Audioclasica

16.II.2015. Una Cuarta hedonista

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Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ibermúsica 16-II-2015 ROYAL CONCERTGEBOUW ORCHESTRA AMSTERDAM. MARISS JANSONS, director R. Strauss: El burgués gentilhombre G. Mahler: Sinfonía nº 4   Aforo: 2.324 Asistencia: 95%     Jansonss volvió a sorprendernos ayer en su segundo concierto de Ibermúsica al frente de la Royal Concertgebouw Orchestra Amsterdam. Y lo hizo por la elección del programa: la inusual Suite orquestal El burgués gentilhombre. Una pieza en formato de orquesta reducida compuesta entre 1911 y 1917 a partir de números de la ópera de cámara Ariadna en Naxos. Strauss emplea maderas a dos, cuatro metales, un generoso set…

Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ibermúsica

16-II-2015

ROYAL CONCERTGEBOUW ORCHESTRA AMSTERDAM. MARISS JANSONS, director

R. Strauss: El burgués gentilhombre

G. Mahler: Sinfonía nº 4

 

Aforo: 2.324 Asistencia: 95%

 

 

Jansonss volvió a sorprendernos ayer en su segundo concierto de Ibermúsica al frente de la Royal Concertgebouw Orchestra Amsterdam. Y lo hizo por la elección del programa: la inusual Suite orquestal El burgués gentilhombre. Una pieza en formato de orquesta reducida compuesta entre 1911 y 1917 a partir de números de la ópera de cámara Ariadna en Naxos. Strauss emplea maderas a dos, cuatro metales, un generoso set de percusión, piano y nueve cuerdas en una escritura constante en divisi. Se trata de una obra muy cínica como lo son muchas de Strauss, de corte neoclásico que, en sus números centrales, emplea giros armónicos barrocos y material de la música escrita por Lully para la comedia-ballet Le bourgeois gentilhomme.

La impresión de este comentarista no fue nada favorable en una escucha desde el patio de butacas (probablemente una mala ubicación para disfrutar de esta composición). A la interpretación le faltó transparencia, limpieza y cierta garra irónica para no convertir una música así en una enorme tarta de nata y fresa en una obra ya de por sí poco del gusto de quien esto escribe (por momentos tremendamente cursi, como en el solo de flautas del “Minueto”; por instantes, horriblemente kitsch, como en la orquestación con trino de triángulo, y puntuaciones de platillos, timbales y glockenspiel en “La entrada de Cléonte”; pieza, por cierto, cuyo comienzo para cuerdas solas fue lo más bello de la obra).

En la segunda parte del concierto pudimos escuchar una Cuarta de Mahler (un extraordinario análisis radiofónico realizado por Luis Ángel de Benito se puede encontrar en este podcast de Radio Clásica) llena de belleza y refinamiento. Jansonss nos brindó la oportunidad de saborear toda la compleja y rica densidad contrapuntística de la escritura del compositor checo con una nitidez cristalina, algo que de por sí es ya todo un logro. Su Mahler, lejos de ser el repertorio que mejor hace, se presentó con una riquísima paleta de colores tímbricos, matices y detalles -un planteamiento que en esta obra funciona de maravilla, por su cualidad camerística-, pero careció del miedo, la ironía y el dolor infantil que se hallan latentes en muchos de los compases de la obra. Fue, por tanto, una lectura equilibrada, hedonista y desapasionada, preocupada por traducir con la mayor perfección cada una de las notas de la partitura. Por su parte, Dorothea Röschmann, sustituta de Genia Kühmeier, no convenció en su papel en el último movimiento en una lectura amanerada, con un fraseo entrecortado y caprichoso en su manera de medir, a pesar de la bella cualidad tímbrica de su voz. Una voz potente, muy carnosa con un vibrato nervioso y rápido que podía recordar al de cantantes históricas como Ferrier o Schwarzkopf.

Mención especial merece el clarinete solista Olivier Patey que en los dos conciertos ofrecidos en el ciclo (una crítica del concierto del día 15 puede encontrarse aquí) hizo gala de una finura extraordinaria, un sonido bellísimo y una sensibilidad exquisita en cada uno de sus solos, como en el del comienzo del cuarto movimiento la sinfonía mahleriana.

Lástima el público, como siempre ruidoso, maleducado e incapaz de comportarse. Al comienzo del sublime tercer movimiento (en el que por cierto Jansonss lloró), el director ruso tuvo que aguardar casi un minuto para esperar a que la gente dejara de hacer ruido, de toser y de abrir caramelos. Lamentablemente el silencio duró poco y enseguida hicieron su reaparición las toses y demás compañeros molestos.

Miguel Morate Benito