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El tiempo detenido

Crédito: santiago Torralba

  Juan Carlos Asensio. Crédito: Santiago Torralba. Sin duda, Schola Antiqua es una de las formaciones especializadas en la interpretación del repertorio de canto llano más destacadas del panorama nacional e internacional. Presentes en muchos de los festivales más señalados del momento, este coro integrado por antiguos escolanos de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos llama la atención por su limpieza, técnica y buen gusto musical. Al frente de la formación se encuentra el musicólogo y medievalista Juan Carlos Asensio.Con motivo de la celebración de la 53 edición de la Semana de Música Religiosa de…

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Juan Carlos Asensio. Crédito: Santiago Torralba.

Sin duda, Schola Antiqua es una de las formaciones especializadas en la interpretación del repertorio de canto llano más destacadas del panorama nacional e internacional. Presentes en muchos de los festivales más señalados del momento, este coro integrado por antiguos escolanos de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos llama la atención por su limpieza, técnica y buen gusto musical. Al frente de la formación se encuentra el musicólogo y medievalista Juan Carlos Asensio.
Con motivo de la celebración de la 53 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, el coro madrileño tuvo una destacadísima presencia en la programación del festival al protagonizar el conocido como Oficio Divino, junto al extraordinario coro británico The Tallis Scholars dirigidos por Peter Philips. Nos referimos a un ciclo de siete conciertos distribuidos a lo largo de veinticuatro horas de jornada (en este caso, del Viernes Santo), que se realizaron observando criterios  interpretativos y litúrgicos correspondientes a la España de la segunda mitad del s. XVI. El Sábado Santo, tras la durísima, intensa y apasionante experiencia, tuvimos ocasión de charlar con Juan Carlos Asensio en la Capilla del Espíritu Santo, lugar de celebración de los conciertos, ahora sin público, en un ambiente propicio para la reflexión.

Schola Antiqua interpreta el Oficio Divino completo del Viernes Santo en la SMR de Cuenca

Sin duda, Schola Antiqua es una de las formaciones especializadas en la interpretación del repertorio de canto llano más destacadas del panorama nacional e internacional. Presentes en muchos de los festivales más señalados del momento, este coro integrado por antiguos escolanos de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos llama la atención por su limpieza y buen gusto musical. Al frente de la formación se encuentra el musicólogo y medievalista Juan Carlos Asensio.

Con motivo de la celebración de la 53 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca (SMR), el coro madrileño tuvo una destacadísima presencia en la programación del festival al protagonizar el conocido como Oficio Divino, junto al extraordinario coro británico The Tallis Scholars dirigidos por Peter Philips. Nos referimos a un ciclo de siete conciertos distribuidos a lo largo de veinticuatro horas de jornada (en este caso, del Viernes Santo), que se realizaron observando criterios interpretativos y litúrgicos correspondientes a la España de la segunda mitad del s. XVI. El Sábado Santo, tras la durísima, intensa y apasionante experiencia, tuvimos ocasión de charlar con Juan Carlos Asensio en la Capilla del Espíritu Santo, lugar de celebración de los conciertos, ahora sin público, en un ambiente propicio para la reflexión.

Un precedente en la programación de la SMR de Cuenca

R. J. El grupo Schola Antiqua es una formación habitual dentro de la programación de la Semana de Música Religiosa de Cuenca y en ediciones anteriores ya ha protagonizado las liturgias. Así pues, llegar a ejecutar el ciclo completo del Oficio Divino parecía una consecuencia lógica.

J. C. A. Supongo que sería una vieja idea de los organizadores, en este caso de Pilar Tomás, y que de alguna manera debía acabar desembocando en esto. Las liturgias que veníamos celebrando hasta ahora se circunscribían al acto principal y multitudinario (jueves, viernes y sábado por la noche), pero alrededor de esto hay mucha música y muy interesante. También hay que decir que existe un precedente en lo que hicimos el año 2004 con el grupo La Colombina, aunque aquello se realizó en un formato estricto de concierto. Lo que hemos visto este Viernes Santo es distinto, ya que se ha tratado de adaptar a lo que podría haber sido el rito en cualquier época hasta el Concilio Vaticano II.

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Schola Antiqua en el coro de la Catedral de Cuenca la pasada edición de la SMR. Crédito: Santiago Torralba.

