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Melancólica, dulce, salvaje

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La soprano Desirée Rancatore. Crédito: Outumuro-Fidelio Artist. Desirée Rancatore en el Teatro Real Desde su debut en el Festival de Salzburgo en 1996, con apenas 19 años, Desirée Rancatore se ha erigido como una de las sopranos belcantistas más destacadas de su generación. Con ésta, es la tercera vez que la soprano siciliana ha venido a cantar al Teatro Real. Desde su primera vez en Madrid en 2006, como Konstanze en El rapto en el serrallo, y Olympia de Los cuentos de Hoffmann, Rancatore ha incorporado roles como Violetta y consolidado su reputación como soprano belcantista. De vuelta en el…

La soprano Desirée Rancatore. Crédito: Outumuro-Fidelio Artist.

Desirée Rancatore en el Teatro Real

Desde su debut en el Festival de Salzburgo en 1996, con apenas 19 años, Desirée Rancatore se ha erigido como una de las sopranos belcantistas más destacadas de su generación. Con ésta, es la tercera vez que la soprano siciliana ha venido a cantar al Teatro Real. Desde su primera vez en Madrid en 2006, como Konstanze en El rapto en el serrallo, y Olympia de Los cuentos de Hoffmann, Rancatore ha incorporado roles como Violetta y consolidado su reputación como soprano belcantista.

De vuelta en el Real para interpretar la Marie de La hija del regimiento (en francés) de Gaetano Donizetti, visitamos a Rancatore en una soleada terraza cercana al Real, en la que nos pone al día –en un perfecto castellano– de sus proyectos y visiones artísticas, pero también de las nuevas formas de relación del artista con su público a través de las redes sociales –un medio en el que se maneja fantásticamente– o la vida itinerante del cantante de ópera.


Desirée Rancatore en el Teatro Real

Desde su debut en el Festival de Salzburgo en 1996, con apenas 19 años, Desirée Rancatore se ha erigido como una de las sopranos belcantistas más destacadas de su generación. Con ésta, es la tercera vez que la soprano siciliana ha venido a cantar al Teatro Real. Desde su primera vez en Madrid en 2006, como Konstanze en El rapto en el serrallo, y Olympia de Los cuentos de Hoffmann, Rancatore ha incorporado roles como Violetta y consolidado su reputación como soprano belcantista.

De vuelta en el Real para interpretar la Marie de La hija del regimiento (en francés) de Gaetano Donizetti, visitamos a Rancatore en una soleada terraza cercana al Real, en la que nos pone al día –en un perfecto castellano– de sus proyectos y visiones artísticas, pero también de las nuevas formas de relación del artista con su público a través de las redes sociales –un medio en el que se maneja fantásticamente– o la vida itinerante del cantante de ópera.

Tiempos convulsos para la lírica

Antes de centrarnos en el título que le trae a Madrid, le preguntamos sobre los profundos cambios que está viviendo el género operístico en los últimos tiempos. Y para cambios, los que ha vivido el Teatro Real durante la dirección artística de Mortier, quien fue su mentor artístico durante sus primeros años de carrera y la llevó a Salzburgo. Por otro lado, la crisis económica está poniendo en serios apuros a numerosos coliseos de todo el mundo, y especialmente en Italia, cuna de este género.

“La crisis nos ha llevado a sustituir el dinero por las ideas”

Rafael Fernández de Larrinoa: El teatro ha vivido una auténtica revolución desde su última visita. ¿Se notan los cambios desde el camerino?

Desirée Rancatore: Siempre que he venido aquí he apreciado una gran organización, un trabajo bien hecho. Es un teatro donde se trabaja muy bien y todo funciona como una máquina perfecta. Eso no ha cambiado y tampoco se puede mejorar. Creo que los cambios se ven más en las decisiones artísticas: los títulos escogidos para las temporadas.

R. F. L.: ¿Ha notado cambios en el público?

D. R.: Creo que el público de Madrid es muy competente, muy culto, sabe lo que le gusta y lo que no, y entiende si lo que ve y escucha está bien o no.

