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24 al 26.IX.2015. ¡A la mierda el jazz!

  Jazzeñe 2015. Teatro Rialto. 24 al 26-IX-2015 WYCLIFFE GORDON. ROBINSON KHOURY. TONI BELENGUER. CARLOS MARTÍN, trombones. UPTAKE. RAMÓN CARDO BIG BAND. RAMÓN CARDO, director.         Aforo: 394 Asistencia: 85%     Dos años después del I Congreso Internacional “El jazz en España”, Valencia volvió a ser la capital del género. Durante el último fin de semana de septiembre se ha desarrollado en el Teatro Rialto la segunda edición de Jazzeñe de la Fundación SGAE. Su objetivo es el de difundir el jazz que se hace en este país, por lo que se invita a programadores y…

 

Jazzeñe 2015. Teatro Rialto.

24 al 26-IX-2015

WYCLIFFE GORDON. ROBINSON KHOURY. TONI BELENGUER. CARLOS MARTÍN, trombones. UPTAKE. RAMÓN CARDO BIG BAND. RAMÓN CARDO, director.

 

 

 

 

Aforo: 394 Asistencia: 85%

 

 

Dos años después del I Congreso Internacional “El jazz en España”, Valencia volvió a ser la capital del género. Durante el último fin de semana de septiembre se ha desarrollado en el Teatro Rialto la segunda edición de Jazzeñe de la Fundación SGAE. Su objetivo es el de difundir el jazz que se hace en este país, por lo que se invita a programadores y responsables de diversos certámenes europeos. Esta feria muestrario internacional cuenta con la colaboración de Radio 3, Acción Cultural Española, la Universitat de València y Culturarts-GV, personificada en la atenta mirada de Jorge García. Un reputado especialista a quien se deben hitos recientes para nuestro jazz académico como el comisariado de El ruido alegre, exposición de la Biblioteca Nacional, la reciente edición del libro Jazz en español. Derivas hispanoamericanas por la Generalitat Valenciana y el mencionado congreso.

De entre los 319 conjuntos que acudieron a la convocatoria, doce fueron seleccionados para participar en las seis sesiones dobles programadas: tarde y noche, a cinco euros cada una. Los músicos dispusieron de 45 minutos para mostrar lo mejor de sí mismos, convencer al posible contratante y, es obvio, al numeroso público asistente que aportó su calor. Destacaremos, a modo de observación general, que hay sintonía entre músicos que saben lo que cuesta encontrar un lugar en un mercado complicado (aquello del nicho), al menos por lo que pudimos ver. Carmen París tuvo un detalle de cariño y reconocimiento hacia Nono García y su generación, “sin ellos yo no estaría aquí”, dijo. Por su parte, el barbateño hizo lo propio al recordar que cerca de esta ciudad cumplió el servicio militar y mencionó a los estudiantes malagueños, hijos de obreros, de la Universidad Laboral de Cheste (siempre rezuma por algún lado aquel añejo y autoritario paternalismo). No faltaron alusiones a la crisis en general, a la de la cultura en particular, y más en concreto, a la del jazz como especialidad.

La aragonesa, junto a Lucía Martínez (dos de doce), fue la encargada de reivindicar a la mujer, en el jazz y en la vida: Ejazz con jota. Cantó en inglés a los pueblos expoliados y oprimidos (qué bonito el Desalambrado de la percusionista gallega). También reivindicó, muy echá’ pa’lante, como ella es, la libertad creativa, con una voz más madura, firme y estilosa que en Jotera lo serás tú (2005). Qué le vamos a hacer “si no hay sensibilidad para captar el sustrato del mensaje musical…”. Esta pluralidad sí estuvo presente en el festival, íntimamente ligada a la raigambre, quizá la palabra más mencionada. La mayor parte de los participantes se presentaron como deudores de una raíz, sea folclórica, clásica, del blues o del be bop más definido. Entre todos estos supervivientes, estrellas consagradas y refulgentes unos y más o menos emergentes los otros, presentaron unas propuestas que vienen a echar un doble o triple cerrojo al sepulcro del jazz español. “El desierto de ayer es hoy un fértil valle”, decía este verano Chema García Martínez en El País.

Las audiciones comenzaron con el cuarteto de animoso nombre, Aupaquartet, jazz-rock strings de apellido. Se presentan con aire vintage y se les podría situar entre el Kronos Quartet jazzístico y, algo más lejos, el Soweto String Quartet. Los barceloneses derrochan simpatía en la presentación de su primer disco, Up!, un compendio de jazz, funk y son lleno de virtuosismo grupal e individual, además de aromas a fiddle. A continuación, Alexey León Quintet elevó la cota de expresividad con la sutil melodía, entre melancólica e inocente, de “Lidia” y el sentido tema “Zhivopisci”. El cubano, de origen ruso y domicilio valenciano, lidera un quinteto que aporta sonoridades delicadas y no rehúye el riesgo ante lo vertiginoso del be bop, tocado con extremada precisión entre Alberto Palau, Voro García y él mismo. Por la noche Yelo Trío presentó un proyecto de nu jazz sugerente y desconcertante a partes iguales. Trombón, multipercusión, bajo y electrónica dialogan para crear oníricos paisajes en un todo orgánico. En “Tríptico R” Eloy Lurueña encandiló con su cristalina dicción al vibráfono. No obstante, la tímbrica del conjunto resulta un tanto desparejada en directo, a diferencia del acabado del disco Geometría orgánica (2015). Carlos González, Sir Charles +3, y su reivindicación de lo De aquí (2007) cerraron la primera velada. La música del cuarteto tiene cierto sabor añejo y hace atractiva la revisión de Albéniz, Mompou o Cassadó en manos de Marcelo Peralta. Más interesante cuanto más alejada del original.

