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Consuelo Díez

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Consuelo Díez, Directora del Festival de Arte Sacro. La compositora Consuelo Diez se encuentra al frente del Festival de Arte Sacro desde hace casi una década y del Festival Clásicos en Verano. Es responsable, en buena medida, de su peculiar carácter que destaca por la proximidad y acercamiento al público, tratando de llevar la cultura, no solo a la propia capital sino, hasta algunos de los lugares más recónditos de la región. Religión y espiritualidad son la excusa y punto de partida para armar una programación que abarca más de mil años de música y que incluye obras de repertorio,…

Consuelo Díez, Directora del Festival de Arte Sacro.

La compositora Consuelo Diez se encuentra al frente del Festival de Arte Sacro desde hace casi una década y del Festival Clásicos en Verano. Es responsable, en buena medida, de su peculiar carácter que destaca por la proximidad y acercamiento al público, tratando de llevar la cultura, no solo a la propia capital sino, hasta algunos de los lugares más recónditos de la región. Religión y espiritualidad son la excusa y punto de partida para armar una programación que abarca más de mil años de música y que incluye obras de repertorio, estrenos, recuperaciones musicológicas, etc. Recientemente, con motivo de la presentación de la XXV edición a los medios de comunicación, tuvimos la oportunidad de charlar con ella en el recoleto Teatro del madrileño Palacio Bauer.

Los contenidos de la presente edición del Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid combinan la presencia de artistas y formaciones ya habituales en la escena madrileña como la Capilla Real de Madrid, Schola Antiqua o Harmonía del Parnàs, junto con otras de carácter internacional de la talla  del Ensemble Nuove Musiche, Collegium Marianum Praga o el Yale Glee Club of Yale University. En total suman casi cincuenta espectáculos repartidos en diecinueve municipios de toda la región sobre los que planean dos aniversarios: el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús y el XXV aniversario del propio Festival.

La compositora Consuelo Diez se encuentra al frente del Festival de Arte Sacro desde hace casi una década y del Festival Clásicos en Verano. Es responsable, en buena medida, de su peculiar carácter que destaca por la proximidad y acercamiento al público, tratando de llevar la cultura, no solo a la propia capital sino, hasta algunos de los lugares más recónditos de la región. Religión y espiritualidad son la excusa y punto de partida para armar una programación que abarca más de mil años de música y que incluye obras de repertorio, estrenos, recuperaciones musicológicas, etc. Recientemente, con motivo de la presentación de la XXV edición a los medios de comunicación, tuvimos la oportunidad de charlar con ella en el recoleto Teatro del madrileño Palacio Bauer.

Espiritualidad y religión a pie de calle

Raúl Jiménez. Creo que, dado lo señalado del aniversario, es momento oportuno para valoraciones y balances ¿Cómo fueron los inicios y cómo hemos llegado a lo que es ahora el Festival de Música Sacra?

Consuelo Díez. Llevo ocho años en la dirección, con lo que ya existía una trayectoria muy importante antes de mi llegada. Lo cierto es que el despegue se ha producido en los últimos años, pero esto es porque los inicios siempre son difíciles y la evolución natural es muy lenta. Poco a poco fue tomando cuerpo, aumentando el número de municipios participantes, siendo esto muy importante porque una de nuestras premisas es descentralizar la actividad. Con una programación bien diseñada puedes manejar todo tipo de formatos y atender a muy diversos núcleos de población, desde pequeños pueblos hasta grandes ciudades de la región; véase un gran teatro en Fuenlabrada o Alcorcón, o una pequeña iglesia en Fuentidueña del Tajo, por poner un ejemplo. Así, desde que llegué a la dirección, trato de acoplar la programación a cada lugar específico. A mi llegada ya tenía una entidad, pero le hemos dado más difusión a todos los niveles, lo cual se ha materializado en una magnífica respuesta por parte del público; en las pasadas ediciones hemos tenido que poner hasta vigilantes jurados a la entrada de algunos conciertos.

Presentación de la XXV edición del Festival de Arte Sacro. Crédito: Andrés de Gabriel.

