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14.VII.2014. Esencial

  MADRID. TEATRO REAL, TEMPORADA DE ÓPERA. 14-VII-2014   MARIA RICCARDA WESSELING, YUN JUNG CHOI, JAËL AZZARETTI, NICOLAS PAUL, ALICE RENAVAND, CHARLOTTE RANSON. BALTHASAR NEUMANN CHOR & ENSEMBLE. THOMAS HENGELBROCK, director. PINA BAUSCH, coreografía.a Gluck: Orfeo y Eurídice   Aforo: 1.750 Asistencia: 99%     Son pocas las veces que uno tiene la oportunidad de ver un espectáculo que funciona tan bien a tantos niveles: una orquesta y un coro impecables, unos cantantes perfectamente metidos en su papel y una propuesta escénica con extraordinarios hallazgos. Pina Bausch creó esta danza-ópera en cuatro cuadros sobre el Orfeo y Eurídice de Gluck…

Orfeo y Eurídice de Pina Bausch

 

Orfeo y Eurídice de Pina Bausch

MADRID. TEATRO REAL, TEMPORADA DE ÓPERA.

14-VII-2014

 

MARIA RICCARDA WESSELING, YUN JUNG CHOI, JAËL AZZARETTI, NICOLAS PAUL, ALICE RENAVAND, CHARLOTTE RANSON. BALTHASAR NEUMANN CHOR & ENSEMBLE. THOMAS HENGELBROCK, director. PINA BAUSCH, coreografía.a

Gluck: Orfeo y Eurídice

 

Aforo: 1.750 Asistencia: 99%

 

 

Son pocas las veces que uno tiene la oportunidad de ver un espectáculo que funciona tan bien a tantos niveles: una orquesta y un coro impecables, unos cantantes perfectamente metidos en su papel y una propuesta escénica con extraordinarios hallazgos. Pina Bausch creó esta danza-ópera en cuatro cuadros sobre el Orfeo y Eurídice de Gluck en 1975. Treinta años después después pasó a convertirse en pieza central del repertorio de danza de la ópera parisina. Esta crónica se centrará en las cuestiones puramente musicales, dado que la parte escénica y de danza ha sido ya comentada por nuestra especialista Mercedes Rico (pincha aquí para leer su reseña).

Thomas Hengelbrock se ha convertido en un habitual en el Teatro Real de la era Mortier con un título por temporada: Ifigenia in Tauride (2011), La clemenza di Tito (2012), Parsifal (2013), y ahora este Orfeo y Euridice. El conjunto que dirige y del que es fundador, el Balthasar-Neumann Ensemble y Coro, es uno de esos grupos alemanes con instrumentos originales que raras veces se ven en nuestro país. Sorprende que una orquesta y un coro de un nivel tan alto (su versión de La creación de Haydn es en opinión de este crítico, la más poderosa, estimulante e imaginativa de todas cuantas existen en el mercado) sean tan poco conocidos en nuestro país. Se trata, no obstante, de uno más de esos fantásticos grupos germanos de una calidad altísima que centran su actividad en Alemania y que constituyen de manera natural la punta del iceberg de una tradición musical rica y crepitante. El coro emite con una limpieza y un equilibrio estremecedor. ¡Qué belleza elcoro inicial de los pastores y ninfas! ¡Qué claridad de dicción y de fraseo, qué manera de empastar! Por su parte, la orquesta funcionó ejemplarmente en cuanto a afinación, balance, empaste y Hengelbrock arropó a las voces en todo momento, las cuidó sin pisarlas en un solo instante de manera magistral. Además, escuchar y ver a un conjunto de estas características es un lujo desde el punto de vista organológico. Muy pocas veces se tiene la ocasión de disfrutar de la delicadeza tímbrica del arpa de pedales simples que tocó Margret Köll (delicadísimo y hermosísimo su continuo), de clarinetes y oboes Grenser (aunque la presencia de los primeros en la partitura es muy escasa) o de trombones de clásicos de perforación y pabellón más pequeños (puedes encontrar más información en el siguiente blog). Impresionante la manera en que los músicos seguían al milímetro cada uno de los gestos del director germano.

Maria Riccarda Wesseling (Orfeo) y Yun Jung Choi (Euridice) estuvieron muy bien, con una impecable trabajo de interiorización de los personajes, una estupenda dicción y una gestualidad corporal siempre acorde con la escena y con la obra. Algo más endeble en lo vocal resultó Jaël Azzaretti (Amor), justa en la afinación en su pequeño papel.

La propuesta de Pina Bausch recurre a lo esencial y limita la escena a unos pocos elementos o ninguno, como en el último acto en que el escenario se convierte en un amplísmo espacio diáfano, monócromo, inmenso. De esta manera la obra se centra en las transformaciones psicológicas de los personajes, en su sufrimiento, en sus procesos internos. Con ello se consigue humanizar y actualizar un drama en el que cualquiera puede encontrarse, en una ópera ya de por sí concentrada, reducida a los mínimos recursos, con tan solo tres personajes, que alcanza un grado de profundidad emocional y espiritual abismales. En la recreación de Bausch los personajes principales se desdoblan en cantante y bailarín con lo que se consigue ampliar la riqueza de perspectivas y redimensionar la trágica historia de dos amantes. Los números grupales son de una belleza dolorosa. Todavía, quien estos escribe, se emociona al recordarlos. Incomprensiblemente, tal vez debido a cuestiones técnicas, sólo de han ofrecido tres funciones.

Por último, señalar el desacierto que constituye el omitir los subtítulos. Más cuando el idioma es el alemán. Extraña la versión escogida, la francesa traducida al alemán con el papel de Orfeo realizado por una soprano en lugar de un tenor, como es más habitual. Señalar por último, la incapacidad del público para esperar a aplaudir. Parece inhabilidad para sintonizar emocionalmente con los diferentes estadios internos de la obra. De otra forma no se entiende el modo en que rompió finales de tanta intensidad.

En cualquier caso, se trata de males menores en un espectáculo que sin duda ha podido constituir en opinión de este crítico, el mayor acierto de toda la temporada.

 

Miguel Morate Benito

Crédito @ Evie Fylaktou