando con la de esta reseña, y continuando con Primera de Mahler, la Sexta Tchaikovsky o el Réquiem de Mozart. Que Universal ya no quiera colaborar con la LSO o la Orquesta del Concertgebouw, y sin embargo realice y promocione grabaciones del repertorio más trillado con una orquesta coreana nos parece un síntoma elocuente de cómo está cambiando este loco mundo, y hacia dónde están basculando el poder político y económico.

Más allá de consideraciones mercantiles, lo que nadie puede negar es la estrecha vinculación de Chung con la música francesa y su familiaridad con el repertorio de este disco debut. Recordemos que estuvo al frente de la Ópera de la Bastilla durante cinco temporadas (con salida polémica incluida), lleva más de una década de titular de la Filarmónica de Radio France (la antigua ORTF), y es uno de los evangelizadores más proteicos de la música de Messiaen. La french connection, por tanto, queda fuera de duda, y así lo demuestran los resultados de esta serie de grabaciones en vivo.

La mer puede que sea, junto al Preludio a la siesta de un fauno, la obra más grabada de su autor, y existen ya en el mercado lecturas para todos los gustos. Es difícil concretar qué aporta de nuevo esta inmaculada versión, más allá de poder escuchar a la Filarmónica de Seúl, a la que pocos habrán oído, y atestiguar su gran nivel técnico. La dirección, que juega la baza de la claridad y la transparencia, es sensible, refinada y con ideas, y la ejecución, especialmente por parte de maderas y metales, intachable. El resultado final adolece, sin embargo, de cierta sosería, y de falta de élan en los pasajes en los que sube la marea y los vientos soplan.

En la suite de Ma mere l’oye, compuesta por cinco piezas, el mundo se recoge en una habitación infantil y las sonoridades delicadas y nítidas encuentran aquí su universo más propicio. Director y ejecutantes consiguen que la exquisita orquestación de Ravel se escuche al detalle, de nuevo con sobresalientes intervenciones de las maderas y el violín, que resuelven con pericia sus frecuentes momentos de peligro. Llama la atención la precisión rítmica y lo marcado de los acentos del compás, lo cual resulta simpático en Petit Poucet o en Lainderonnette, emperatriz de las pagodas, por su aire de caja de música, pero compromete la magia en los pasajes en los que el pulso debe desaparecer, el tiempo, disolverse, y la música, transitar por las alturas que merece.

En La Valse, Chung demuestra que tiene las ideas muy claras de cómo llevar la pieza, con frecuentes cambios de tempi, y pulso muy marcado. La orquesta le sigue con voluntad prusiana, y responde como un solo hombre, pero esa marcialidad no ayuda a que el rubato suene genuino, ni que la flexibilidad en el discurso resulte espontánea. El abandono vienés, que Ravel pretendía sacrificar con su contundente compás final en dos por cuatro, no quiso aparecer ese día.

Las tomas de sonido son en vivo, en el Seoul Arts Center nos resultan un poco secas, y con unos graves ligeros y sin sustancia, que sufre fundamentalmente la familia de la cuerda. Acaso sea la sala propia sala la que imprima este carácter de frialdad y asepsia sónica, o quizá sea la falta rodaje del equipo técnico, pero en cualquier caso confiamos en que mejore en las próximas entregas.

En resumen, disco destinado al mercado asiático, con versiones muy correctas de las obras de Debussy y Ravel, de interés para el aficionado que quiera sondear el nivel de las orquestas del lejano oriente. 

 

Roberto González