Crédito: Outumuro-Fidelio Artist.

R. F. L.: Insisto ¿no somos un poco fríos? Pocos aplausos, prisas por salir del recinto nada más bajar el telón…

D. R.: … Es verdad que la primera vez que vine con El rapto en el serrallo -un Singspiel con muchos diálogos en alemán- cantaba Konstanze, que es un papel terrible, sí pensé o que el público estaba frío o que no les gustaba la ópera. Después, cuando vine con Los cuentos de Hoffmann fue al revés, porque la muñeca siempre ha tenido un enorme éxito. Todo depende de los gustos del público, como todo… El Singspiel no es un género tan apreciado aquí como en Alemania.

R. F. L.: Venimos preguntando desde hace años por los efectos de la crisis en la ópera, pero seguimos aún porque la crisis persiste y las dificultades del sector parecen agravarse año tras año. ¿Ha tocado fondo? ¿hay recuperación?

D. R.: Sigue habiendo crisis en todas partes. Cierto es que se están encontrando fórmulas y equilibrios para capearla en algunos teatros. Algunos van muy bien, otros que no van. Italia está en la situación que todos sabemos, con la Ópera de Roma que no está muy bien, otros teatros que no se sabe si van a cerrar o no, si van a pagar o no… Una situación un poco fea. Lo que sí se ve es grandes esfuerzos por hacer cosas de calidad, lo cual a veces se logra y a veces no. Sin dinero no siempre se puede hacer todo lo que se quiere. Pero cada vez se recurre más a las ideas, al talento, los directores de escena están cada vez más en esta línea. O reciclar producciones. Todo esto creo que ayuda a superar esta situación. Creo, en cualquier caso, que la ópera nunca morirá. Gusta demasiado.

R. F. L.: ¿Cuándo superemos la crisis volveremos a lo de antes?

D. R.: No. Creo que ha cambiado la manera de entenderla. Nunca se volverá a gastar mucho dinero en cosas inútiles. En todos los ámbitos –no solo en la ópera- ha habido mala gestión.

El poder persuasivo de los sobreagudos y las agilidades

Rancatore ha convertido a Lucia de Lammermoor en su caballo de batalla, en sustitución de la Olympia de sus primeros años y la Reina de la noche, personajes a los que ha permanecido estrechamente ligada durante algún tiempo. Los personajes donizettianos en particular, y el bel canto en general, constituye, según ella, su medio natural. Queremos profundizar en su relación con estos personajes.

R. F. L.: Tú has cantado las tres principales protagonistas de comedias donizzetianas: La Marie que encarnarás en el Real, pero también la Norina del Don Pasquale y la Adina de L’elisir d’amore. ¿Cuál presenta mayores dificultades vocales?
D. R.: Marie es la más difícil sin duda. Tiene todo, el lado melancólico, el lado dulce, el lado salvaje, las variazioni di tradizione, porque los agudos no están escritos, sino que se han acumulado a lo largo de años de tradición, por las aportaciones de sopranos muy famosas que han cantado este rol: Se puede hacer a la manera lírica, como la escribió Donizetti, o con sobreagudos, variaciones, agilidades… Este es el camino que creo que sigo yo, en la línea de una Sutherland, Beverly Sills, Luciana Serra. Es la línea que siento más cercana. En cuanto a Adina y Norina, son bastante similares. Ambas son caprichosas, un poco malas ambas… son personajes muy cercanos entre sí. Cuando canto Adina tiendo a no hacerla demasiado antipática, la hago más caprichosa, más sensible hacia Nemorino… Norina es un poco antipática, y además tiene que serlo. Y aunque está escrita más para una soprano lírica, se pueden hacer más cosas con Adina que con Norina, y en ambos casos he añadido variaciones y sobreagudos, porque es lo que me ha distinguido a lo largo de mi carrera, y además yo hago uso de la coloratura y la agilidad para expresar algo.

