Audioclasica

03.X.2015. Lo accesible y lo excelente

ss   Barcelona. L’AUDItori 03-X-2015 joshua bell, violín. OBC. Ramón Tebar, director. Obras de M. Oltra, E. Lalo, A. Ginastera y M. Ravel   Aforo: 2.203 Asistencia: 90%     Es moneda común tener en menos esa música clásica que puede calificarse de más accesible o popular, como si en materia de arte el valor residiera solo en lo abstruso y en lo minoritario. Que todo eso no pasa de ser una falacia pedante lo puso rotundamente de manifiesto este concierto de la OBC que contaba con la batuta invitada del joven Ramón Tebar y el protagonismo de Joshua Bell,…

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Barcelona. L’AUDItori

03-X-2015

joshua bell, violín. OBC. Ramón Tebar, director.

Obras de M. Oltra, E. Lalo, A. Ginastera y M. Ravel

 

Aforo: 2.203 Asistencia: 90%

 

 

Es moneda común tener en menos esa música clásica que puede calificarse de más accesible o popular, como si en materia de arte el valor residiera solo en lo abstruso y en lo minoritario. Que todo eso no pasa de ser una falacia pedante lo puso rotundamente de manifiesto este concierto de la OBC que contaba con la batuta invitada del joven Ramón Tebar y el protagonismo de Joshua Bell, un virtuoso del violín de primerísimo nivel.

Y es que el programa original venía integrado por un tríptico de obras bien conocidas: lo abría la Sinfonía española para violín y orquesta op. 21 de Édouard Lalo, se continuaba con Estancia op. 8 del argentino Alberto Ginastera y lo cerraba ni más ni menos el Bolero de Maurice Ravel; un repertorio, en fin, abierto a amplios públicos y pintiparado para el lucimiento de orquesta y de solistas, que iba a saldarse con un éxito muy notable de casi todos ellos.

El concierto se inició, sin embargo, con una página introducida a última hora, L’alimara, un poema sinfónico para dos coblas y percusión del compositor Manuel Oltra (Valencia 1992 – Barcelona 2015), desaparecido pocos días antes. La versión orquestal de la obra –firmada por el propio compositor– sonó convincente, a pesar de algunas dudas en las entradas y satisfizo el deber del merecido homenaje al mestre Oltra.

La presencia de Joshua Bell era sin duda el gran reclamo de la velada y a fe que el violinista de Indiana cumplió con creces con las expectativas: su técnica apabullante corre pareja a su sentido musical y a su expresividad sonora, y la colorista partitura de Lalo se convirtió en un excelente pie para el lucimiento de todas esas virtudes. Y por si la dimensión divulgadora del programa no hubiera sido suficiente, Bell recurrió en el momento de la propina a la celebérrima Méditation de la Thaïs de Massenet, que convirtió también en un prodigio de sensibilidad y buen gusto. Y si en algún pasaje el solista sucumbió al pecado venial del efectismo, justo es perdonárselo ante el raudal sonoro que supo extraer de su Stradivarius en una actuación realmente memorable.

Si en el título de Lalo la dirección de Ramón Tebar había sido pulcra con los tempi y respetuosa con el solista en materia de volúmenes, seguiría los mismos parámetros al abordar el de Ginastera. De este conviene destacar el cuadro II (La mañana) y en especial el cuadro V (Escena y danza final: Malambo), en los que Tebar acertó a extraer de la OBC un sugerente fraseo y a subrayar con tino la musicalidad de raíz folclórica que es omnipresente en la obra –como único punto censurable habría que señalar la estridencia excesiva con que se produjeron algunos metales y que el prometedor director no alcanzó a domeñar–.

El compromiso final, el archiconocido Bolero de Ravel, comenzó con dubitativas intervenciones de algunos de los solistas, pero las cosas volvieron paulatinamente a su cauce y Tebar consiguió acompasar las texturas a lo largo del crescendo para llegar al final de la partitura con notable brillantez. La entregada respuesta del público obedeció, sin duda, en parte, a lo accesible de la música que se le había ofrecido, pero también a la alta calidad de cuanto había tenido la oportunidad de oír.

Javier Velaza

Crédito: © May Zircus