R. J. Esta necesidad de poner orden mediante la figura del vigilante jurado ¿en qué tipo de espacios se produce?

C. D. Fundamentalmente, en iglesias de la capital. Para nosotros es un enorme éxito, pero no deseamos generar problemas de orden público y de ahí la mediada adoptada. En los templos no se puede cobrar una entrada, lo cual funcionaría a modo de filtro –aunque yo soy partidaria de hacerlo para que el público tome conciencia del valor–, y debido a la difusión que mencionaba, se forman unas colas enormes. Respecto a los espectáculos de cobro que tienen lugar en teatros y auditorios, hemos llegado a agotar entradas un mes antes. Esto es realmente un logro.

R. J. El Festival de Arte Sacro goza de diversas singularidades: es un festival de invierno (y estos no abundan), es un festival multicultural (el concepto sacro es muy amplio) y es un festival social, por así decirlo. ¿Cómo se llega adquirir esta identidad? ¿Es algo premeditado o se alcanza por una evolución natural?

C. D. Está profundamente estudiado. Nuestra intención era hacer un festival que creara público. La sociedad en este país, todavía a estas alturas, le da la espalda a la música en muchos ámbitos y nosotros queremos romper esa dirección para que el público esté de cara. Para ello, precisamente, elegimos unas fechas inmediatamente previas a la Semana Santa (fechas ya sobradamente copadas) y nos hemos desplegado en la temporada de Cuaresma. Por otra parte, tenemos un perfil abierto y multicultural para ampliar el espectro. Hay que recordar que, aunque el festival es eminentemente musical, también hay cabida para otras artes como el cine, el teatro o la danza.

Estamos en una región muy abierta en la que tratamos de no mirarnos nuestro ombligo y por tal motivo decidimos dar un paso más, incluso atendemos a lo espiritual, a lo que va más allá de lo estrictamente religioso

Ya desde los inicios se verificaba la presencia de manifestaciones de otras religiones que no se limitaban a la estrictamente católica, y me pareció especialmente oportuno continuarlo. No obstante, estamos en una región muy abierta en la que tratamos de estar atentos a muchos otros y no mirarnos nuestro ombligo (esto no pasa en todas las partes de España) y por tal motivo decidimos dar un paso más, incluso atendemos a lo espiritual, a lo que va más allá de lo estrictamente religioso. Todo ello tiene cabida en nuestro Festival. El hecho de ser un festival social también es premeditado porque lo que pretendemos es captar a ese público que normalmente no acude a conciertos, ganarlo y hacer que su siguiente paso sea acudir a los teatros y auditorios.

Consuelo Díez durante la presentación de la XXV edición del Festival de Arte Sacro. Crédito: André de Gabriel.

R. J. Otro gran logro es el de la mencionada descentralización, sin duda.

C. D. Para nosotros es muy importante por dos motivos: porque el festival está organizado por el Gobierno Regional, y porque ese es un campo en el que hay mucho trabajo por hacer. Tenemos un patrimonio inmobiliario importantísimo, como son la multitud de iglesias maravillosas diseminadas por la región, que no conocemos. Me viene a la memoria la Iglesia de la Aceveda (pequeño pueblo situado en la Sierra Norte) que a raíz de su participación en el festival, ha comenzado a ser utilizada para hacer multitud de grabaciones discográficas porque goza de una acústica impresionante. Así, se logra que público y profesionales conozcan lugares importantes en el desarrollo de su profesión. Tenemos que estar presentes en todos aquellos lugares en los que nos sea posible (dentro de nuestro presupuesto) para cubrir huecos.

Me viene a la memoria la Iglesia de la Aceveda que, a raíz de su participación en el festival, ha comenzado a ser utilizada para hacer multitud de grabaciones discográficas porque goza de una acústica impresionante

En múltiples ocasiones han venido espectadores a agradecernos el acercamiento de la música; en una ocasión –no diré dónde– me llegaron a decir “es la primera vez que he escuchado un violonchelo a dos metros de distancia”. Ésta es una característica de estos escenarios que se encuentran en los pueblos pequeños. Para mi es algo muy bello y creo que, en este sentido, caminamos en la dirección correcta.

