Audioclasica

15.II.2015. Frescura mediterránea

  Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ibermúsica 15-II-2015 ROYAL CONCERTGEBOUW ORCHESTRA AMSTERDAM. MARISS JANSONS, director Debussy: Iberia M. de Falla: El sombrero de tres picos. Suite nº 1 y Suite nº2 J. Massenet: Suite nº 5 “Escenas napolitanas” O. Respighi: Pini di Roma   Aforo: 2.324 Asistencia: 95%     En medio de las dudas sobre la continuidad de Ibermúsica debido a la creciente bajada en el número de abonados, el ciclo sigue ofreciendo conciertos espectaculares. Estos encuentros organizados única y exclusivamente con financiación privada, que son un auténtico lujo para la vida musical de este país, son la…

 

Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ibermúsica

15-II-2015

ROYAL CONCERTGEBOUW ORCHESTRA AMSTERDAM. MARISS JANSONS, director

Debussy: Iberia

M. de Falla: El sombrero de tres picos. Suite nº 1 y Suite nº2

J. Massenet: Suite nº 5 “Escenas napolitanas

O. Respighi: Pini di Roma

 

Aforo: 2.324 Asistencia: 95%

 

 

En medio de las dudas sobre la continuidad de Ibermúsica debido a la creciente bajada en el número de abonados, el ciclo sigue ofreciendo conciertos espectaculares. Estos encuentros organizados única y exclusivamente con financiación privada, que son un auténtico lujo para la vida musical de este país, son la mejor respuesta a quien teme por la vida de la empresa que lidera ya desde hace más de 45 años Alfonso Aijón. La noche del pasado día 15 de febrero, con un Auditorio Nacional a rebosar, fue una auténtica fiesta que concluyó con un gran éxito. La batuta de Mariss Jansonss es mágica y puesta frente a una agrupación como la Royal Concertgebouw Orchestra Amsterdam no produce sino milagros. De otra forma cómo se puede entender la manera en que quien ha sido director titular del conjunto durante diez años convierta en fácil o facilísimo lo más complicado y transmita como es capaz de transmitir.
Jansonss es entusiasmo en estado puro, posee energía y musicalidad a raudales, y todas esas cualidades se perciben en cada uno de los geniales atriles que ocupan la orquesta. Bailó y nos hizo bailar en la “Jota” de El sombrero de tres picos (que, por cierto, suscitó la exaltación de algunos oyentes como la compañera de asiento de este comentarista que no pudo sino retener un ¡“Viva España”! al finalizar la obra). Nos hizo llegar mil matices y perfumes en la exquisita orquestación de Iberia de Debussy, y nos hizo vibrar con la frescura y la originalidad de Pini di Roma. Las suyas fueron versiones muy personales que pudieron adolecer de cierta pesadez en algunos momentos como en la “Danza de la molinera” (con cierta maldad cariñosa, podríamos decir que Jansonss parecía querer rebautizar la pieza con el nombre de La consagración de la molinera), o requerir más chispa y canallesca en Falla y en Debussy, pero que estuvieron llenas de brillo, color y luminosidad. 

Curiosa resultó, todo hay que decirlo, la elección de un programa de tintes tan mediterráneos, festivos y ligeros, y cuestionable, la inclusión en el concierto de una obra tan pobre como es la Suite número 5 “Escenas napolitanas” de Jules Massenet. En opinión de quien esto escribe, la propina –el Intermezzo de Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni– también resultó muy chocante. Simplemente, parece que se desaprovecha a una orquesta de tanto nivel como esta (una de las top ten) al hacerle tocar piezas de escasa dificultad técnica y de muy poca enjundia que podría abordar con soltura cualquier orquesta de foso. En cualquier caso, volviendo a nuestra tesis previa, el concierto fue una inyección de pura energía y optimismo, y eso ya de por sí constituye un regalazo para los sentidos y para el espíritu. A fin de cuentas, no resulta tan habitual en un concierto sinfónico salir con una sonrisa en la cara, un ritmo bailón en los pies y el ánimo para tararear una bella melodía, es decir, con la sensación de haberlo pasado en grande sin necesitar grandes discursos ni profundas reflexiones filosóficas. 

Sin duda, Ibermúsica logrará salir adelante de esta situación como ya lo ha hecho muchas veces. Es cierto que un descenso en 800 del número de abonados pone a la entidad en una situación muy complicada, pero Alfonso Aijón, un hombre sabio, será capaz de encontrar el camino que nos haga seguir disfrutando de la mejor música durante muchos años.
Miguel Morate Benito

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