R. J. ¿Hasta qué punto se han respetado criterios historicistas y litúrgicos, y hasta qué punto ha sido un rito de compromiso, por así decirlo?
J. C. A. Ha sido una reproducción –con algunas licencias– de la liturgia del Viernes Santo. Para la mayoría de los fieles, esto se limita a la celebración de la tarde en la que se lee la Pasión, pero existe todo esto que es previo y posterior. Aquí hay una música interesantísima; pensemos que los maitines son el Oficio de Tinieblas que nosotros nos hemos tomado la libertad de celebrar a las doce de la noche por cuestiones de logística, aunque se solía celebrar a última hora de la tarde para hacer coincidir el apagado de la última vela del tenebrario con la caída de la noche… Pensemos también en el caso de esas partes de la liturgia que se han de hacer en secreto (el Pater noster, el Credo, el Ave Maria) ¿Cómo íbamos a renunciar a las piezas maravillosas de Guerrero y Alonso Lobo? Luego, hemos tenido una serie de concesiones como por ejemplo tomar las Vísperas y las Completas (que según la mayoría de las tradiciones se hacían rezadas, por la carga que suponía para los cantores) y ponerlas en música. Si hacemos un cálculo, han resultado un total de nueve horas de música. Me surge la pregunta de ¿cómo hacían esto en la Edad Media o en el Renacimiento? Supongo que tenían una preparación excepcional que hoy día es difícil de imaginar para nosotros. Además, hay que considerar que eran profesionales y que su sueldo les iba en ello: si faltabas un día al coro te era descontado (como si faltas un día al trabajo, esto no es novedad).

Si hacemos un cálculo, han resultado un total de nueve horas de música

Tal es la rutina que existía el caso de monjes que entraban específicamente para servir en el coro –sea el caso de los jerónimos en El Escorial– y que estaban dispensados de realizar otro tipo de labores. Otra consideración que hay que resaltar es que no siembre había público, sí en ciertos momentos de la liturgia, pero en otros se concebía como un acto privado sólo para los canónigos. Intentar darle un formato litúrgico en un contexto de concierto no deja de ser algo irreal. Hemos tenido muchos momentos para la reflexión mientras escuchábamos la polifonía, momentos en que observaba al público padeciendo la inclemencia de la hora: es maravilloso, pero ¿realmente era así? Por lo menos hemos intentado seguir el curso general de las horas, aunque hemos cortado muchísimo (los maitines rondaban las cuatro horas y nosotros las hicimos en una hora y cuarenta minutos). Así, el esfuerzo sería mucho mayor, y eso sin contar las pausas de que se realizaban para meditar entre estructura y estructura, eso está prescrito.

R. J. Esta experiencia creo que mueve a la reflexión y hay una pregunta que me veo obligado a formular: ¿es salvable la distancia psicológica que nos separa?
J. C. A. No lo sé, eso es algo muy personal. Puedo citar el caso de dos personas que me han comentado que les han sobrado los aplausos, y que por su educación, viven los textos y la música visualizando escenas de la Pasión, del sufrimiento de Cristo, de su madre, etc. En el otro extremo están los que vienen al mero acto de concierto. Así, creo que la distancia es la que se pone cada uno.

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Crédito: Santiago Torralba.

R. J. Me gustaría profundizar en el tema de los aplausos (ésta era una de las preguntas que, precisamente, tenía preparadas) ya que parecían estar fuera de lugar.
J. C. A. Bueno, creo que si al público antes de comenzar le explicas que se trata de reproducir lo más fielmente posible estas liturgias, le ruegas que no se aplauda, y luego en el exterior tenemos un rato de conversación, no habría problema, funcionaría bien. Pero lo cierto es que estábamos tan preocupados, tan absortos que se nos pasó por alto.

R. J. Hablo de una necesidad vital, de no aplaudir por cuestiones de decoro (tomando el sentido renacentista del término).
J. C. A. Sí, es cierto. Otra fórmula sería aplaudir al terminar las completas fuera de la catedral. La verdad es que a nosotros, por el tipo de repertorio que trabajamos, casi siempre nos sobran los aplausos. Es cierto que sobraron porque está todo dicho, incluso la presencia de la gente a determinadas horas manifiesta una complicidad y una gratitud.

