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07.II.2016. Amadeé el arquitecto

Invierno 2016. Abono 1. Palau de la Música. Sala Iturbi 07-II-2016 MARTIN FRÖST, clarinete. ORQUESTA DE CÁMARA SUECA. THOMAS DAUSGAARD, director. Wolfgang A. Mozart: Sinfonía nº 39, KV 551 y nº 41 “Júpiter”, KV 543, Concierto para clarinete y orquesta en la mayor, KV 622 Aforo: 1.781 Asistencia: 90%         En menos de un mes el Palau de la Música de Valencia ha ofrecido dos monográficos dedicados a Mozart. El primero, como dimos cuenta en Audioclasica.com, destacó por la sutil intimidad y cómplice precisión con la que Mitsuko Uchida y la Mahler Chamber Orchestra abordaron dos de…

MARTIN FRÖST, clarinete. ORQUESTA DE CÁMARA SUECA. THOMAS DAUSGAARD, director.

MARTIN FRÖST, clarinete. ORQUESTA DE CÁMARA SUECA. THOMAS DAUSGAARD, director.

Invierno 2016. Abono 1. Palau de la Música. Sala Iturbi

07-II-2016

MARTIN FRÖST, clarinete. ORQUESTA DE CÁMARA SUECA. THOMAS DAUSGAARD, director.

Wolfgang A. Mozart: Sinfonía nº 39, KV 551 y nº 41 “Júpiter”, KV 543, Concierto para clarinete y orquesta en la mayor, KV 622

Aforo: 1.781 Asistencia: 90%

 

 

 

 

En menos de un mes el Palau de la Música de Valencia ha ofrecido dos monográficos dedicados a Mozart. El primero, como dimos cuenta en Audioclasica.com, destacó por la sutil intimidad y cómplice precisión con la que Mitsuko Uchida y la Mahler Chamber Orchestra abordaron dos de sus páginas pianísticas. El segundo lo constituye esta propuesta de la Orquesta de Cámara Sueca, dirigida por Thomas Dausgaard, y la colaboración de Martin Fröst con el clarinete. La plantilla del conjunto escandinavo presentó una formación mixta en lo que a la instrumentación se refiere: trompetas de época y resto de los vientos actuales. Las cuerdas graves estaban situadas en el interior, de izquierda a derecha: contrabajos, chelos y violas. Violines, al borde del escenario. La diferencia sonora entre ambas fue notoria en favor de la compacta sección de graves. En algunos momentos de la Sinfonía nº 39 los violines primeros quedaron pobres y en la “Júpiter” su afinación no estuvo del todo acertada.

El Mozart de Dausgaard fue extrovertido, dinámico y vital. En muchas ocasiones, el director fraseó con su cuerpo para que la orquesta lo hiciera con él. Otras, dejó solo al conjunto. Sin marcar el compás y sin batuta, impuso una clara direccionalidad y repartió entradas a diestro y siniestro arbitrando el diálogo entre familias instrumentales. Inició la Sinfonía nº 39 con un galante y bailable primer tema, después de la mayestática introducción. En el “Andante” contrastó las alternancias entre las tonalidades mayores y menores ayudándose con el reposo del tempo. En el trío del tercer movimiento destacó el carácter jocoso, y un puntito humorístico, del excelente dúo de clarinetes y la respuesta en legato de la cuerda, así como el ágil enunciado del tema del “Rondó”. La Sinfonía nº 41 resultó de humores cambiantes. Fluctuó entre la luminosidad y el enérgico fraseo de su introducción y la severa oscuridad del carnoso segundo tema del “Andante cantabile”, en el que el director exigió una sonoridad ancha con los brazos por debajo de la cintura, dejando sobresalir al oboe solista. En el cuarto movimiento, la claridad del tema extraído del canto llano en el fugato y la masa sonora del conjunto puso de manifiesto la gracia arquitectónica de la escritura mozartiana. Al acabar, ofreció como bises tres de las Danzas húngaras de Johannes Brahms en una creativa orquestación del propio Dausgaard y una desenfadada interpretación.

Entre ambas piezas, Martin Fröst, con el Concierto para clarinete en la mayor, hizo levitar a un público entregadísimo. El “Adagio” fue antológico: fraseo equilibrado, sonoridad tersa y vuelta al tema con un tenue, delicado y emocionante pianísimo. Antes y después hizo gala de una límpida articulación, de ligereza en el sonido que obtiene de la reinterpretación moderna del desaparecido clarinete di basseto, que no corno, inventado por Anton Stadler, y de una musicalidad extraordinaria, de la cual cualquier inflexión o contraste se vio reflejado en la orquesta (tan solo unas trompas poco atinadas afearon un tanto el conjunto). En este momento, no hacía falta que Dausgaard hubiera ocupado el podio. Fröst, con su gestualidad, bien podía haber dirigido la pieza. La expectación ante el debut en Valencia del músico sueco era máxima, lo cual se hizo notar en la numerosa presencia de clarinetistas profesionales y jóvenes estudiantes entre el público, en la larga ovación que se le tributó al terminar (una de las más prolongadas que recuerdo) y en la poblada cola que se formó en el hall del auditorio para dedicar sus discos. De Fröst and Friends (BIS 2010) regaló Let’s be happy, una virtuosa danza klezmer para él y alegre en el acompañamiento orquestal en arreglo de su hermano y viola, Goran Fröst. Toda una declaración de intenciones. En Roots (Sony 2015) incluye otra del mismo estilo y arreglista. Unas raíces que reconoce en los músicos más variados, y cómo no, en este Mozart exquisito y equilibrado. Dos veces lo ha grabado, con diez años de diferencia.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Revelarte
Pie de foto: Martin Fröst y Thomas Dausgaard en el Palau de la Música de Valencia