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1.V.2016. ¡Qué grande es la ópera!

1_VALENCIA_05-01-2016

Una escena de Idomeneo en el Palau de Les Arts CRÉDITOS: TATO BAEZA Palau de les Arts Reina Sofía – Temporada 2015/2016 01.V.2016. GREGORY KUNDE. CARMEN ROMEU. MONICA BACELLI. LINA MENDES. DAVIDE LIVERMORE, director de escena. BALLET DE LA GENERALITAT. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. FABIO BIONDI, director musical. Wolfgang A. Mozart: Idomeneo, re di Creta Aforo: 1412 Asistencia: 80 % Entre los argumentos que Davide Livermore plantea en este Idomeneo hay uno que despunta sobre todos los demás. A fuerza de hacerlo presente, el mar de fondo, que ya vimos en…

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Una escena de Idomeneo en el Palau de Les Arts

CRÉDITOS: TATO BAEZA

Palau de les Arts Reina Sofía – Temporada 2015/2016

01.V.2016. GREGORY KUNDE. CARMEN ROMEU. MONICA BACELLI. LINA MENDES. DAVIDE LIVERMORE, director de escena. BALLET DE LA GENERALITAT. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. FABIO BIONDI, director musical.

Wolfgang A. Mozart: Idomeneo, re di Creta
Aforo: 1412
Asistencia: 80 %


Entre los argumentos que Davide Livermore plantea en este Idomeneo hay uno que despunta sobre todos los demás. A fuerza de hacerlo presente, el mar de fondo, que ya vimos en Otello, se alza como metáfora del profundísimo viaje introspectivo que el rey de Creta realiza ante el dilema de entregar a su propio hijo a Neptuno. La acción transcurre en el agua, digital o analógica, tranquila unas veces o muy encrespada otras, como si de la película Lo imposible se tratase. Livermore se remonta a la antigüedad para contarnos la historia. Su punto de partida es el rostro roto de la fotografía de Herbert List Knockout (todos los programas de esta temporada están ilustrados con sus obras). Mientras suena la obertura, el fragmento desencajado de la escultura se transforma en la cara de Gregory Kunde ataviado como astronauta. Se despide de su hijo ante un inminente despegue hacia un viaje lunar. Lo muestra un documental en color de televisión norteamericana de la Guerra Fría. Este es el segundo apartado, la contradicción entre tecnología y naturaleza, carrera armamentística y destrucción del planeta: el hombre frente a sí mismo devuelto al líquido amniótico. La cita es de 2001: Odisea en el espacio: feto interestelar, monolito sin simios y aposento masónico en el que La Voz no solo hace abdicar al padre fiel, sino que muere. De la misma fotografía, y del libreto, emana un tercer asunto: el antimilitarismo. La cara truncada sobre un trozo de periódico parisino fue fotografiada en 1937. Una época en la que Europa se enreda consigo misma en las fauces del fascismo y el futuro de España se debate en cruel y desigual batalla. Desde Idomeneo, uno de los más valientes soldados de Troya, todas las guerras están presentes. Con ellas, los refugiados, que en este caso son sirios.

De todo esto, y algunas cosas más que es posible se nos pasaran, trata el Idomeneo de Livermore. Es una apuesta arriesgada, potente, en muchos momentos visualmente atractiva y con buen ritmo narrativo. Pero parece estar más pensada para un posterior análisis que para su disfrute en directo. Como en las sesudas tertulias de José Luis Garci en ¡Qué grande es el cine! A diferencia de Norma o La Bohème, el regista sufre aquí un horror vacui que llega a causar cansancio. Además, muchos de los recursos utilizados los hemos visto: formas circulares que apuntan a la opresión, ojos, agua que en Canti dall’inferno ya era vida, muerte y elemento sonoro, y personajes multiplicados o enfrentados a espejos. Como el que se levanta para reflejar a Fabio Biondi y a la orquesta. Fue un momento emotivo. Por ellos y por Mozart, quien pareció hacerse presente. Él también tenía su particular lucha con el arzobispo Colloredo cuando escribió este título, influenciado por la guerra entre gluckistas y piccinnistas librada en París (otra vez la fotografía de List).

La versión de Biondi fue exquisita, redonda en lo sonoro y en lo conceptual, de principio a fin no presentó fisura alguna. El trabajo especializado del violinista le sienta bien a la OCV, además de proyectar la sonoridad romántica en otros títulos es capaz de sacar a relucir los irisados mozartianos. También el coro se mostró dúctil y brillante en una línea muy sutil. Gregory Kunde tiró del elenco, entregado y convencido con la propuesta de Livermore. Musicalmente hizo una hermosa lectura de su rol que no empañó cierta pesadez en la coloratura. Hace tiempo que Cristóbal Soler, ex director musical del Teatro de la Zarzuela, me dijo que Carmen Romeu daría que hablar. No se equivocaba. En 2012 fue la Musetta de La Bohème de Ricardo Chailly. En Idomeneo construyó una Elettra compleja y de carácter, con una proyección potente y caudal abundante. Fue valiente. Monica Bacelli resultó más desdibujada y un tanto fuera de lugar. Lina Mendes, la Musetta de principio de curso, cantó con mucho gusto. El resto del elenco fue discreto. El Ballet de la Generalitat tuvo mucho trabajo, unas veces en sensibles coreografías y otras en algunas que se antojaban gratuitas, siempre mojadas.

Todas las funciones de Idomeno, re di Creta fueron dedicadas a la memoria del gran Nikolaus Harnoncourt.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI