Audioclasica

26.XI.2015. Pianista, caballero y poeta

  Temporada 2015/2016. Palau de la Música. Sala Iturbi 26-XI-2015 JEAN-YVES THIBAUDET, piano. Schumann: Kinderszenen, op. 15, y Sonata nº 1 en fa sostenido menor, op. 11. Ravel: Pavana para una infanta difunta y Miroirs.     Aforo: 1.817 Asistencia: 80%     Jean-Yves Thibaudet es un músico que se encuentra cómodo en diferentes registros: en el jazz (aunque dice que no es pianista de jazz), en la Ópera sin palabras (DECCA 2007) o en el de las bandas sonoras, entre otros. Su último trabajo cinematográfico ha sido Extremely loud and incredibly close (2011), una película titulada aquí Tan fuerte,…

 

Temporada 2015/2016. Palau de la Música. Sala Iturbi

26-XI-2015

JEAN-YVES THIBAUDET, piano.

Schumann: Kinderszenen, op. 15, y Sonata nº 1 en fa sostenido menor, op. 11.

Ravel: Pavana para una infanta difunta y Miroirs.

 

 

Aforo: 1.817 Asistencia: 80%

 

 

Jean-Yves Thibaudet es un músico que se encuentra cómodo en diferentes registros: en el jazz (aunque dice que no es pianista de jazz), en la Ópera sin palabras (DECCA 2007) o en el de las bandas sonoras, entre otros. Su último trabajo cinematográfico ha sido Extremely loud and incredibly close (2011), una película titulada aquí Tan fuerte, tan cerca, cuya música pertenece al parisino Alexandre Desplat. Su porte es elegante y su actitud en el escenario caballerosa. Llegó a Valencia con un programa que ha interpretado este noviembre en Seattle, en el Carnegie Hall y en el Concertgebouw. Es, además, el primero de los cinco grandes pianistas que actuarán a lo largo de este curso en la Sala Iturbi. Presagiábamos un lleno más importante del que hubo.

El pianista de Lyon llegó a Ravel a través de Lucette Descaves, magisterio que compartió con Pascal Rogé y las hermanas Labèque. También estudió con Aldo Cicollini. En Samson François reconoce a una de sus mayores influencias. Algo hay en la forma de caminar de su Pavana para una infanta difunta que recuerda a la de este último. Después, al escuchar Miroirs, tuvimos la certeza de que a Thibaudet le sienta muy bien el paso del tiempo. Aquella frescura de la grabación de 1992 se ha convertido en serenidad. Algo de contemplativo hay también. El gusto y la habilidad para moldear a placer el sonido del instrumento se han apoderado de aquella maestría técnica. Los recovecos más insospechados de “Noctuelles” resultaron sumamente dúctiles. En “Oiseaux tristes”, además de mostrarse evocador, consiguió una articulación más insinuada que pronunciada. Concitó la atención del público de tal manera que hubo un amago de aplauso en mitad de la suite. El delicado ir y venir del oleaje en “Une barque sur l’océan” dejó entrever lo delicioso de su textura. En ella, la acción de los elementos ha conseguido erosionar, para atemperarlos, algunos de los pasajes de más carácter. El músico derrochó imaginación en “La vallée des cloches”, para acabar con unas bellísimas resonancias en lontananza de las cuartas superpuestas en los dos acordes finales. Thibaudet cambió el orden de los dos últimos movimientos para finalizar el concierto con una “Alborada del gracioso” a la que no le hizo falta orquestación alguna. Su sonoridad fue plena, además de bien ritmada y cantada la copla con expresión.

Las obras de Ravel estuvieron precedidas por sendas páginas de Robert Schumann, hermosísimas en las manos del pianista galo. Él dice tener muy presente el repertorio romántico alemán, “tanto como el francés”, ya que por parte de madre es de ascendencia germánica. No obstante, al menos en el disco, lo ha frecuentado poco. Ha grabado los dos conciertos, las Variations sérieuses y el Rondo capriccioso, op. 14, de Félix Mendelssohn (2001), las Variaciones sobre un tema de Paganini para piano, op. 35, de Johannes Brahms y, en el mismo compacto, los Estudios sinfónicos, op. 13, de Schumann (1995). Esta página dio pie al compositor a comenzar una etapa creativa importante. Es el inicio de su relación con Clara Wieck. A ella está dedicada la Sonata nº 1 en fa sostenido menor, op. 11, editada en nombre de los controvertidos Eusebius y Florestán. Thibaudet habla de esta obra como de un gran libro lleno de intensidad, ternura, belleza y excitación y de alguna manera esa fue su lectura. Desde un dialogar ensimismado consigo mismo en el primer movimiento, hasta un exultante “Intermezzo” con aire de polonesa chopiniana. ¡Qué bien dijo el “Aria”! Al “Allegro” final no le vino nada mal el puntito de melancolía vertido. Otra obra de esta época es Kinderszenen, op. 15, en la que el pianista consiguió evocar un sinfín de sensaciones al inicio del recital, con el scherzando de “Ritter von Steckenpferd” o con el elegante fluctuar del tempo de “Fürchteanmachen”. “Kind im Einschlummern” fue sorpresivo en su delicadeza. Al igual que el autor, Thibaudet recrea el mundo infantil como adulto, por lo que se le escapó cierto aire sentencioso en “Der Dichter spricht”, a modo de recapitulación y conclusión.

El francés cerró el círculo en los bises. Ofreció Intermezzo nº 2, op. 118, de Brahms, y uno de los Estudios de Chopin. Sonó virtuoso éste y lleno de ternura aquel a quien su amigo Schumann llamó el músico del futuro.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Decca/ Kasskara

Pie de foto: Jean-Yves Thibaudet