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4.X.2015. Trágicos sopores

1 MADRID Roberto 15

Madrid. Teatro Real.  4.X.2015. Gaetano Donizetti: Roberto Devereux Aforo: 1.854 Asistencia: 95% MARIELLA DEVIA, GREGORY KUNDE, ÁNGEL ÓDENA, SILVIA TRO SANTAFÉ. BRUNO CAMPANELLA, DIRECTOR.   Tras dos años largos después del Roberto Devereux en versión concierto protagonizado por Edita Gruberova, hemos podido presenciar de este mismo título donizettiano en el primer teatro lírico del reino. ¿Qué explica este repentino entusiasmo por un título de interés musical tan relativo?   Dos parecen, a mi juicio, las razones más plausibles: La primera tiene que ver con ese comentario que me hizo ya hace unos años un trompista de una de las orquestas…

1 MADRID Roberto 15

Madrid. Teatro Real. 

4.X.2015.

Gaetano Donizetti: Roberto Devereux

Aforo: 1.854 Asistencia: 95%

MARIELLA DEVIA, GREGORY KUNDE, ÁNGEL ÓDENA, SILVIA TRO SANTAFÉ. BRUNO CAMPANELLA, DIRECTOR.

 

Tras dos años largos después del Roberto Devereux en versión concierto protagonizado por Edita Gruberova, hemos podido presenciar de este mismo título donizettiano en el primer teatro lírico del reino. ¿Qué explica este repentino entusiasmo por un título de interés musical tan relativo?  

Dos parecen, a mi juicio, las razones más plausibles: La primera tiene que ver con ese comentario que me hizo ya hace unos años un trompista de una de las orquestas estables madrileñas: “Desde que llegó la crisis no se hace apenas Mahler ni Strauss”. O dicho de otro modo, la economía de teatro de provincias, repletos de títulos “de los de toda la vida” que ni exigen una gran orquesta, ni merecen producciones espectaculares (el cartón piedra es barato), y que se resuelven con una prima donna y dos o tres roles principales más.

La segunda razón sería el tímido renacimiento vivido por este título, convertido en piedra de toque de sopranos belcantistas al final de su carrera -especie tristemente en extinción, por otro lado-, dada la edad del rol protagonista. Una convención injusta con la obra, pues agradece como cualquier otra la lozanía vocal que sí se exige a las protagonistas de otros títulos donizettianos. Y una carambola para una ópera no muy agraciada, con cierta inspiración melódica, pero orquestación sometida a la ley del mínimo esfuerzo (espantosa obertura) y una arquitectura pobre escasa de concertantes y números de conjunto y anclada en una sucesión de arias y dúos más bien rutinaria.

En cualquier caso, una razón de índole artístico, dada la talla de la cantante convocada -Mariella Devia, una de las más grandes belcantistas de su generación- y su escuetísimo palmarés madrileño. 

La Elisabetta de Devia hizo justicia a su trayectoria -muy por encima de su contrincante eslovaca hace dos años, por cierto-, con una afinación impecable, seguridad en los agudos, un legato de escuela y una coloratura aún competente. Faltó quizá un punto adicional de garra en el terceto y el final, bazas sin las cuales el rol pierde su principal interés.

Otro punto indiscutible de la producción fue la presencia de Gregory Kunde, otro fantástico belcantista -este, de nula trayectoria en el Real- que dio al rol titular un peso vocal y dramático muy por encima del que suele recibir. Lo queremos ver más veces.

Silvia Tro exhibió de nuevo sus virtudes vocales -solidez de la emisión, voz timbrada, terso fraseo- pese a lo poco vistoso de su rol. Ángel Ódena, por su parte, lució un torrente de voz algo descontrolado y escaso de dinámicas.

La propuesta escénica intentó distraer con una araña mecánica gigante la trivialidad y escaso interés del argumento, quizá intentando forzar en la mente del espectador la impresión de estar pasando por alto algún importante matiz de la obra, por lo demás inexistente. Más allá de la araña, tuvimos un salón de palacio, el interior de una vivienda, una prisión… todo más o menos igual de oscuro. También hubo un susto al final, suponemos debido a la ejecución del protagonista. 

En cuanto a la orquesta, Campanella pareció haber tirado la toalla en el intento -heroico- de sacar adelante la soporífera partitura, desaprovechando los escasos momentos del Acto II que sí podrían haber dado de si con un poco más de convicción. 

Rafael Fernández de Larrinoa

Pie de foto: Tres escenas del Roberto Devereux en la producción de Alessandro Talevi.

Crédito fotográfico: Javier del Real