R. J. Está usted poniendo énfasis en ese aspecto social de la música, lo cual me hace evocar otro festival que se encuentra bajo su dirección: el de Quintanar de la Orden en Toledo. Supongo que, el hecho de que usted esté involucrada en este otro proyecto, no es casualidad.

C. D. Así es. Hay mucho que hacer por la música en España y la Mancha es, especialmente, un erial cultural. En esta región sí es cierto que existe una tradición de bandas musicales muy arraigada (que realiza una enorme labor con los jóvenes), pero la oferta cultural más allá es prácticamente inexistente. Yo, que soy muy utópica, acepté la proposición de dirigirlo a pesar de contar con muy pocos medios.

R. J. La programación del Festival parece bien diseñada, muestra un equilibrio a la hora de atender obras de diversos estilos y épocas ¿Cómo se logra tal equilibrio programando?

C. D. A base de trabajo porque somos muy poquitos. En la oficina somos dos (en ocasiones tres), aunque en la Consejería tenemos departamentos que nos ayudan en la labor administrativa. Véase un departamento de prensa, otro de publicidad, etc. cierto es que yo superviso su trabajo, pero la realización es competencia suya. Así, es una cuestión de trabajo y de prudencia. No quería que, al ser yo compositora, se notase una especial inclinación a la música de hoy. Eso no se puede hacer porque en el contraste ganamos todos: si programo obras de diversas épocas en un mismo concierto, aumentan las posibilidades de que al menos una de ellas guste en la masa de público. Esa premisa la traslado a todo el Festival. Lo mismo se puede decir al respecto de la variedad de formaciones que participan.

Los Derviches Danzantes de Siria podrán verse en los Teatros del Canal en la edición 2015 del Festival de Arte Sacro. Crédito: Miguel Ángel.

R. J. El Festival de Arte Sacro está financiado con dinero público ¿Esta circunstancia condiciona?

C. D. Aquí tengo que decir que siento un respeto reverencial hacia el dinero público, se trata de algo sagrado. Recuerdo el caso un director de un festival belga que se sorprendía al ver que yo no programaba según mis gustos personales. Esta cuestión tiene mucha enjundia porque no es un tema de tu gusto, sino que tienes que ofrecer un producto que sea susceptible de gustar al público. Nunca programaría una obra que no tuviese la calidad suficiente, ese es un aspecto que tengo muy claro a la hora de elegir, una vez superado eso, dentro de la diversidad me decanto por aquellas obras que pueden aportar algo al público. Si manejamos dinero público, hay que pensar en los receptores y por eso buscamos hacer una programación ecléctica, para poder llegar a más ciudadanos.  

R. J. Este festival tiene algo que, para algunos sería una virtud, y para otros un defecto: si bien la presencia internacional está ahí, cierto es que abundan los interpretes, digamos, locales, los de el entorno que nos rodea.

C. D. Trato de tirar para casa. Intentamos que exista esa presencia internacional en la medida en que lo podamos pagar: este año tenemos algunas formaciones de Chequia como el Collegium Marianum Praga, un impresionante coro americano como es el Yale Glee Club of Yale University, el ensemble italiano Nouve Musiche, los Derviches de Siria, etc. Esto se hace porque sí que es cierto que es un reclamo ¿Quién podría ver al Collegium Marianum sin viajar a Praga? Todo esto es cierto.

Existe tal vorágine de actividades que en muchas ocasiones los músicos de aquí quedan absolutamente ignorados

En otro orden, aprovecho mucho las coproducciones, la presencia de grupos que están en gira, etc. Por otro lado, existe algo por lo que se ha trabajado con conciencia desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid: se busca que todos aquellos que han nacido, viven o desarrollan su actividad profesional en la región tengan un poco de apoyo y de respuesta por parte de los impuestos de los madrileños. Esto es muy importante. Se da la circunstancia de que Madrid, por ser la capital, punto de encuentro y cruce de caminos, en muchos casos desatiende a los propios madrileños, a quienes muchas veces no se les hace ni caso. Existe tal vorágine de actividades que en muchas ocasiones los músicos de aquí quedan absolutamente ignorados. Por tanto, esto que apuntábamos es pretendido.