R. J. Personalmente, he tenido una percepción del tiempo absolutamente dilatada; al llegar a los oficios de la tarde, creía haber asistido a las vísperas hacía días. Ha sido verdaderamente revelador.
J. C. A. El tiempo se ha detenido ¿verdad? Nosotros nos hemos olvidado del reloj; la escala de medida se articulaba antes y después de prima, antes o después de vísperas, etc. Esto es sumamente interesante porque éste eral el concepto del tiempo en la Edad Media y el Renacimiento (me refiero a las comunidades religiosas). Nosotros hemos experimentado algo por el estilo. Lo cierto es que ha sido realmente duro, tanto para Schola Antiqua como para The Tallis Scholars, quienes ya hicieron algo parecido en una ocasión. De hecho, Pilar Tomás los escuchó el año pasado en el Festival de Amberes junto al grupo Salentes (excepcional formación de gregoriano que ejercen su labor en los Países Bajos y que ha visitado Cuenca) haciendo música inglesa de la época de los Tudor. Eso sí, todo mucho más abreviado, con una estructura mucho más abierta, con una polifonía no tan expresiva (esto me lo comentaba el propio Peter Philips) y cantando en septiembre una liturgia que debiera tener lugar en enero. Esto ha sido el Viernes Santo en Viernes Santo, lo cual es realmente interesante, en esta capilla rodeada de sepulcros…

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Schola Antiqua en una imagen de archivo de la SMR durante un concierto. Crédito: Santiago Torralba.

R. J. La sensación que se percibe desde fuera es de absoluta compenetración, como si Schola Antiqua y the Tallis Scholas hubiesen trabajado juntos en más ocasiones. Se observa una concepción de la música muy similar marcada por la limpieza, la elegancia y una emotividad contenida –como corresponde al repertorio que nos ocupa– y que se traduce en que vuestros gestos como directores (salvando las distancias técnicas de uno y otro género) tienen algo en común.
J. C. A. No habíamos cantado nunca juntos. Nos conocíamos, incluso este año he tenido un par de entrevistas en Londres para cerrar el programa, pero nos encontramos por primera vez el Jueves Santo por la noche. Yo creo que cuando cada uno sabe lo que tiene que hacer, y esto es muy importante, todo funciona a la perfección. La primera vez que hicimos un alternatim y estábamos cadenciando, observé a Peter Philips y vi que ya estaba preparando la entrada (tiene un gesto muy interesante en el que marca una anacrusa de dos/tres tiempos) entonces supe que todo iba a ir perfecto. Se trata de lograr algo natural, sin espacios.

R. J. Hablando del tema: ¿cómo se ha realizado el alternatim, el ensamblaje del canto llano con la polifonía?
J. C. A. Nosotros tratamos de cantarlo a la manera del Renacimiento de tal forma que los acentos son los que van marcando el ritmo. Cuando hacíamos las cadencias la cosa se dilataba de forma que parecía que estaba medido. Esto es pretendido, para tratar de adecuarlo un poco a la polifonía, porque cuando cantamos el Graduale o el Antifonario nos tomamos más libertad.

R. J. Los integrantes de Schola Antiqua, dada vuestra formación como músicos en una escolanía ¿estáis habituados a este tipo de pruebas físicas?
J. C. A. Estamos acostumbrados, pero no a esto. Tales ritos los realizan los monjes. Tengo el recuerdo de que, siendo niño, el primer año de estancia en el la Escolanía del Valle asistimos al Oficio de Tinieblas, pero al resto de las horas no. Aun así, sabemos lo que es porque hemos cantado Vísperas con ellos todos los domingos. Pero, se puede decir que sí, que estamos acostumbrados. También se barajó por parte de la organización del Festival la posibilidad de hacer todos los oficios en el coro de la catedral, con le que se hubiese cantado la salmodia apoyados en las misericordias, con el supuesto descanso que ello supone, pero se desestimó por cuestiones de logística, por el ruido exterior de procesiones como las turbas.

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Schola Antiqua en solemne procesión. Crédito: Santiago Torralba.

R. J. ¿Cómo se justifica la introducción en este proyecto de fuentes de El Escorial, precisamente, tratándose de El Greco?
J. C. A. El Greco estuvo en El Escorial, pero según apunta José de Sigüenza, su obra no agradó al Rey. Habría que analizar el porqué de los motivos; quizá por el hecho de que era griego, y en aquella época no estaban muy bien vistos, etc. Lo cierto es que aquí tenemos piezas polifónicas de finales del s. XVI y comienzos del s. XVII, concretamente del Martín de Villanueva, para la liturgia de la Semana Santa. Aquí ha sonado varias veces su motete Christus factus est y el Miserere.

