Audioclasica

17.XII.2014. Netrebko, excelsa y terrenal

ss   PALAU DE LA MÚSICA CATALANA. 17-XII-2014 ANNA NETREBKO, soprano. YUSIF EYVAZOV, tenor. ORQUESTA SINFÓNICA DEL VALLÈS. MASSIMO ZANETTI, director. Obras de G. Verdi, G. Puccini, U. Giordano, R. Leoncavallo y F. Cilea.  Aforo: 2.049   Asistencia: 100%     Excelsa. No concibo otra manera de calificar a Anna Netrebko y su actuación en el Palau, en un concierto previsto para mayo y aplazado entonces por indisposición para desespero de los devotos de la soprano rusa. En ese adjetivo aspiro a compendiar la maravilla de su voz lujosa, hoy por hoy de un lirismo pleno y subyugante sin perder…

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PALAU DE LA MÚSICA CATALANA.

17-XII-2014

ANNA NETREBKO, soprano. YUSIF EYVAZOV, tenor. ORQUESTA SINFÓNICA DEL VALLÈS. MASSIMO ZANETTI, director.


Obras de G. Verdi, G. Puccini, U. Giordano, R. Leoncavallo y F. Cilea. 



Aforo: 2.049   Asistencia: 100%

 

 

Excelsa. No concibo otra manera de calificar a Anna Netrebko y su actuación en el Palau, en un concierto previsto para mayo y aplazado entonces por indisposición para desespero de los devotos de la soprano rusa. En ese adjetivo aspiro a compendiar la maravilla de su voz lujosa, hoy por hoy de un lirismo pleno y subyugante sin perder la coloratura, con una presencia escénica que se enseñorea del espacio desde la primera aparición y una vis dramatica magnética. La Netrebko exhibió ese instrumento vocal suyo privilegiado, de un volumen, extensión y ductilidad que hacen empalidecer al de tantas colegas, un portento natural –pero no exento de una depurada técnica– que le permite apianar, subir, filatar y sostener, igual que transitar el registro bajo con solvencia o proyectar su centro hasta impresionar al auditorio. Excelsa.

Eligió para su exhibición un programa centrado en Verdi durante la primera parte y en el verismo durante la segunda. Y lo diré sin ambages: si alguien tenía alguna duda de que la rusa puede ser una soprano verdiana, debió de despejársele desde la primera nota de su “Tacea la notte placida” de Il Trovatore. En los últimos años es notorio el incremento de carnosidad en su voz y su tesitura responde perfectamente a lo que Verdi recababa: así lo puso de manifiesto también en “La luce langue” de Macbeth y después con la Desdémona de “Già nella notte densa” de Otello. Claro que para esta página se nos reveló ya que la excelsitud de la Netrebko tiene un reverso terrestre, porque el tenor que la acompañaba, Yusif Eyfazov, mostró a las claras que su único mérito para darle la réplica a la estrella es el de ser su prometido: ni su timbre ni su técnica ni su afinación alcanzan para un aprobado, por más que la Netrebko lo contemple embelesada mientras él hace sufrir al resto de los humanos con su Otello o descuartiza un Des Grieux. Ya se sabe que amor omnia vincit, que aquí convendría traducirse como “el amor es sordo”.

Menos mal que la Netrebko excelsa nos elevó de nuevo a su esfera celeste con los veristas, en especial con una inolvidable “La mamma morta” del Andrea Chénier y con “Io son l’umile ancella” de Adriana Lecouvreur, que bisó, mejorándola, tras una propina predecible con la “Canción de la luna” de Russalka.

La Orquesta Sinfónica del Vallès que, bajo la batuta de un entregado Massimo Zanetti, comenzó vacilante e imprecisa –muy mejorable su preludio de La forza del destino– fue sin embargo acoplándose poco a poco a los tempi que imponía la soprano para acabar cuajando incluso páginas muy meritorias como el intermedio de Pagliacci. Quien siguió incólume a cualquier contagio fue Eyfazov: para su despedida escogió –¡ay!­– un Nessun dorma que no merece reseña. La terrenal Netrebko seguía escuchándole arrobada.

Javier Velaza

Crédito: @ A. Bofill