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10.VII.2014. La elegancia ligera de Rossini

    Temporada de ópera 2013/2014. Teatro alla Scala 10-VII-2014 COLIN LEE, JOSÉ MARÍA LO MONACO, ALEKSANDRA KURZAK, STÉPHANE DEGOUT. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. LAURENT PALLY, Dirección de escena. DONATO RENZETTI, Dirección Musical Rossini: Le Comte Ory Aforo: 2.222 Asistencia: 80%     El público parisino esperaba con impaciencia a finales de los años veinte del XIX una nueva ópera de Rossini escrita expresamente para uno de los teatros de la capital. En esa época el “directeur de la musique et de la scéne” del Théàtre Italien era la figura más célebre del mundo musical galo. Después…


 

 

Temporada de ópera 2013/2014. Teatro alla Scala

10-VII-2014

COLIN LEE, JOSÉ MARÍA LO MONACO, ALEKSANDRA KURZAK, STÉPHANE DEGOUT. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. LAURENT PALLY, Dirección de escena. DONATO RENZETTI, Dirección Musical

Rossini: Le Comte Ory

Aforo: 2.222 Asistencia: 80%

 

 

El público parisino esperaba con impaciencia a finales de los años veinte del XIX una nueva ópera de Rossini escrita expresamente para uno de los teatros de la capital. En esa época el “directeur de la musique et de la scéne” del Théàtre Italien era la figura más célebre del mundo musical galo. Después de dos títulos (Le siegè de Corinthe y Moïse et Pharanon) que no eran otra cosa que una adaptación francesa de antiguas óperas italianas, el catálogo rossiniano se había enriquecido con solamente una ópera nueva: Il viaggio a Reims escrita para celebrar la coronación de Carlos X de Borbón. Este título tiene una importancia relevante ya que mucha de su música (casi mitad de la obra) fue reutilizada para Le comte Ory, primer título totalmente francés y “nuevo” que el compositor pesarés escribió sobre libreto de Eugene Scribe, estrenado en el Théàtre del Opéra el 20 de agosto de 1828. Es conocida la habilidad de Rossini en la utilización de música escrita para otras de sus obras. La operación le resultó muy bien también en esta ocasión y Le Comte Ory fue todo un éxito pese a que su argumento irreverente produjese cierto resentimiento en una parte del público acostumbrado a temas menos impertinentes en el templo de la opera lírica francesa.

La figura del Conde que para satisfacer sus deseos mujeriegos se disfraza, en primer lugar de eremita, posteriormente de monja para entrar en el castillo de una morigerada condesa, originó una música que adoptó solo parcialmente el tono y el estilo simples de boulevadier y de vaudeville que el argumento habría supuesto. La partitura es sin duda llena de ligerezas pero dentro de una escritura extremadamente refinada, llena de complejas articulaciones formales, melodías amplias y una escritura vocal que exige una gran habilidad, sobre todo de parte del tenor. Y es que le Comte Ory es sin duda no sólo una de la obras más logradas de Rossini sino también una de las más difíciles de ejecutar ya que exige una pericia técnica impecable por parte todos sus ejecutantes. Ante todo de la orquesta que se enfrenta a una partitura con una escritura instrumental compleja y llena de colores. Algo que le ha faltado a la orquesta de la Scala dirigida por Donato Renzetti en la última producción que el coliseo milanés ha presentado a su público antes de la pausa estival. Muchos fueron de hecho los desajustes dentro del foso en una lectura, en general, bastante plana, por momentos pesada y poco transparente en la realización del entramado orquestal. Una verdadera pena ya que de esta forma no se pudo apreciar totalmente el trabajo realizado por el musicólogo Damien Colas que con su edición crítica ha devuelto a su origen un título que con los años se había alterado por ejecuciones no siempre acordes con el original dictado rossiniano. Algo mejor resultó el reparto vocal pese a estar influenciado negativamente por una seguramente escasa preparación en la sala de ensayos. El tenor sudafricano Colin Lee sustituyó suficientemente al indispuesto Juan Diego Flórez (una repentina traqueítis) y gracias a una voz brillante y sólida consiguió dibujar con soltura el personaje de Ory. Aleksandra Kurzak fue una condesa de Formoutier ágil en la vocalidad, algo desigual en el timbre pero muy eficaz en lo que se refiere a la presencia escénica. Lo mismo se puede decir del Isolier del José María lo Monaco un mezzo un poco corto de voz pero de color cálido y excelente fraseo. Los tres intérpretes lograron una bella ejecución del delicioso terceto del segundo acto, uno de los momentos “cumbre”, tal como indicaba Berlioz, del arte rossiniano. Eficaces el gobernador de Roberto Tagliavini y el Raimboud de Stéphane Degout así como el resto del reparto.

Poco que decir de la puesta en escena de Laurent Pelly ya estrenada este invierno en la Ópera National de Lyon. El traslado de época del medievo original a la Francia aburguesada, al estilo de las películas de Chabrol, no restó coherencia de la obra pero tampoco ofreció una gran originalidad interpretativa. Dentro de un marco escénico entre realista y onírico (más eficaz en los interiores en movimiento horizontales de la mansión de la condesa del segundo acto) los actores se movieron con naturalidad y eficacia sabiendo resolver dignamente también ciertos momentos algo exagerados en alusiones sexuales y vulgaridad. Discreto éxito al final de la velada con un teatro lejos de estar completamente agotado en sus entradas.

Gian Giacomo Stiffoni

Crédito: ©Brescia-Amisano

Pie de foto: Colin Lee, José María lo Monaco y Aleksandra Kurzak en tereceto del segundo acto de Le Comte Ory