La emigración y la construcción de vallas, más mentales que efectivas, como dice Baricco en Los Bárbaros, llevan a Lucía Martínez y Agustí Fernández a describir el insospechado viaje de un emigrante. Desalambrado (2015), un CD con la marca hand made en la carpetilla, tuvo que ser resumido en la primera sesión del segundo día, aunque no por ello perdió su esencia. 40 minutos bastaron para reconocer la coherencia tímbrica del dúo y el sentido constructivo de una apuesta cageana, atonal y ruidista, a veces minimalista, de sonoridades nimias y momentos grandilocuentes, dichos con sutilidad y compenetración, sin atisbo de decaimiento alguno. Después, Diego Lipnizky y Siks Haedo, convertido en quinteto porque así lo demanda la convocatoria, también invitó a viajar, pero de forma más amable. Durante un trayecto que sonó a road movie buscaron sus Influencias (2015), halladas en Andalucía, además de en otros muchos lugares, como lo hacían los románticos europeos del siglo XIX. En el grupo se echó de menos la corporeidad que da el pianista François Faure. Tras la pausa llegó el momento valenciano. Albert Sanz ha cambiado de compañeros: Javier Colina y Al Foster en O que serà (2014) por Sergio Martínez y Rubén Carles. Juntos anticiparon algunos de los temas que formarán Mediterraníes, su próximo álbum. Sus composiciones oscilan entre los ecos de un músico de club ensimismado en su propia melancolía, que frasea y swingea a su antojo de forma exquisita, y la elegante animación de un gran hotel europeo (al hilo de la divertida anécdota de “Opatija”). Seguidamente una voz dio el aviso de “¡Abróchense los cinturones!” al presentar a Nu Roots (nuevas raíces) y, cual rutilantes estrellas, aparecieron tras del telón David Pastor, José Luís Guart y Toni Pagès. Con mucha imaginación y una puesta en escena muy cuidada dan rienda suelta a su creatividad para proyectar un sonido potente, a veces casi psicodélico, sobre el que todos pudieron desarrollar sus brillantes piruetas para enardecer al rendido público.         

La última jornada comenzó con la propuesta de David Mengual Slow Quartet: una música queda, a media voz, que incita a un abandono activo, introspectivo. La calidad comunicativa del cuarteto proporciona un estado anímico positivo, reforzado por una especie de himno que crece paulatinamente hasta el final de una actuación con silencios pero sin pausas. Un estado ideal para escuchar a continuación el maravilloso Imaginant Miró (2014) de Igansi Terraza. Una suite nacida en Washington como recuerdo del encuentro de Duke Ellington y Joan Miró en la Fundación Maeght en 1966. Esteve Pi y Mario Rossy (Horacio Fumero en el disco) completan el trío que crea un swing hedonista, sensible y profundo, de altos vuelos melódicos, como exégesis de algunos de los cuadros del pintor. Del lado de la emotividad caen temas como “El segador”, sobre el cuadro del mismo nombre, o “Nocturn” que narra Le chien aboyant a la Lune. “Polaritats”, a partir de Homme et femme devant un tas d xcrements, es intrigante y “Dança Tribal” representa el lado más divertido de Personnages et montagnes, paráfrasis del pianista en las que asoman las maneras de Arthur Honegger en sus retratos de paisajes o deportes. David Cid es el autor del vídeo proyectado. En él aparecen algunos de los fotogramas del encuentro entre Ellington y Miró, además de los personajes de los cuadros. Así, la superposición del piano de Terraza a las manos sobre el teclado de Ellington resultó una imagen hermosísima, además de emotiva.

Jazzeñe 2015 concluyó hablando de raíces y con la mirada puesta en el otro lado del Atlántico. La de Carmen París con su jota-jazz “a lo New York” y la de Nono García. El guitarrista gaditano construye una música de horizonte, de esas que hacen levantar la vista para mirar lo más lejos posible. Como cuando te encuentras en las marismas o a orilla del océano y quieres ver lo que hay al otro lado. Además de recordar trabajos anteriores, de su mano viajamos a la Breña, desde donde retornaron ecos de blues, funk y bossa. Con ellos se completó una muestra que trajo todas las músicas de la Tierra. Como las que dicen que salían del piano negro y vertical de tercera clase de aquel pianista del océano. El mismo que retó al arrogante Jelly Roll Morton y tras encender un cigarrillo con el calor que despedían las cuerdas de su piano, se lo dio para que se lo fumara. Con la misma pasión y entrega que Novecento estos artistas han hecho olvidar el jazz para que aparezca la música. Así, sin más. No sería de extrañar que algún Jelly Roll Morton local acabe exclamando: “¡Y a la mierda también el jazz!”, como en la leyenda.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Javier Vicente Ginés

Pie de foto: Nu Roots. David Pastor y José Luís Guart en escena. Toni Pagès a la batería.