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8.VI.2013. La II Escuela de… ¿Viena?

Las noches del Real. Teatro Real. 8-VI-2013.  Alban Berg: Wozzeck Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   Madrid. Teatro Real. 8.VI.2013. SIMON KEENLYSIDE, NADJA MICHAEL, GERHARD SIEGEL, FRANZ HAWLATA, JOHN VILLARS. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. SYLVAIN CAMBRELING, director. Alban Berg: Wozzeck Aforo: 1.854 Asistencia: 99%   Descontextualizar una ópera se ha convertido desde hace unas décadas en moneda corriente en los modernos coliseos. Cabe preguntarse hasta que punto esta tendencia encubre en realidad el agotamiento del repertorio operístico -así como el fracaso en su renovación a través de la creación contemporánea- o si, tal como sostienen reiteradamente sus valedores,…

1 Madrid Wozzek

Las noches del Real. Teatro Real. 8-VI-2013. 

Alban Berg: Wozzeck

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

1 Madrid Wozzek

Madrid. Teatro Real.

8.VI.2013.

SIMON KEENLYSIDE, NADJA MICHAEL, GERHARD SIEGEL, FRANZ HAWLATA, JOHN VILLARS. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. SYLVAIN CAMBRELING, director.

Alban Berg: Wozzeck

Aforo: 1.854 Asistencia: 99%

 

Descontextualizar una ópera se ha convertido desde hace unas décadas en moneda corriente en los modernos coliseos. Cabe preguntarse hasta que punto esta tendencia encubre en realidad el agotamiento del repertorio operístico -así como el fracaso en su renovación a través de la creación contemporánea- o si, tal como sostienen reiteradamente sus valedores, “actualiza” de veras el género. O dicho de otro modo, si no se trata de un intento desesperado de disfrazar de vanguardia un espectáculo esencialmente museístico.

Wozzeck se ha consolidado firmemente en el repertorio y ya “le toca” reinventarse para no convertirse en un tedioso déjà vu de casacas militares, morales opresivas y dictaduras positivistas, y nada mejor para ello que descontextualizarla eliminando todas estas referencias culturales: Wozzeck es un camarero en un chiringuito de feria lleno de niños y borrachos; el paisaje castrense se reduce al capitán (un cliente más del chiringuito) pues Andrés no es sino un amigo y el Tambor mayor un fulano cualquiera; Marie es una choni del montón en un mundo en el que ser madre soltera no es ya un estigma; el Doctor es otro cliente más y ya no encarna la supremacía de ninguna raza ni el engreido optimismo del progreso científico…

Cierto es que la “cercanía” de los nuevos protagonistas de la historia infunde a algunas escenas un lacerante realismo y revela ciertas universalidades del drama de Büchner -al final los que pagan los platos rotos de la sociedad son siempre los mismos: los pobres- pero también es posible extraer algunas conclusiones. A saber, que es más fácil descontextualizar que recontextualizar, y que debido a este “olvido” por parte del director de escena tuvimos una excelente escena del baile -la única que pegaba realmente con el decorado- a cambio de un montón de escenas más o menos absurdas, como la de Wozzeck, Andrés y otros ¿clientes? durmiendo en el chiringuito al final del Acto II. El punto álgido del absurdo llegó cuando el régisseur decide apagar las luces para “presenciar” la muerte de Wozzeck ahogado en el lago/chiringuito, como quien se cubre los ojos para impedir que los demás le vean.

También cabe señalar un daño colateral no menos importante: Que los que no conocen con cierta profundidad el argumento de la ópera no se enteraron de lo que pasaba y se desaprovechó en ellos la posibilidad de experimentar la extraordinaria potencia de una obra maestra del siglo XX. 

Al margen de estos desatinos, el Wozzeck madrileño se benefició de una interpretación orquestal de contornos nítidos y líneas poderosas producto sin duda de una admirable comprensión de la partitura. La parte vocal estuvo muy bien defendida en primer lugar por Nadja Michael, una intensísima Marie, un rol sin duda mucho más satisfactorio y adecuado a sus dotes que su más conocida Salome. Simon Keenlyside, por su parte, consiguió ofrecer un retrato conmovedor de su personaje partiendo de unos medios vocales disciplinados pero no extraordinarios.

Entre los personajes secundarios, el superdotado Gerhard Siegel no consiguió dotar al Capitán del relieve que esperaríamos del Mime oficial de nuestros días, valoración que podríamos extrapolar al más tosco Doctor de Franz Hawlata, aunque como ya hemos dicho, estos personajes pudieron sufrir más que ningún otro los efectos de la descontextualización escenográfica. Cerraron el reparto un estimable y testosterónico John Villars como Tambor mayor y el discreto Andrés de Roger Padullés.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

Pie de foto: Tres escenas de Wozzeck.

Crédito fotográfico: Javier del Real