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09.IV.2014. Un puente

  XXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo 09-IV-2014 SOLÍS, FRONTAL, ROY. CAPILLA POLIFÓNICA CIUDAD DE OVIEDO. OFIL. VIRGINIA MARTÍNEZ, dirección musical. Pablo Sorozábal: Entre Sevilla y Triana Aforo: 1.440 Asistencia: 100%     Oviedo es público del norte, más afín a las historias mesetarias que a aquellas que llegan de parajes tan ‘lejanos’ como Sevilla. Y eso se comprobó con la fría acogida que tuvo en su estreno Entre Sevilla y Triana, donde el público supo reconocer el trabajo individual de cada uno de los integrantes de la producción, pero que no se sintió atraído por las nada…

 


XXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo

09-IV-2014

SOLÍS, FRONTAL, ROY. CAPILLA POLIFÓNICA CIUDAD DE OVIEDO. OFIL. VIRGINIA MARTÍNEZ, dirección musical.

Pablo Sorozábal: Entre Sevilla y Triana

Aforo: 1.440 Asistencia: 100%

 

 

Oviedo es público del norte, más afín a las historias mesetarias que a aquellas que llegan de parajes tan ‘lejanos’ como Sevilla. Y eso se comprobó con la fría acogida que tuvo en su estreno Entre Sevilla y Triana, donde el público supo reconocer el trabajo individual de cada uno de los integrantes de la producción, pero que no se sintió atraído por las nada disimuladas raíces andaluzas de su música.

Y eso que la partitura la firma un vasco, Pablo Sorozábal, que casi veinte años después de reinventar el sainete madrileño con La del manojo de rosas quiso hacer lo mismo con el sevillano presentando en 1950 esta Entre Sevilla y Triana. Y a tenor de las crónicas lo consiguió, aunque la historia de reafirmación de la independencia femenina –con una madre soltera que rechaza el cariño por compasión del padre y se muestra firme ante la presión social de la época– hizo que el Régimen no la considerase apta, hasta el punto de enterrarla en el olvido.

La labor musicológica del director Manuel Coves y el director de escena Curro Carreres ha dado como resultado la recuperación de un espectáculo que sorprende desde el comienzo, con unos textos ágiles y extremadamente modernos para los años cincuenta (aligerados por Carreres, pero sin modificar una coma del original), y una música que, como siempre ocurre con Sorozábal, trata de abarcar todos los gustos, desde la romanza descarnada hasta los números cómicos más cercanos a la revista, pasando por habaneras, farrucas, zorongos y, por supuesto, sevillanas.

Alejandro Roy fue el triunfador por su José María, que en la romanza “Tú qué sabes del cariño” demostró la idoneidad de su voz para el papel, con una fuerte columna de aire que le permite un sonido amplio que llena cada rincón del teatro. No le fue a la zaga Carmen Solís, ya no solo en el apartado vocal –en el que se mostró insuperable–, sino en el actoral, encarnando a una Reyes dura y resabiada, una mujer independiente con un gran carisma escénico.

José Julián Frontal como el tercer vértice, el marino Fernando, se situó un nivel por debajo, mejor en su presentación que en su segunda romanza, donde demostró algunos problemas de afinación y control en unos pasajes arpegiados que, por otra parte, son de una altísima dificultad.

En ese sentido la Maestra Virginia Martínez cuidó mucho de servir como acompañamiento a unas voces tan notables, cediéndoles el protagonismo y cuidando la dulzura de la orquesta en números como la habanera o la romanza de Reyes, donde los profesores de la Oviedo Filarmonía pudieron demostrar su más que probada calidad. El coro no tiene un excesivo peso musical en la función si bien se mostró seguro en sus dos intervenciones –la habanera de coro de hombres y las sevillanas– que fueron de lo más aplaudido, con el añadido del trabajo actoral y de baile desplegado en ellas.

La pareja cómica formada por Beatriz Lanza y Carlos Crooke como Micaela y Angelillo funcionó mejor en lo escénico y coreográfico que en lo vocal, si bien sus números, siempre cargados de picaresca y sentido festivo, consiguieron arrancar las risas de las butacas.

En el espectáculo destaca sobremanera la escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda y las coreografías de Antonio Perea (con un extraordinario cuerpo de baile) y presenta el añadido de un cantaor y una guitarra (Jesús Méndez y Manuel Valencia) que, a pesar de la grandísima calidad derrochada sobre el escenario, no surtieron el efecto deseado en un público excesivamente frío e injusto con ellos.

Porque entre Sevilla y Triana hay un puente, un puente que une las dos márgenes del Guadalquivir, pero que se queda corto a la hora de acercar Asturias y Andalucía.

Alejandro G. Villalibre

Crédito: Ayuntamiento de Oviedo

Pie de foto: La Capilla Polifónica cantando la habanera