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07.XI.2014. Porque te quiero

  Temporada 2014/2015. Auditori 07-XI-2014 GÁBOR BRETZ, bajo. ELENA ZHIDKOVA, mezzosoprano. DAVIDE LIVERMORE, concepto artístico. MIGUEL BOSCH, videocreación. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. HENRIK NÁNÁSI, director musical. Bèla Bartók: Divertimento para orquesta de cuerda, Sz 113 y El castillo de Barbazul Aforo: 1.490 Asistencia: 60 %     Mientras en la Sala Principal del Palau de Les Arts (y como si no fuera con él) se desarrollaba una de las funciones alimenticias de Los Miserables, en el Auditori dio comienzo su novena temporada con un monográfico dedicado a Bartók. Ciertamente, la forma como acabó el curso, las consecuencias del ERE…

 

Temporada 2014/2015. Auditori

07-XI-2014

GÁBOR BRETZ, bajo. ELENA ZHIDKOVA, mezzosoprano. DAVIDE LIVERMORE, concepto artístico. MIGUEL BOSCH, videocreación. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. HENRIK NÁNÁSI, director musical.


Bèla Bartók: Divertimento para orquesta de cuerda, Sz 113 y El castillo de Barbazul

Aforo: 1.490 Asistencia: 60 %

 

 

Mientras en la Sala Principal del Palau de Les Arts (y como si no fuera con él) se desarrollaba una de las funciones alimenticias de Los Miserables, en el Auditori dio comienzo su novena temporada con un monográfico dedicado a Bartók. Ciertamente, la forma como acabó el curso, las consecuencias del ERE y las aireadas cartas de recomendación para músicos de la plantilla, redactadas por Metha tras su marcha (dijo que doce, en un gesto poco elegante), hacían temer por la situación en la que encontraríamos a la OCV. Pero bastó con escuchar los primeros compases del Divertimento para orquesta de cuerda de 1939 para disipar cualquier duda. (Ya nos había prevenido la Intendente. Más abajo lo contamos.) Las diferentes secciones sonaron igualadísimas, muy empastadas y con la misma prestancia que antes. Henrik Nánási dotó a la pieza neobarroca de gran intensidad, mucho lirismo en la sección central y un puntito de ironía en los pizzicati del tercer movimiento. Nada dejaba entrever siquiera la catastrófica aseveración del suplemento cultural de El Mundo de primeros de septiembre: “la marcha de Mehta deja en precario a la formación titular del Palau de les Arts”.

El castillo de Barbazul, ópera gótica con título de cuento de hadas, ocupó la segunda parte. Una versión concebida como de concierto, que se puede considerar como escenificada, ya que la simbólica videocreación de Miguel Bosch dotaba al escenario de gran teatralidad. Para ello se aprovechó la pantalla utilizada en la furera Trilogía romana que dirigió Prêtre en 2011, situada delante de la orquesta, y se instaló otra más pequeña en el coro. Así, la impresión de los cuadros de Gustav Klimt en paralelo y la superposición de un suelo enlosado tridimensional, sobre el que se abren las siete luminosas puertas y aparecen sus respectivas llaves, dejaba a los cantantes en una sugerente ingravidez y casi escondía a la orquesta al modo de Bayreuth. Un efecto cinematográfico que aproxima la concepción de Livermore a la teoría de que las escasas acotaciones escénicas de Bèla Balázs se deben al impacto del incipiente séptimo arte. No en balde, fue guionista y uno de los primeros teóricos del cine.

La orquesta rayó la excelencia. Como de costumbre. La música de Bartók brotó con naturalidad, con todos los matices pictóricos que su paleta requiere y con una densidad inusitada, hasta estallar en la deslumbrante, poderosa y estereofónica “Quinta puerta”. Todo, dicho por Nánási con sosiego, sin aspavientos. Como si el sinuoso contorno de las gorgonas del Friso de Beethoven, el secesionista Lebensbaum o el esperado Der Kuss se hubiera apoderado de la melodía. No hubo aristas. La lectura del director húngaro estuvo muy alejada del expresionismo de la interpretación que hizo Joan Pons en el Palau de la Música en marzo de 2010. En aquella ocasión, los protagonistas fueron Jane Irwin y Sir Willard White, quien había grabado esta ópera dirigida por Valery Gergiev, con Elena Zhidkova: la Judith de esta ocasión. La rusa, “desagradablemente neurótica y controladora” como la definieron en The Guardian, llevó la iniciativa dramática atrapando a al fracasado, sereno y resignado Barbazul compuesto por Bretz. Vocalmente poderosos y con sonidos llenos y bien timbrados, conocedores de las profundidades de sus respectivos roles, ambos fueron incapaces de sobrepasar, puntualmente, el muro orquestal debido a la altura a la que está situado el coro en el escenario.

Un aspecto de este título, poco aprovechado a mi juicio por el equipo de producción del teatro, es el marco temporal en el que se compuso la ópera, y las pinturas. La partitura es testigo de uno de los periodos más apasionantes de la historia europea del siglo XX, tanto en lo cultural, como en lo político. Bartók la concluyó en 1911 y no se estrenó hasta el 24 de mayo de 1918. Una época de crisis, marcada por el shock de la Gran Guerra, de la cual se celebra el centenario. En Hungría se produjo el descalabro del viejo reino que había forzado la magiarización de las minorías étnicas y la independencia, anterior a la inmediata Revolución de los Crisantemos. Aspectos todos ellos que marcaron a la intelectualidad y también al compositor y etnomusicólogo que nos ocupa.

Por el contrario, avispada estuvo Helga Schmidt al convocar a la crítica momentos antes del estreno (el día del ensayo general atendió a la prensa generalista). Como Judith, bien podría haber dicho:

– ¡Dame las llaves de las puertas! He de franquearlas todas. ¡Tenemos que abrirlas todas, abramos todas las puertas¡

– ¿Por qué Judith?

– Porque te quiero.

Fue una cita informal y amable, ella misma mencionó que no se había hecho nunca y AUDIOCLASICA.COM correspondió gustosamente. En ella, la vienesa quiso poner al día a la prensa especializada de la situación del coliseo y manifestar su interés por el proyecto. Schmidt agradeció la inyección de 3,9 millones de euros del Gobierno valenciano para terminar el año y el aumento de la asignación para los presupuestos del próximo ejercicio. Además, dijo que había alcanzado una de sus aspiraciones: programar a tres o cuatro años vista y así poder negociar y abaratar cachés. Aprovechó la ocasión para defender su gestión, ya que por encima de ella, o en paralelo, actúa desde principios de año el administrador, Francisco Potenciano. Ella solo ahorra, apuntó. De ahí el intercambio de producciones. También defendió su premiada (a la vez que criticada por cara) Tetralogía, como seña de identidad de un teatro en el que no había nada hecho y necesitaba marcar su lugar. No faltaron las quejas hacia el Ministerio de Cultura. Finalmente enumeró las situaciones sufridas en estos casi diez años de funcionamiento: inundaciones, averías… y un ERE que ha mermado a la plantilla técnica y artística, pero que ha dado paso a la ansiada estabilidad. Entre líneas, dejó abierta la puerta a su renovación (esta temporada acaba contrato), igual que dice que lo hizo Metha para reanudar el Festival del Mediterrani en el futuro.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Tato Baeza

Pie de foto: Lebensbaum de Klimt en una escena de El castillo de Barbazul