“La coloratura no es un fin en sí mismo, es un medio para caracterizar los personajes y las situaciones”

No es solo algo funambulístico o virtuosístico en sí mismo, sino que tiene que estar en el carácter o en la situación del personaje. Es por ello que cuando canté la Adina en La Bastilla en 2007 restituí un corte habitual de casi dos páginas (la repetición de la cabaletta) y añadí las variaciones en la repetición, siempre en estilo donizettiano. Y he de decir que fue esta cabaletta la que me proporcionó el mayor éxito en La Bastilla, así como en otros teatros al cantarla como bis, por ejemplo en La Fenice o en Piacenza. Me produce mucha satisfacción que esta idea mía haya tenido tanto éxito.

R. F. L.: Entiendo que es lo correcto. Quiero decir que si hace años se consideraba que lo más riguroso era ceñirse a la partitura tal como la dejó el compositor –como, por ejemplo, ha defendido Riccardo Muti, no sé si sigue pensando así-, hoy en día se valora más la tradición no escrita.
D. R.: Claro, siempre ha existido, es algo que al público le gusta muchísimo, encontrarse un agudo inesperado…

Crédito: Outumuro-Fidelio Artist.

R. F. L.: … y permite al cantante desarrollar el papel de forma más personal…
D. R.: Tampoco puedes hacer lo que te dé la gana, tienes que seguir un estilo. Para ello me fijo siempre en lo que han hecho las grandes. Pero también puedes incorporar algo tuyo, siempre que esté en el estilo.

R. F. L.: Centrando la pregunta inicial, ¿cuál es el momento más comprometido del rol de Marie?
D. R.: Bueno, teniendo en cuenta que el momento más comprometido puede ser distinto para cada cantante, para mí es la primera aria “Il faut partir”. La más lírica y la que exige un mayor legato de toda la ópera es para mí también la más difícil. Y que no es lo que a menudo aparenta ser lo más difícil, que es la coloratura y los agudos. Transmitir algo con esta aria, llegar al corazón del público es para mí el reto más importante cuando canto este rol.

R. F. L.: Por suerte, aquí la melodía más lírica le corresponde a la soprano y no al tenor.
D. R.: Sí, el acompañamiento y la atmósfera es similar a la de la “furtiva lagrima”, aunque si se canta el aria posterior de la soprano –“Prendi, per me sei libero”- con suficiente expresividad, llega igualmente al público. Y lo sé porque así lo he vivido.

R. F. L.: A menudo has manifestado tu interés por abrirte a otros repertorios, como la ópera barroca. También has lamentado que te llamen menos para cantar Mozart desde que dejaste de cantar la Reina de la noche. ¿Te sientes encasillada en el belcantismo?
D. R.: Bueno, yo soy belcantista y canto bel canto. Mi repertorio es Donizetti, Bellini, Rossini. He cantado durante mis primeros años de carrera casi exclusivamente Mozart y esto ha sido una fantástica escuela vocal. Luego canté muchos Cuentos de Hoffmann, y sí que me he sentido encasillada en este rol: En la muñeca. Que he cantado más de 120 veces. Y también ha sido una grandísima suerte pues me ha abierto las puertas de los teatros más importantes del mundo. A los 25-26 años más o menos decidí dejar de lado este personaje -al que tampoco odio-, romper con el cliché Rancatore-muñeca y meterme con Lucia de Lammermoor cuando tenía unos 28 años. Quizá no fue la edad más recomendable para hacerlo, pero me permitió romper con Olympia y convertirme en lo que siento que soy, una belcantista. Luego vinieron Puritani, Gilda que he hecho un montón de veces –aún no siendo del todo un rol belcantista, sí es el más belcantista del repertorio verdiano- para llegar a Violetta, que aún es muy joven (la canté hace dos años) y que he esperado casi 20 años de carrera para hacerla.

Crédito: Outumuro-Fidelio Artist.

