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30.III.2016. Todos los Mozart posibles

Primavera 2016. Abono 1. Palau de la Música. Sala Iturbi 30-III-2016 THOMAS BLOCH. NICOLAS BALDEYROU. CHIARA SKERATH. HELENA RASKER. YANN BEURON. YORCK FELIX SPEER. COR DE CAMBRA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA. LES MUSICIENS DU LOUVRE. MARK MINKOWSKI, director. Obras de Wolfgang A. Mozart Aforo: 1.781 Asistencia: 95%       En el tercer monográfico dedicado al músico de Salzburgo en lo que va de año todos los Mozart posibles fluyeron de los instrumentos de Les Musiciens du Louvre. Marc Minkowski presentó cinco obras compuestas en su último año de vida en un espectáculo pensado para ser representado sin…

1_VALENCIA_03-30-2016Primavera 2016. Abono 1. Palau de la Música. Sala Iturbi

30-III-2016

THOMAS BLOCH. NICOLAS BALDEYROU. CHIARA SKERATH. HELENA RASKER. YANN BEURON. YORCK FELIX SPEER. COR DE CAMBRA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA. LES MUSICIENS DU LOUVRE. MARK MINKOWSKI, director.

Obras de Wolfgang A. Mozart

Aforo: 1.781 Asistencia: 95%

 

 

 

En el tercer monográfico dedicado al músico de Salzburgo en lo que va de año todos los Mozart posibles fluyeron de los instrumentos de Les Musiciens du Louvre. Marc Minkowski presentó cinco obras compuestas en su último año de vida en un espectáculo pensado para ser representado sin solución de continuidad en sus dos partes. Él mismo impidió que el público aplaudiera entre obras manteniendo los brazos bien altos al final de cada una de ellas. Incluso al ofrecer fuera de programa una sublime versión del motete Ave rerum corpus, también de 1791, que hizo que se nos pusiese un nudo en la garganta.

El concierto lleva por título El testamento de Mozart pero no por ello carga las tintas en lo dramático y en las terribles fabulaciones que de sus últimos momentos se suelen hacer. Bien al contrario, el director parisino resalta todos los matices de su música. Comenzó con la delicadeza y sutil broma de los sonidos de la armónica de cristal interpretada por Thomas Bloch junto a un cuarteto formado por músicos del conjunto puesto en pie. Seguidamente Chiara Skerath, con un sonido bellísimo, hizo aflorar la tristeza de Pamina en el aria “Ach, ich fühl’s, es ist verschwunden” del segundo ato de La flauta mágica. Y con sus últimas notas, las primeras del Concierto para clarinete en la mayor con Baldeyrou saliendo de entre bastidores. El clarinetista opta por la interpretación de la pieza con un instrumento original, a diferencia del ciclón Fröst que pasó por este mismo escenario el mes pasado. Su sonido es natural y equilibrado. Hace que todo parezca fácil y tiene un gusto exquisito. Minkowski mimó su acompañamiento y posibilitó el lucimiento de la orquesta en los tutti. Resultó llamativo el empaste entre trompas y violines. Las primeras estaban colocadas detrás de éstos, a la izquierda del escenario.

Tras el descanso, la obertura de La clemenza di Tito sonó luminosa y enérgica. La disciplina de Les Musiciens quedó patente. Atentos a las indicaciones del director cortan o modulan los sonidos con mucha precisión. El Réquiem contó con la intervención del Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana y si bien se echó en falta un poco más de empaste entre sus mimbres, hay que agradecerle que cantara su parte de memoria, sin partituras en las manos. Lo cual hizo brotar un plus de dramatismo y facilitó su implicación en el conjunto. Junto al equilibrado cuarteto solista y a los músicos hicieron posible que en lo expresivo se pasase de lo terrible a lo delicado con pasmosa naturalidad. En todo él el fraseo y la direccionalidad impuesta por Minkowski fueron locuaces, pero más en el suplicante “Lacrimosa”. El “Rex tremendae” acabó con mucha suavidad al implorar “salva me, fons pietatis”. En la parte de Süssmayr destacó la sonoridad arrastrada de los contrabajos (primera parte del “Offertorium”) y la oscuridad con la que se dibujó el “Agnus Dei”, para llegar a un extremado y estremecedor pianissimo en la ultima palabra, sempiternam. La recopilación de temas en la “Communio” fue enérgica a la vez que diáfana. Y, como se ha dicho, de ahí surgió un emotivo Ave verum corpus que redondeó un no menos emocionante concierto.

Daniel Martínez Babiloni

Crédito: Marco Borggreve
Pie de foto: Marc Minkowski