Audioclasica

11.V.2016. Una suma que multiplica

1_VALENCIA_05-11-2016

Sigma Project en la Sala Rodrigo CRÉDITOS: D.M. Babiloni Valencia. #38 Festival Ensems. Palau de la Música. Sala Rodrigo SIGMA PROJECT QUARTET: Andrés Gomis, Josetxo Silguero, Ángel Soria y Alberto Chaves. Obras de Haas, López López, Xenakis, Lazcano y Movio Aforo: 423 Asistencia: 65 % Activo y atento como está Sigma Project al desarrollo del repertorio para saxofón, su propuesta casa muy bien con la didáctica del Ensems de este año. El cuarteto estuvo en el Teatro Talía en 2009, cuando Joan Cerveró dijo que si una de nuestras orejas se ocupa de lo anteriormente producido, la otra debería hacer…

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Sigma Project en la Sala Rodrigo
CRÉDITOS: D.M. Babiloni

Valencia. #38 Festival Ensems. Palau de la Música. Sala Rodrigo

SIGMA PROJECT QUARTET: Andrés Gomis, Josetxo Silguero, Ángel Soria y Alberto Chaves.

Obras de Haas, López López, Xenakis, Lazcano y Movio

Aforo: 423 Asistencia: 65 %


Activo y atento como está Sigma Project al desarrollo del repertorio para saxofón, su propuesta casa muy bien con la didáctica del Ensems de este año. El cuarteto estuvo en el Teatro Talía en 2009, cuando Joan Cerveró dijo que si una de nuestras orejas se ocupa de lo anteriormente producido, la otra debería hacer lo mismo con la creación actual: “Dos mejor que una, para no perderse nada”. Aún más, si son seis las orejas que programan, como es el caso, u ocho, las del cuarteto, el resultado se eleva a la enésima potencia. El programa que presentó entonces el conjunto de saxofones contenía obras de Stockhausen, Erkoreka, Lauzurica, Dufort y Halffter. En esta ocasión Ángel Soria introdujo a los cinco autores interpretados. Cinco formas bien diferentes de entender la composición o, en definitiva, el tratamiento del sonido.

Saxophonquartett (2014) funde, desde una interesante perspectiva, el puntillismo pop art de los cuadros de Roy Lichtenstein con una concepción muy particular del minimalismo. Georg Friedrich Haas, de quien escuchamos in vain (2000) hace unos días, establece un pulso fijo sin un patrón métrico reconocible. Sobre él, un constante ir y venir y las entradas y salidas de los miembros del conjunto consiguen un efecto hipnótico. A ello añade sus característicos bucles que suben o bajan interminablemente, sin concluir en ninguna parte. La pieza necesita de mucha compenetración en lo rítmico y de extrema igualdad en las emisiones. También, de una delicada concepción sonora. Todo ello estuvo presente en su primera interpretación en España.

Seguidamente, Simog/Civitella (2011) supuso un momento sónico sumamente creativo. López López llena su partitura de sonidos producidos por las zapatillas, el mecanismo del instrumento, slaps, armónicos, gritos, multifónicos y soplidos agrupados en breves secciones en las que la métrica mantiene una constante y contrastante fluctuación. Como si de un laboratorio sonoro se tratase, con los músicos de blanco impoluto, lo analógico casi devino en sensación digital. Tal vez, una luz más tenue hubiera favorecido aún más la escucha. Después, XAS (1987) de Iannis Xenakis destacó por la finísima igualdad en la tímbrica, favorecida por los instrumentos de la casa Selmer. El autor pide un sonido crudo, sin vibrato, para no mostrar las connotaciones de otros estilos. En la sección isorrítmica nos encontramos con un pétreo bloque sonoro, anterior al poderoso uso, por composición y ejecución, de los brillantes armónicos agudos.

La pieza de Lazkano, Jalkin (2012), presenta una capa formada por un sutil y asimétrico goteo de slaps bajo la cual los graves entonan una perorata sobre sonidos largos. Sigma Project dejó su final abierto. Como en las buenas películas, dio pie a intuir qué hubiera pasado de ser más larga la partitura. Por último, Zahir V (2011-2012) de Simone Movio contiene una serie de secciones segmentadas. Su carácter me pareció cercano al jazz, con secciones que se podrían asimilar a riffs y su característica acentuación. La obra plantea un interesante juego de espejos: lo escuchado, ¿está ante nosotros o dentro de nosotros? El virtuosismo desplegado y su interés narrativo acabó por rendir a un público inmerso hacía rato en un asombroso y atractivo universo sonoro, evocado, como para no perder el contacto con la tierra, con los pies descalzos.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI