Audioclasica

16.III.2016. Abriendo camino a la ópera de nuestro tiempo

1_Barcelona_03-16-2016

Temporada 2015/16. Gran Teatre del Liceu 16-III-2015 HANNIGAN, PURVES, MEAD, SIMMONDS, MURRAY. MAHLER CHAMBER ORCHESTRA. GEORGE BENJAMIN, director musical. BENJAMIN DAVIS, dirección de movimiento escénico. George Benjamin: Written on Skin (versión de concierto semiescenificada) Aforo: 2.286 Asistencia: 70%         Tras su estreno en Aix-en-Provence en 2012, y como parte de una gira por Dortmund, Colonia, Londres y el Teatro Real madrileño, visitaba, en versión semiescenificada, el coliseo barcelonés Written on Skin, la segunda aportación al género operístico de George Benjamin, inicio de una progresiva apertura liceísta al repertorio actual que proseguirá la temporada próxima con la programación…

George Benjamin: Written on Skin (versión de concierto semiescenificada)

George Benjamin: Written on Skin (versión de concierto semiescenificada)

Temporada 2015/16. Gran Teatre del Liceu

16-III-2015

HANNIGAN, PURVES, MEAD, SIMMONDS, MURRAY. MAHLER CHAMBER ORCHESTRA. GEORGE BENJAMIN, director musical. BENJAMIN DAVIS, dirección de movimiento escénico.

George Benjamin: Written on Skin (versión de concierto semiescenificada)

Aforo: 2.286 Asistencia: 70%

 

 

 

 

Tras su estreno en Aix-en-Provence en 2012, y como parte de una gira por Dortmund, Colonia, Londres y el Teatro Real madrileño, visitaba, en versión semiescenificada, el coliseo barcelonés Written on Skin, la segunda aportación al género operístico de George Benjamin, inicio de una progresiva apertura liceísta al repertorio actual que proseguirá la temporada próxima con la programación de Quartet, de Luca Francesconi, y señal de continuidad de la colaboración del teatro con el compositor británico, de quien ya propusiera en 2010 Into the Little Hill.

La presencia de un numeroso público joven y la satisfacción generalizada del sector abonado, traducidas en un aplauso notorio, avalan la necesidad de ahondar en esta apuesta y más cuando se hace a partir de obras con sentido dramático bien trabajado: aunque el movimiento escénico fuera realmente mínimo –apenas la gestualidad actoral imprescindible y escasos elementos de atrezzo–, no puede negarse que contribuyó a la mayor inteligibilidad de una acción que, en términos dramáticos y literarios, se servía de un libreto, a cargo de Martin Crimp, muy por encima de textos similares de nuestros días y estructurado en tres partes notablemente equilibradas. Es cierto que el entramado de líneas argumentales (el contraste entre realidad y ficción mediante la metáfora del libro, la reflexión sobre la feminidad y la violencia o las relaciones interpersonales) no resulta del todo lograda, por exceso de ambición y por la debilidad de la proyección del referente medieval en el presente histórico, pero, al mismo tiempo, resultaron muy sugerentes sus implicaciones narrativas, en perpetua tensión entre la descripción y lo dialogado, con el canto de las acotaciones escénicas y la yuxtaposición constante entre estilo directo e indirecto en el avance de la trama.

Benjamin traduce en sonidos el libreto de Crimp mediante números breves, que denotan, en el estilo predominante silábico y el carácter tendido de las líneas vocales, el peso de la tradición operística británica, de Britten a Birtwistle, y que se apoyan en un tejido orquestal tan rico en el aspecto tímbrico (con predominio claro de la cuerda y discreta percusión) como respetuoso de la inteligibilidad vocal, en dinámicas, registros y texturas; una introspección sinfónica que permite, precisamente, el subrayado de raigambre expresionista de episodios concretos –así, en los breves interludios, en el dúo “Touch me” (acto segundo) o, ya en el acto tercero, el momento previo al desenlace de la ópera– y la opción por timbres delicados (viola da gamba baja, mandolina, glassharmonika) en momentos significativos de la acción, como el dúo final del acto primero o todo el tramo conclusivo de la composición.

Para la traducción de este universo sonoro se contó con intérpretes inmejorables, bajo la segura batuta del propio Benjamin: por supuesto, una magnífica Mahler Chamber Orchestra –más nutrida de lo que su condición camerística hacía esperar– y un trío vocal protagonista de plena solvencia, encabezado por Barbara Hannigan (Agnès), a quien ya conocíamos de las funciones del ligetiano Le grand macabre de hace unos años y que supo aprovechar la mayor diversidad vocal y de estados emocionales de su papel para mostrar amplitud de registro y ligereza de articulación convincentes, sin menoscabo de la buena prestación, sobre todo en los actos segundo y tercero, del barítono Christopher Purves (Protector) y el timbre carnoso, mitad distante, mitad inocente, del contratenor Tim Mead en doble papel (Muchacho / Primer Ángel).

Germán Gan Quesada