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28.IV.2014. Milagrosa Marina

    Oviedo. Teatro Campoamor. XXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo 28-IV-2014 DE MUNCK, GANDÍA, ORFILA, CANSINO. CAPILLA POLIFÓNICA CIUDAD DE OVIEDO. OFIL. ÓLIVER DÍAZ, dirección musical.   Emilio Arreieta: Marina Aforo: 1.440  Asistencia: 100%   Tres semanas después de terminar las funciones de Entre Sevilla y Triana, con el consiguiente parón de Semana Santa por el medio, el Festival de Teatro Lírico de Oviedo presentó Marina ante un abarrotado Teatro Campoamor ávido por presenciar la aclamada nueva propuesta de Nacho García, con dos fragmentos recuperados para la ocasión por la profesora de Musicología de la Universidad de…


 

 

Oviedo. Teatro Campoamor. XXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo

28-IV-2014

DE MUNCK, GANDÍA, ORFILA, CANSINO. CAPILLA POLIFÓNICA CIUDAD DE OVIEDO. OFIL. ÓLIVER DÍAZ, dirección musical.

 

Emilio Arreieta: Marina



Aforo: 1.440  Asistencia: 100%

 

Tres semanas después de terminar las funciones de Entre Sevilla y Triana, con el consiguiente parón de Semana Santa por el medio, el Festival de Teatro Lírico de Oviedo presentó Marina ante un abarrotado Teatro Campoamor ávido por presenciar la aclamada nueva propuesta de Nacho García, con dos fragmentos recuperados para la ocasión por la profesora de Musicología de la Universidad de Oviedo María Encina Cortizo.

Sorprende que, con tan a todas luces escaso tiempo de preparación se ofreciese un espectáculo más que digno, por momentos brillantes, con la orquesta Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo sobreponiéndose a las dificultades para presentarse en su apogeo, con especial mención a los metales de la orquesta (y a las intervenciones de la trompa solista), así como a los coros de hombres, que en esta temporada están teniendo bastante más trabajo que sus compañeras.

Contando con un cuarteto de relumbrón –Sonia de Munck, Antonio Gandía, Simón Orfila y Luis Cansino– y con un director como Óliver Díaz el espectáculo tenía que ser redondo. Sobresalió De Munck, con un timbre ligero muy propio para esta frágil huérfana enamorada, con una especial mención a su dominio de las agilidades, con un sonido limpio, cristalino, y, ante todo, inteligentemente dosificado para llegar en condiciones de ofrecer una espléndida cadencia final a dúo con la flauta para cerrar la ópera.

Gandía, poderoso desde su “Costa la de Levante”, se presentó con su característico sonido, algo nasal pero muy personal, con ecos del mítico Jorge de Alfredo Kraus. Orfila como Pascual, seguro en sus intervenciones, dibujó con talento un difícil personaje que, sin ser simpático ni sofisticado, exige al cantante repensar su canto para no caer en lo tosco al dejarse llevar por las líneas escritas por Arrieta, que por otra parte define musicalmente a la perfección a este rudo trabajador. Y por último Luis Cansino, que conoce como la palma de su mano a Roque se presentó muy divertido y punzante, beneficiándose de la idea de Nacho García de presentar a los personajes en un mundo muy visceral, muy duro, con vidas sin futuro sólo animadas por el alcohol. Con una sencilla pero muy eficaz escenografía, y una iluminación que fue de lo mejor de la velada, todo parecía apuntar al éxito sin paliativos.

Sin embargo la función se vio ensuciada por puntuales desajuntes e imprecisiones propios de un espectáculo al que no se le dejó crecer lo suficiente antes de estrenarlo por la mala planificación de ensayos. Lo que se presenció fue un milagroso ensayo conjunto, tan bueno que supera por mucho a la mayoría de las funciones que se realizan alrededor de la lírica española. Y esto se debe tomar como un golpe encima de la mesa. Ni los artistas ni las partituras se merecen trabajar en estas condiciones. Es necesario más mimo por parte de los programadores hacia los que se suben a un escenario, porque no se puede vivir en la cuerda floja.

 

Alejandro G. Villalibre

 

Crédito: © Ayuntamiento de Oviedo

Pie de foto: Sonia de Munck como Marina