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10.IV.2016. Una Fanciulla del west de cine

La fanciulla del west

Barbara Haveman y Roberto Aronica en el primer acto de La fanciulla del West”. ©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala MILÁN. Teatro alla Scala. Temporada de ópera 2015/2016. BARBARA HAVEMAN, CLAUDIO SGURA, ROBERTO ARONICA, CARLO BOSI, GABRIELE SAGONA, ALESSANDRO LUONGO, MARCO CIAPONI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. ROBERT CARSEN, DIRECCIÓN DE ESCENA. RICCARDO CHAILLY, DIRECCIÓN MUSICAL Puccini: La fanciulla del West Aforo: 2.222 Asistencia: 90% La fanciulla del West de Puccini es una ópera que marca una antes y un después en la producción operística del compositor de Lucca. Ante todo en lo que se refiere a los temas…

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Barbara Haveman y Roberto Aronica en el primer acto de La fanciulla del West”.

©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala

MILÁN. Teatro alla Scala. Temporada de ópera 2015/2016.

BARBARA HAVEMAN, CLAUDIO SGURA, ROBERTO ARONICA, CARLO BOSI, GABRIELE SAGONA, ALESSANDRO LUONGO, MARCO CIAPONI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. ROBERT CARSEN, DIRECCIÓN DE ESCENA. RICCARDO CHAILLY, DIRECCIÓN MUSICAL

Puccini: La fanciulla del West

Aforo: 2.222
Asistencia: 90%

La fanciulla del West de Puccini es una ópera que marca una antes y un después en la producción operística del compositor de Lucca. Ante todo en lo que se refiere a los temas que elige para los argumentos que escoge para sus obras y en la forma en que desarrolla sus dramaturgias. Si en óperas como Manon Lescaut, Bohème, Tosca y Madama Butterfly los personajes se presentan al público y viven sus avatares – y las emociones que estos desatan – de forma totalmente inmanente, o sea en el presente, en la obras posteriores ocurre exactamente el contario. Los protagonistas de La fanciulla del West, el Trittico, La Rondine y Turandot se muestran fundamentalmente en virtud de su pasado, envueltos dentro de una desgarradora melancolía que procede de un sentimiento de pérdida incapaz de ser superada del todo. La vicisitudes personales y sentimentales en la vida privada del compositor después de 1907 fueron sin duda causa de esta transformación. Un cambio que repercute también en el lenguaje musical, que en las últimas cuatro óperas se acerca siempre más a la modernidad haciéndose más complejo y de esta forma menos directo y emotivo para el público. En La fanciulla del West tenemos por un lado una canto melódicamente más pobre y un declamado sutilmente diferenciado y rico en matices: por otro lado, una orquesta que alcanza un protagonismo absoluto con un empleo de la armonía y del lenguaje rítmico (extremadamente variado e interesante) muy refinados y en los que se percibe claramente el eco de la tendencias musicales más modernas: Debussy, Strauss y la Escuela de Viena. No es casualidad que Ravel aconsejara a sus alumnos estudiar la partitura y que Webern estuviera entusiasmando por la orquestación de Puccini.

Escogiendo la nueva edición crítica de la partitura (que devuelve la ópera tal como la entregó Puccini en 1911 al Metropolitan de Nueva York, sin los cambio aportados por Toscanini para su estreno), Riccardo Chailly ha conseguido resaltar con gran eficacia todos los aspectos del la obra hasta aquí evidenciados. Su interpretación, al frente de una extraordinaria orquesta del Teatro alla Scala, después de un inicio un poco inseguro, creció a lo largo de la velada demostrando una capacidad asombrosa de sacar a la luz cada minino detalle y creando además una muy lograda comunicación con los interpretes sobre el escenario.

Del amplio reparto hay que subrayar primeramente el estupendo trabajo de los muchos comprimarios, cuya buena actuación es fundamental para el éxito sobre todo del primero y del tercer acto. Entre ellos destacaron sobre todo el Nick de Carlo Bosi y el Sonora de Alessandro Luongo. La Minni de Barbara Haveman (que de forma repentina tuvo que substituir desde el estreno a Eva Maria Westbroek) fue el aspecto contrariamente más débil de la función. Pese a tener medios vocales relevantes, la cantante holandesa tuvo no pocos problemas de entonación luchando con una registro vocal no adecuado para este difícil personaje. Una lástima ya que sobre ella se rige buena parte de la obra. Mejor fue la actuación de Roberto Aronica (Dick Johnson), un tenor con evidente recursos vocales per bástate anónimo como intérprete. Todo lo contrario de Claudio Sgura, modélico en interpretar a Jack Rance gracias a su voz potente y agresiva pero capaz también de resaltar el lirismo que caracteriza por momentos el personaje.

El trabajo de Robert Carsen en su puesta en escena fue muy logrado e impactante jugando con el género cinematográfico del western que a lo largo del espectáculo duplica con sus imágenes el decorado de la escena creado por el mismo Carsen y Luis Carvalho. La obra empieza con la proyección de la parte final de My Darling Clementine de John Ford (en España Pasión de los fuertes) donde Henry Fonda besa a la bella y se marcha a caballo; una alusión al primer encuentro y desencuentro entre Minni y Dick contado a lo largo de la ópera. Los espectadores presentes en el escenario, como si entraran en la pantalla, se transforman poco después en los mineros de la ópera. Una imagen portentosa de la Mounument Valley marca poco después la estupenda entrada en escena de Minni con un juego entre música y escenario perfecto. El segundo acto, casi en blanco y negro y que cita otra cinta famosa, El viento de Victor Sjöström, deja paso al bosque del tercer acto que en un coup de théâtre (otra vez con la entrada en escena de Minnie) se transforma en el ingreso de un cine estilo años Veinte, donde se estrena la pièce de David Belasco The Girl of the Golden West, fuente teatral para el libreto de la ópera de Puccini. El tenor y la soprano se alejan del escenario en búsqueda de un futuro mejor dejando los mineros envueltos en la melancolía de la pérdida y que entran en un teatro – o un cine – para revivir, como al principio del espectáculo, una realidad que ya es sólo memoria. Carsen consigue una perfecta fusión entre realidad y ficción en una espectáculo no del todo perfecto pero lleno de encanto, de sugestiones y respetuoso a la letra de la música y a la dramaturgia pucciniana.

Gian Giacomo Stiffoni