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02.II.2015.El regreso de la sacerdotisa

    Ginebra. GRAND THÉÂTRE 02-II-2015 ANNA CATERINA ANTONACCI, BRUNO TADDIA, STEVE DAVISLIM, ALEXEY TIKHOMIROV, JULIENNE WALKER. ORQUESTA DE LA SUISSE ROMANDE. CORO DEL GRAND THÉATRE DE GENÈVE. HARTMUT HAENCHEN: director musical. LUKAS HEMLEB: director escénico   Gluck: Iphigénie en Tauride Aforo: 1.500   Asistencia: 85%   Ha tardado treinta y siete años en volver a este escenario, pero la espera ha merecido la pena. La obra no es fácil y es lástima no presentarla con todos los cuidados posibles. Los resultados no han sido uniformes, pero el balance es más que positivo. Una nueva producción de un director de…


 

 


Ginebra. GRAND THÉÂTRE

02-II-2015

ANNA CATERINA ANTONACCI, BRUNO TADDIA, STEVE DAVISLIM, ALEXEY TIKHOMIROV, JULIENNE WALKER. ORQUESTA DE LA SUISSE ROMANDE. CORO DEL GRAND THÉATRE DE GENÈVE. HARTMUT HAENCHEN: director musical. LUKAS HEMLEB: director escénico

 

Gluck: Iphigénie en Tauride

Aforo: 1.500   Asistencia: 85%

 

Ha tardado treinta y siete años en volver a este escenario, pero la espera ha merecido la pena. La obra no es fácil y es lástima no presentarla con todos los cuidados posibles. Los resultados no han sido uniformes, pero el balance es más que positivo. Una nueva producción de un director de teatro debutante en la sala, que si bien ha cargado la mano a veces en la idea de los títeres como dobles de los personajes (y ha ‘distanciado’ más de la cuenta), ha logrado una buen amalgama de las influencias de los teatros no occidentales y el intento de recuperar una Grecia clásica mucho más viva en colores que lo que suele pensarse aún. Ha sido muy acertado contar con un maestro como Haenchen, que no es un especialista ni un filólogo, pero tiene idea del estilo, que sabe insuflar a una formación tan magistral como la Suisse Romande (no olvidemos lo mucho y bien que ha hecho en Amsterdam). El coro, preparado por Alan Woodbridge, estuvo en buena forma aunque creo que puede dar más. De los secundarios sobresalió, correctamente, la aparición final de Diana (Walker). Tikhomirov tiene voz, pero no es la mejor para Thoas: emisión dura y estentórea, actuación y dicción enfática que quedan mejor (en todo caso) en algunos papeles del repertorio eslavo. Taddia no tiene una voz bella ni importante, pero compensa su Oreste con la articulación, la credibilidad escénica y un buen estilo. Davislim canta su difícil Pylade bien, aunque juega a la defensiva cada vez que debe ir el agudo y su figura no es la ideal. Sobre todos destacó la protagonista de Antonacci, imbatible en este tipo de personajes y óperas (imagino que Berlioz habría estado fascinado con ella), de un francés clarísimo y cargado de intención en cada frase, de un timbre adecuadamente sombrío con momentos de calidez, y un agudo a veces áspero (la tesitura es tremenda y hubo que ‘pactar’ sin duda) pero firme. Imponente y doliente en partes iguales ha agregado otro personaje memorable a su ya larga serie.

Jorge Binaghi

Crédito: Carole Parodi
Pie de foto: Anna Caterina Antonacci y Bruno Taddia en un momento de la representación

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