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08.III.2014. Solo Muti no es suficiente

    Temporada de ópera 2013/2014. Teatro dell’Opera di Roma 08-III-2014 SERENA FARNOCCHIA, YUSIF EYVAZOV, FRANCESCO LANDOLFI, CARLO LEPORE, ROXANA CONSTANTINESCU. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO DELL’OPERA DI ROMA. CHIARA MUTI, dirección de escena. RICCARDO MUTI, dirección musical. Puccini: Manon Lescaut Aforo: 1.492 Asistencia: 99%     La Manon Lescaut de Puccini tiene como tema central el amor visto como maldición irremediable. De hecho, la heroína y su amante son condenados desde el principio a recorrer un infinito calvario que, pasando por un mundo cerrado de minuetos y dinero fácil (el espejismo del lujo), concluye en la desolación de un…


 

 

Temporada de ópera 2013/2014. Teatro dell’Opera di Roma

08-III-2014

SERENA FARNOCCHIA, YUSIF EYVAZOV, FRANCESCO LANDOLFI, CARLO LEPORE, ROXANA CONSTANTINESCU. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO DELL’OPERA DI ROMA. CHIARA MUTI, dirección de escena. RICCARDO MUTI, dirección musical.


Puccini: Manon Lescaut

Aforo: 1.492 Asistencia: 99%

 

 

La Manon Lescaut de Puccini tiene como tema central el amor visto como maldición irremediable. De hecho, la heroína y su amante son condenados desde el principio a recorrer un infinito calvario que, pasando por un mundo cerrado de minuetos y dinero fácil (el espejismo del lujo), concluye en la desolación de un desierto infernal. De aquí la técnica compositiva de la partitura, cuyos temas conductores, en su tentativa de alcanzar una fútil felicidad amorosa, no hacen otra cosa que volver una y otra vez envolviéndose entre sí como en una fosa de serpientes. Para que todo esto funcione y sea eficaz en el escenario, es necesario un trabajo meticuloso sobre la actuación, respetando la letra y la música. Chiara Muti en su puesta en escena para la Opera de Roma ha acertado seguramente en la idea que rige su puesta en escena, no original pero plausible. O sea de ver la historia como un flashback con un desierto que aparece ya desde el principio de la obra. Un desierto al que progresivamente se añaden elementos escénicos y personajes pero que omnipresente simboliza la desolación del alma de Manon que aspira a una libertad y una felicidad que no puede alcanzar. Una visión más bien melancólica de la historia a la que se ajustaban bien las luces del espectáculo, suaves y capaces de dar al marco escénico un color apagado y triste. El problema de su dirección escénica fue sin embargo (pese respetar con exactitud el marco decimonónico y utilizar un decorado y un vestuario de gran impacto visual) el exceso de momentos escénicos inconexos y principalmente la casi total ausencia de un trabajo interesante sobre la actuación de los cantantes que, con frecuencia, parecían moverse sin una idea clara en el escenario y fundamentalmente sin la necesaria pasión y convicción.

Una lástima ya que la dirección de Riccardo Muti estuvo en perfecta sintonía con la idea original de la hija y donde las pasiones de los protagonistas emergían como momentos surgidos de acontecimientos destinados a desaparecer en la nada y en el sueño. Su lectura – basada en una elección del tempo generalmente lenta, pero siembre muy controlada y sin excederse justamente en demasiados sentimentalismos – pareció seguir una visión casi wagneriana de la partitura aunque con una mirada dirigida hacia la modernidad del siglo XX. Algo que permitió valorizar al máximo el original trabajo de Puccini con los motivos recurrentes asociados a los personajes y las situaciones. Faltó algo de intensidad sin duda en los momentos más apasionados y de acción– que parecían vistos como algo inevitable y envueltos en una atmosfera de pérdida y derrota–, pero la transparencia adamantina de la orquesta mutiana (en estado de gracia) consiguió sacar verdaderas joyas, sobre todo en el Intermezzo, en el acompañamiento de las arias, así como en el delicioso pastiche decimonónico del segundo acto y en el inolvidable concertato del tercero. Lamentablemente todo este trabajo se vio parcialmente deslucido por la actuación bastante mediocre de los intérpretes principales. Y es que Manon Lescaut sin dos cantantes de primera fila en los papeles de Manon y Des Grieux, capaces de resolver con soltura las dificultades vocales a los que los somete la escritura pucciniana, acaba por ser un medio fracaso. Serena Farnocchia (Manon en dos de las funciones en substitución de Anna Netrebko) canto correctamente pero le faltó en varios momentos clave la justa expresividad, sobre todo por tener un volumen de voz inadecuado y faltándole hondura en el registro grave. Peor todavía resultó el trabajo del joven tenor ruso Yusif Eyvazov con serias dificultades en el arduo papel de Des Grieux. Pese a cantar todas las notas con exactitud lució un timbre desigual y una expresividad casi nula. Igualmente con problemas el Lescaut de Francesco Landolfi, siendo Carlo Lepore el único de los interpretes principales a la altura de las expectativas. Muy bien los papeles secundarios destacando el Músico de Roxana Constantinescu capaz de hacer resaltar al máximo la escena del madrigal del segundo acto. Excelente la actuación del coro y éxito contundente únicamente para Muti al final de la velada.

Gian Giacomo Stiffoni

Crédito: ©Lelli e Masotti

Pie de foto: Serena Farnocchia en momento del segundo acto de Manon Lescaut