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26.IX.2014. Mutter al rescate

  Temporada OCNE. Auditorio Nacional, sala sinfónica. 26-IX-2014 ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. Anne-Sophie Mutter, violín. Miguel Harth-Bedoya director Bernat Vivancos: Bach im Himmel Max Bruch: Concierto para violín y orquesta núm. 1, en sol menor, opus 26 Antonín Dvořák: Sinfonía núm. 9, en mi menor, opus 95, «Del Nuevo Mundo» Aforo: 2.324 Asistencia: 98%     La mejor manera de empezar una temporada es llenando un auditorio y para ello, invitando a una de las grandes músicas de nuestro tiempo: la violinista alemana Anne-Sophie Mutter (1963). El Auditorio Nacional de Música se llenó el viernes 26 de semptiembre para escuchar…

 

Temporada OCNE. Auditorio Nacional, sala sinfónica.

26-IX-2014

ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. Anne-Sophie Mutter, violín.

Miguel Harth-Bedoya director

Bernat Vivancos: Bach im Himmel

Max Bruch: Concierto para violín y orquesta núm. 1, en sol menor, opus 26

Antonín Dvořák: Sinfonía núm. 9, en mi menor, opus 95, «Del Nuevo Mundo»

Aforo: 2.324 Asistencia: 98%

 

 

La mejor manera de empezar una temporada es llenando un auditorio y para ello, invitando a una de las grandes músicas de nuestro tiempo: la violinista alemana Anne-Sophie Mutter (1963).

El Auditorio Nacional de Música se llenó el viernes 26 de semptiembre para escuchar a una instrumentista superlativa. Su sola presencia ensombrece –sin sentido peyorativo el programa musical al que se vaya a asistir; en esta ocasión abordó el Concierto para violín y orquesta de Max Bruch (1838-1920), obra que grabó en sus primeros años de concertista, bajo la tutela del austriaco Herbert von Karajan (1908-1989).

Pero la diva se hizo esperar. Al igual que el día anterior en el Palau de la Música Catalana, con el mismo programa, se inició el concierto con la obra de estreno del catalán Bernat Vivancos (1973). La pieza, titulada Bach in Himmel (“Bach en el cielo”), es una revisión o un homenaje o una glosa, díficil decidirse, del conocidísimo Preludio en do mayor BWV 846, de Johann Sebastian Bach (1685-1750) y su inagotable obra Das Wohltemperierte Klavier, Teil 1. Interesante planteamiento como si fuera un juego etntre solistas, esta composición para dos pianos, dos arpas, dos xilófonos y orquesta se inicia con los acordes arpegiados y modificados armónicamente del preludio bachiano, en un suerte de minimalismo, con una masa sonora casi de banda sonora cinematográfica. Sensación que se intensifica con la entradas de distintos instrumentos en un leve desfase de segundos, sin ser un canon, ya que implica toda la textura, con un choque de timbres y, claro, melodías: primero arpas y xilófonos, vientos… Un recurso muy atractivo y que funciona en sus primeros compases, creando una atmosfera poética, contemplativa si se quiere, sobre la obra de Bach.

Tras ese comienzo, y tras un par de segundos de silencio, la sección de cuerda y la percusión hacen su entrada con un fortissimo: efectista sin duda y, poco significativo, ya que la melodía que suma la cuerda es la manida melodía del Ave Maria de Charles Gounod (1818-1893). Otra vez el tema principal, con un tempo claremente mas lento, para llegar al final de la obra con el clarinete y definitivamente con los dos pianos cerrando con la repetición del Preludio de forma idéntica al principio. Quizá grandilocuente o excesivamente largo este perpetuum mobile melódico, la pieza no acaba de funcionar ni como homenaje ni como reinterpretación: el minimalismo es de tal simplicidad que acaba siendo algo naif y el tratamiento tímbrico fue demasiado simple. Desconciertan las entradas de toda la orquesta con ese aire fílmico que no ayuda, a nuestro parecer a conseguir “[…] el trabajo textural del magma que aparece y desaparece en el flujo armónico”, como señala en las notas al programa el propio compositor. Cierto es, al igual que sucedió en el resto del concierto, que la dirección orquestal no pareció entender esas masas sonoras y las transiciones entre los momentos de intensidad y los más reflexivos, que se evidenció en la Sinfonía de Dvořák que cerró el concierto.

Pero antes de eso, Anne-Sophie Mutter. Si bien su actuación se redujo al Concierto para violín y orquesta nº 1 de Max Bruch, no impidió que el auditorio se llenara. Es un concierto típico de repertorio, que ha eclipsado otras obras de su autor. Quiza la falta de estructura del primer movimiento lastra el tempo de la obra, que queda a espensas de la interpretación del solista. En esto, perfecta Mutter, con un sonido intenso, bello en momentos del Adagio, quizá falta del lirismo que recordamos de su grabación de la misma obra que realizó hace más de 30 años. Si desplegó toda su gama virtuosística en el Finale, un Allegro energico al nivel virtuosístico que caracteriza a la violinista alemana.

La orquesta estuvo correcta en su papel secundario, aunque faltó compenetración tanto con la solista como entre las diferentes secciones de la orquesta. Sus temas contrastantes y las referencias melódicas al folclore húngaro no fueron suficientes estímulos para que el director implicara definitivamente a la orquesta.

No cerró Mutter su intervención de forma especialmente cálida, ya que afrontó un bis, de una sonata para violín solo de Bach, con tal técnica y precisión, pero sobre todo velocidad, que se olvidó que había de retroceder más de un siglo en su concepto de interpretación musical. Casi , un ejercicio técnico.

Miguel Harth-Bedoya (1968) no estuvo nada acertado en conseguir que todas las secciones de la orquesta tocaran equilibradamente. Es cierto que la ONE tuvo por momento un sonido poderoso, sobre todo en las cuerdas, pero la falta de uniformidad era patente. Los pasajes concertantes, las transiciones, las intervenciones de los metales dejaron en evidencia la labor del director.

No muchas, pero algunas butacas quedaron libres en la segunda parte de este concierto inagural. La Sinfonía núm. 9 “Del Nuevo Mundo”, de Antonín Dvořák, que cerraba la velada musical del Auditorio, es ese tipo de obras tan conocidas, escuchadas, interpretadas, analizadas… que provocan ineludibles comparaciones. Y la versión del director peruano no provocó el típico estallido desaforado del público (tampoco ocurrió en la obra de Bruch). Con la orquestación original de esta sinfonía dotó el director a su versión del romanticismo necesario pero la falta de conexión entre la sección de viento metal y las cuerdas, así como de transiciones entre las secciones dentro de cada uno de los cuatro movimientos que conforman la obra, ofreció poca intensidad sonora y emocional en una obra de una vitalidad y bullicio contagiosos.

En definitiva, una selección musical muy atractiva para el comienzo de la temporada sinfónica, atractiva y espectacular, pero con una fallida intervención orquestal, que no dudamos que se irá corrigiendo en próximos conciertos.

Raúl Luis García