R. F. L.: En cuanto a la histórica producción de La hija del regimiento que veremos en el Teatro Real, ¿qué puedes decirnos?
D. R.: Esta producción ha resucitado La hija del regimiento y le ha abierto las puertas de los teatros de todo el mundo: Londres, New York, Viena, París, ahora Madrid. La producción es genial de principio a fin. Es una máquina perfecta, y los nuevos diálogos hablados le dan un ritmo cómico casi de película. Me parece siempre estar en una película. Los textos han sido ligeramente adaptados para Madrid en la parte que encarna Ángela Molina, y hacen reír mucho al público. En cuanto a mi personaje, no para nunca de hacer cosas: corto patatas, plancho, no paro de hacer cosas en el escenario. Pero al terminar acabas muy satisfecho y con el público muy contento.

Más allá de Donizetti

Rancatore es una ardiente defensora de la ópera francesa, un subgénero que ha sufrido como pocos un erosionador descrédito durante las últimas décadas, si tenemos en cuenta la infrecuencia en la programación de títulos como Hugonotes o Lakmé, o el desdén con el que una personalidad tan influyente como Mortier se ha referido a títulos como Los pescadores de perlas o Romeo y Julieta de Gounod. Por otro lado, la soprano siciliana espera aún la posibilidad de incorporar algún título barroco.

“Para mí es un lujo haber podido cantar en tres producciones distintas de Lakmé”

R. F. L.: ¿Echas de menos a Mozart?

D. R.: Claro que sí. En casa no paro de cantarlo. Y mantengo en repertorio oratorios, lieder, etc. La verdad es que me gustaría debutar como Susanna. Este es un objetivo próximo y creo que voy a lograrlo.

R. F. L.: ¿Tienes en mente abordar los grandes papeles donizettianos?

D. R.: ¿Las reinas? Sí, están en mi futuro, pero no muy cercano. Creo que la primera que cantaré será Maria Stuarda.

R. F. L.: ¿Y el barroco llegará o no llegará?

D. R.: El barroco me gusta mucho pero no acabo de ponerme de acuerdo con la parte vocal. El sonido fijo no me gusta mucho ni escucharlo ni hacerlo yo. Me gusta la messa di voce, el fiato… Entiendo que el barroco no debe cantarse con tanto vibrato, pero el sonido fijo, el sonido blanco, no me gusta. Si encuentro directores de orquesta barrocos que estén más cercanos a mi idea… Bueno, ya lo he hecho, he trabajado con Fabio Biondi y OttavioDantone, fantásticos músicos, he hecho ya cosas fantásticas. Con el primero hice Piramo e Tisbe de Hasse en Salzburgo y Montpellier y fue una experiencia maravillosa.

R. F. L.: ¿Algún rol barroco al que le tengas más ganas?

D. R.: La Cleopatra de Julio César.

R. F. L.: ¿Y algún rol que te gustaría cantar pero no se ajuste a tus características y quizá no puedas cantar nunca?

D. R.: Amo enormemente a Puccini. Soy pucciniana, muy pasional. Y esta música es la que mejor representa mi manera de ser. Pero la verdad, no hay papeles adecuados a mi voz. Salvo una Musetta que podría hacer para divertirme, la Lauretta. Pero no es Mimí, no es Tosca. En el caso de Mimí, nunca se sabe si podría llegar alguna vez.

R. F. L.: Aquí cantas una ópera que está a medio camino entre lo italiano y lo francés. Por cierto, un repertorio que tú has cultivado con especial cariño: Hugonotes, Lakmé, Pescadores de perlas… ¿qué podrías decir de este belcantismo francés?

D. R.: Los hugonotes es maravilloso, y este repertorio francés está absolutamente en mi línea y me gusta. Los pescadores es una joya absoluta, y la Lakmé es algo tan raro, te lo piden tan poco, que para mí es un lujo haberla cantado en tres producciones diferentes. Algo que es una rareza total en nuestros días. No entiendo por qué se hace tan poco Lakmé, la historia es fascinante y es una de las óperas más bellas del mundo. Al público le gusta mucho, le hace llorar.

R. F. L.: ¿Y la Manon de Massenet?

D. R.: Exacto, es un debut que pretendo hacer en dos años.

R. F. L.: Y un debut que nos encantaría disfrutar en algún momento. Muchas gracias, y mucha suerte en tus proyectos.