Audioclasica

31.I.2013. Parsifal a la luz del quinqué

Temporada 2012-13. Teatro Real. 31-I-2013.  Richard Wagner: Parsifal Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   Madrid. Teatro Real. 31.I.2013. SIMON O’NEILL, ANGELA DENOKE, KWANGCHUL YOUN, MATTHIAS GOERNE. BALTHASAR-NEUMANN-ENSEMBLE. THOMAS HENGELBROCK, director. Richard Wagner: Parsifal Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   El Parsifal wagneriano interpretado con instrumentos históricos en versión de concierto. Un proyecto que despertaba un considerable escepticismo pero que se ha saldado con un formidable éxito artístico. Los ingredientes: una agrupación historicista no demasiado conocida -el Balthasar Neumann Ensemble- de la que apenas se ha mantenido la denominación, dado el desproporcionado refuerzo de instrumentistas provenientes de orquestas convencionales, seis horas diarias de ensayos durante dos semanas,…

A Madrid Parsifal

Temporada 2012-13. Teatro Real. 31-I-2013. 

Richard Wagner: Parsifal

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

A Madrid Parsifal

Madrid. Teatro Real.

31.I.2013.

SIMON O’NEILL, ANGELA DENOKE, KWANGCHUL YOUN, MATTHIAS GOERNE. BALTHASAR-NEUMANN-ENSEMBLE. THOMAS HENGELBROCK, director.

Richard Wagner: Parsifal

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

El Parsifal wagneriano interpretado con instrumentos históricos en versión de concierto. Un proyecto que despertaba un considerable escepticismo pero que se ha saldado con un formidable éxito artístico. Los ingredientes: una agrupación historicista no demasiado conocida -el Balthasar Neumann Ensemble- de la que apenas se ha mantenido la denominación, dado el desproporcionado refuerzo de instrumentistas provenientes de orquestas convencionales, seis horas diarias de ensayos durante dos semanas, y una mini gira que ha llevado al conjunto a las ciudades de Dortmund y Essen de la cual Madrid era el destino final. Más ingredientes; unos esperables -cuerdas de tripa en las cuerdas, diapasón ligeramente por debajo de 440, tempi más ligeros- y otros más inesperados: una extraordinaria realización sonora y un concepto interpretativo maduro y sin dogmatismos.

Efectivamente, la realización sonora fue deslumbrante, habida cuenta los problemas de afinación que ofrecen los instrumentos históricos, las dificultades de sincronización inherentes a un conjunto tan masivo -¡violines!- y los rápidos tempi. De entre las distintas familias orquestales, los metales ofrecieron la imagen sonora más próxima a la de una orquesta moderna, mientras en el otro extremo las maderas una sonoridad más novedosa y desconocida, similar a la de un coloreado armonio que acusara también alguna inestabilidad en el fuelle, debido a la búsqueda permanente de una afinación de conjunto por la que hubiera que luchar cada segundo. En medio, la cuerda, menos incisiva y con menos protagonismo (presencia) de lo habitual, coloreando y puntuando el discurso con meticulosidad y precisión. En resumidas cuentas, una sonoridad amortiguada en la que era posible percibir el crujir de las tablas y el olor de los quinqués que seguramente acompañaron el estreno de la obra, de un modo más auténtico quizá del que actualmente es posible escuchar en el mismísimo Bayreuth.

Pero aparte de ello, también disfrutamos de una realización musical que fue más allá del rigor organológico o metronómico para restaurar una interpretación que calificaríamos de organicista y retórica: organicista por restablecer el latido rítmico de la obra sin cuadricular el metro, atento la respiración y el estado anímico de la partitura, retórica por redimensionar el entramado motívico insertándolo en un marco más amplio de acentos, gestos y articulaciones dispuestos para puntuar las palabras y las acciones. Cierto es que nada se consigue sin perder algo a cambio, así si el Acto II convenció rotundamente consiguiendo a la vez reforzar la continuidad dramática y los contrastes de la partitura, el Acto III perdió parte de la mística intemporalidad que suelen alcanzar las buenas interpretaciones convencionales.

Este gran éxito artístico resultó acentuado gracias al competentísimo reparto. En el rol titular, Simon O’Neill -figura emergente en el panorama wagneriano internacional- compuso sin esfuerzo aparente, fondo vocal y fraseo matizado una memorable actuación. Una Denoke a medio gas -por culpa de una gripe que la apartó de la primera función- sufrió (y en algún caso, omitió) en los agudos del Acto II, pero demostró dominio de una partitura que habrá que escucharle en mejores circunstancias. Goerne se enfrentó a un rol que le exigía unas demandas muy distintas a las que acostumbra lidiar. Pese al sufrimiento que en algunos momentos llegó a mostrar, ofreció sin embargo un Amfortas pleno de nobleza e intensidad. 

El resto de voces graves alcanzaron un extraordinario nivel, empezando por el nobilísimo, expertísimo y todavía juvenil Gurnemanz de Youn, el poderoso y lleno de claroscuros Klingsor de Johannes Martin Kränzle y el supraterrenal Titurel de ese grandísimo bajo y artista que es Victor von Halem.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

 

Pie de foto: El director de orquesta Thomas Hengelbrock.