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30.I.2015. Memorable Requiem de Verdi de El Orfeón Pamplonés en el ciclo de Ibermúsica

  Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ibermúsica 30-I-2015 LONDON PHILHARMONIC ORCHESTRA. ORFEÓN PAMPLONÉS. MAIJA KOVALEVSKA, soprano. ILDIKO KOMLOSI, contralto. DMYTRO POPOV, tenor. NIKOLAY DIDENKO, bajo. IGOR IJURRA, director del coro. VLADIMIR JUROWSKI, director.     Giuseppe Verdi: Messa da Requiem   Aforo: 2.324 Asistencia: 95%     El pasado día 30 de enero el Orfeón Pamplonés ofreció una actuación memorable junto a la London Philharmonic Orchestra en su bautismo en el ciclo de Ibermúsica. Se trataba de uno de los conciertos que la agrupación ha previsto esta temporada en la gira de celebración de su 150 aniversario y que…

 

Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ibermúsica

30-I-2015

LONDON PHILHARMONIC ORCHESTRA. ORFEÓN PAMPLONÉS. MAIJA KOVALEVSKA, soprano. ILDIKO KOMLOSI, contralto. DMYTRO POPOV, tenor. NIKOLAY DIDENKO, bajo. IGOR IJURRA, director del coro. VLADIMIR JUROWSKI, director.

 

 

Giuseppe Verdi: Messa da Requiem

 

Aforo: 2.324 Asistencia: 95%

 

 

El pasado día 30 de enero el Orfeón Pamplonés ofreció una actuación memorable junto a la London Philharmonic Orchestra en su bautismo en el ciclo de Ibermúsica. Se trataba de uno de los conciertos que la agrupación ha previsto esta temporada en la gira de celebración de su 150 aniversario y que junto a la cita del día 19 de marzo con Valery Gergiev y la Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, y su paso por los Proms junto a la BBC Philharmonic Orchestra con Juanjo Mena en el Royal Albert Hall constituían, sin duda, los puntos más álgidos de los festejos de esta veterana coral que dirige Igor Ijurra.

Su paso por Ibermúsica no pudo ser más brillante en una obra como es el Requiem de Verdi que Alfonso Aijón, director del ciclo, había prometido no volver a incluir debido a dos episodios previos de lo más accidentados. En el primero de ellos, que tuvo lugar en 1986 con Zubin Mehta y la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino el concierto tuvo que ser cancelado por intoxicación de los solistas. En la siguiente ocasión, sucedida en 1991 con Carlo María Giulini y la Philharmonia Chorus and Orchestra, el barítono solista tuvo que ser sustituido en el último momento por un cantante yugoslavo que se encontraba entre el público que no había cantado nunca la pieza. La noche se salvó, pero el papel del solista fue un desastre. No podía tener, por tanto, más emoción el concierto que una vez más volvía a contar más con un cartel de primera línea.

Baste decir, que los mejores momentos de la velada los brindó el propio Orfeón. Si bien, los solistas –todos ellos, voces eslavas– ofrecieron una actuación correcta, aunque discreta por la falta de equilibrio entre el cuarteto vocal, la orquesta hizo un papel brillante con una potencia, rotundidad y violencia impactantes en el “Dies Irae” y con momentos absolutamente brillantes como en la fanfarria de esa misma sección. Aún así, los instantes más bellos, más emotivos y de mayor profundidad y calado vinieron de las voces de un grupo amateur formado por cien personas que por momentos sonaron como una sola. Siempre hay cosas que mejorar y hubo pasajes que no terminaron de funcionar, como en la fuga del “Sanctus”, en donde orquesta y coro se desajustaron, no obstante, son muchos los fragmentos que podemos recordar aquí para ilustrar la calidad de su interpretación: el comienzo mismo, tras las palabras “Ad te omnis caro veniet” cuando tenores y bajos retoman la palabra de inicio “Requiem” Sotto voce y pianissimo, que sonó con una belleza de escalofrío; o poco después, cuando contraltos y sopranos cantan las palabras “Lucean eis” que sonaron con una dicción y una claridad asombrosas; también al final de la secuencia, cuando los bajos doblan la línea del barítono solista sobre las palabras “Jesu Domine Dona eis réquiem”; o por último, en uno de los momentos más estremecedores, el impresionante parlato en pianissimo de todo el coro sobre un re bemol en el “Liberame” sobre las palabras “Libera me, Domine, de norte aeterna, in die illa tremenda: quando ceoli movendi sunt et terra”.

Sin duda son suficientes muestras del buen hacer del conjunto vocal y de su buen estado de forma. Resulta todo un lujo para un país que vive de espaldas a la cultura y el arte el que haya un coro que funcione como lo hace el Orfeón Pamplonés y que haya sido capaz de existir durante 150 años. Esperemos que siga brillando durante mucho tiempo y no deje nunca de regalarnos tanta belleza como lo hizo el otro día.

Miguel Morate Benito

Foto: Rafa Martín