Audioclasica

11.I.2016. Uchida, Azorín, Juan Ramón

ss   PALAU DE LA MÚSICA CATALANA 11-I-2016 MAHLER CHAMBER ORCHESTRA. MITSUKO UCHIDA, PIANO. Obras de W. A. Mozart.   Aforo: 2.049 Asistencia: 95%     Desconozco si Mitsuko Uchida ha leído alguna vez a Azorín. Si así fuese, seguro que en esa prosa límpida y escueta, esencial, reconocería un fraseo muy similar al que ella imprime a su Mozart. La dificilísima sencillez azoriniana se encarna pianísticamente en el discurso mozartiano de Uchida, despojado de cualquier aditamento superfluo, reluctante al manierismo, casi desnudo. Y desconozco también si Uchida ha leído a Juan Ramón. Con él compartiría la devoción por la…

ss

 

PALAU DE LA MÚSICA CATALANA

11-I-2016

MAHLER CHAMBER ORCHESTRA. MITSUKO UCHIDA, PIANO.

Obras de W. A. Mozart.

 

Aforo: 2.049 Asistencia: 95%

 

 

Desconozco si Mitsuko Uchida ha leído alguna vez a Azorín. Si así fuese, seguro que en esa prosa límpida y escueta, esencial, reconocería un fraseo muy similar al que ella imprime a su Mozart. La dificilísima sencillez azoriniana se encarna pianísticamente en el discurso mozartiano de Uchida, despojado de cualquier aditamento superfluo, reluctante al manierismo, casi desnudo.

Y desconozco también si Uchida ha leído a Juan Ramón. Con él compartiría la devoción por la limpidez, la luminosidad, y, sobre todo, la transparencia. Si se me permitiera parafrasear al de Moguer, lo que consigue destilar la pianista japonesa sería “La transparencia. Mozart. La transparencia”. Y no es que con el resto de su extenso repertorio no alcance Uchida altas cotas de emoción –su Beethoven, su Schubert, su Brahms– o de inteligencia interpretativa –ese Schönberg al que recurrió para ofrecer una minimalista pero maravillosa propina en este concierto–: pero no se negará que su Mozart resulta tan sublime que está a punto de sustanciarse en paradigma de su concepción musical.

En esta ocasión Uchida trajo dos conciertos tan próximos en su tiempo de composición como distantes en el espíritu que reflejan. El n. 19 en Fa mayor KV 459 es obra optimista, radiante, marcial, de regusto haydniano; el celebérrimo n. 20 en Re menor KV 466 está pintado en claroscuro, se tiñe de elementos dramáticos y prefigura a Beethoven, que lo admirará y emulará en sus inicios. A tal antítesis Uchida le dio una respuesta admirable: sin llevar la oposición a la hipérbole, supo poner de relieve las dos caras de un mismo Mozart, esculpiendo un busto bifronte del genio salzburgués.

La elocuencia de su piano se confabuló esta vez con la de la Mahler Chamber Orchestra, un prodigio de comunión musical: el conjunto, que carece de director titular y en la práctica se rige por una suerte de autogestión asamblearia, obedeció en ambos conciertos a la gestualidad heterodoxa de la pianista y, en el Divertimento en Sí bemol menor KV 137, “Sinfonía Salzburg”, que se programó como gozne entre aquellos, siguió la pauta marcada por su concertino, Itamar Zorman. Asombrosa pulcritud la que evidenciaron en toda la velada sus jóvenes componentes, que nos trajo a la memoria y a la emoción el nombre del fundador del conjunto, el añorado Claudio Abbado. Y gozosa ceremonia mozartiana, en fin, la que concelebraron con Uchida, suma sacerdotisa hoy por hoy de ese evangelio.

Javier Velaza

Crédito: © Antoni Bofill