R. J. Profundicemos en el tema de la elección de las fuentes, de las novedades polifónicas, y del repertorio poco frecuente que hemos podido escuchar en este ciclo de conciertos.
J. C. A. Ha sido complicado. Se supone que debíamos ajustar los contenidos a la temática de El Greco en España, excluyendo Roma. Lo que sucede es que cuando te pones a buscar no hay música completa para los maitines en la España de esa época porque la costumbre en las catedrales (como por ejemplo en la de Toledo, que sería el referente) era cantar sólo en polifonía la primera de las lamentaciones. Así, la mayoría de los compositores de nuestro país no han compuesto los responsorios. Hay que agradecer que Victoria se fuera a Roma y podamos disfrutar de esta joya que es el Officium Hebdomadae Sanctae. Tal es el panorama a finales del s. XVI y comienzos del XVII. Entonces, lo que hice fue coger los ceremoniales de Toledo y El Escorial y comprobé lo siguiente: en Toledo se cantaba en los laudes los salmos a fabordón (optativo) y también la antífona del benedictus. Tenemos un ejemplo de Rodrigo de Ceballos que, aunque no estuvo en la ciudad castellana, se preocupó de enviar sus libros y eso me dio pie a incluir aquel repertorio que, por estar en el archivo, habría sido susceptible de ser interpretado: Morales, Torrentes, Ginés de Boluda, Alonso Lobo y Alonso de Tejeda, que es una revelación.

Esto ha sido el Viernes Santo en Viernes Santo, lo cual es realmente interesante, en esta capilla rodeada de sepulcros…

Todo esto se me presentaba como las piezas de un puzle. El siguiente paso consistía en ver qué se podía cantar con diez cantantes, con las tesituras impuestas y que resultase equilibrado en su ensamblaje con el gregoriano. Los huecos de polifonía resultaron fáciles de rellenar tomando a Victoria, como ya hemos dicho. Fue precisamente en el ejemplar del Officium que se conserva en las Descalzas Reales, al final del Miserere, donde Alfonso de Vicente (como apunto en las notas al programa) encontró del puño y letra del mencionado compositor un añadido con la segunda parte del último verso. Es un fabordón muy sencillo, pero que no se había cantado nunca. Igual sucede con el Nunc dimmitis de Torrentes y casi con toda probabilidad el salmo Eripe me de Morales (del códice 25 de Toledo). Éste último está editado, pero dudo que se halla cantado así: con la antífona, en las Vísperas, un Viernes Santo, con los cantos llanos alternados, etc. Con lo cual, creo que ha habido bastantes novedades. Lo interesante de este proyecto ha sido juntarlo todo dentro de un contexto y recuperar piezas que son de audición infrecuente.

R. J. Ahí reside precisamente el valor de lo que hemos visto. Aparte, claro está, del puro goce estético. Hartos estamos de ver la polifonía descontextualizada.
J. C. A. Así es. Y precisamente esto es algo a lo que los Tallis Scholars están acostumbrados a hacer. Por ejemplo, cantar dos misas seguidas en un mismo concierto. Esto cansa al oyente y al propio intérprete, siendo la fórmula que hemos presentado aquí mucho más natural. Al fin y al cabo, esto es un teatro con diversos personajes, no es un monólogo, y también tiene un componente visual muy importante y que va variando según lo hace el calendario litúrgico. Pensemos en las vestimentas de los oficiantes y cantores que van cambiando su colorido de un día para otro, las expectación generada, no sólo por el estreno de un motete en concreto, sino por ver una casulla encargada por tal personalidad a un convento, ya que ha enviudado y tras los funerales ha donado una suma de dinero…

R. J. Da noticia Robert Stevenson en su célebre libro La música en las catedrales españolas del siglo de oro del ambiente que reinaba en las pruebas de selección (que eran abiertas al público) de los maestros de capilla: tal era la expectación, que tenían que acudir los alguaciles a poner orden y evitar peleas, porque el pueblo estaba ansioso por ver las audiciones. Esta escena, que confirma lo que apuntas, me evoca el ambiente a las puertas de un estadio de fútbol.
J. C. A. Sin duda. Por no hablar de la competencia que existía, ya que una institución se sentía orgullosísima –y peleaba para lograrlo– por conseguir al mejor maestro de capilla. La prueba está en que se los pisaban unos a otros mediante el ofrecimiento de ofertas y contraofertas. Esto es similar a lo que pasa con el fichaje de las orquestas. 

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