Audioclasica

15-XII-2016 Christie, entre lo celestial y lo humano

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BARCELONA PALAU DE LA MÚSICA CATALANA LES ARTS FLORISSANTS. EMMANUELLE DE NEGRI, soprano. KATHERINE WATSON, soprano. CARLO VISTOLI, contratenor. SAMUEL BODEN, tenor. KONSTANTIN WOLFF, bajo. WILLIAM CHRISTIE, director. G. F. Händel: El Mesías. Aforo: 2.049 Asistencia: 99% Seguramente parecerá heterodoxo, sacrílego incluso para algunos, decir que el Mesías de Händel es una obra desigual. Así lo creo, sin embargo. Quizás sea el precio que la obra ha de pagar por contener algunas páginas de singular belleza en su género, pero sostengo que las dos horas y cuarenta minutos que dura el oratorio toleran de buen grado una reducción en algunos…

Crédito: © Antoni Bofill

Crédito: © Antoni Bofill

BARCELONA

PALAU DE LA MÚSICA CATALANA

LES ARTS FLORISSANTS. EMMANUELLE DE NEGRI, soprano. KATHERINE WATSON, soprano. CARLO VISTOLI, contratenor. SAMUEL BODEN, tenor. KONSTANTIN WOLFF, bajo. WILLIAM CHRISTIE, director.

G. F. Händel: El Mesías.

Aforo: 2.049 Asistencia: 99%

Seguramente parecerá heterodoxo, sacrílego incluso para algunos, decir que el Mesías de Händel es una obra desigual. Así lo creo, sin embargo. Quizás sea el precio que la obra ha de pagar por contener algunas páginas de singular belleza en su género, pero sostengo que las dos horas y cuarenta minutos que dura el oratorio toleran de buen grado una reducción en algunos de sus pasajes y que, por tanto, esas versiones seleccionadas que a menudo se ofrecen, no constituyen un delito de lesa música. Con todo, uno de los muchos méritos de la lectura que William Christie realizó en el Palau del título händeliano residió precisamente en redimirlo de sus desequilibrios y dotarlo de una homogeneidad que en otras versiones sencillamente no existe.

Lo demás fue una lección de precisión y de espiritualidad. Les Arts Florissants son uno de esos conjuntos que dominan de forma casi sobrenatural el repertorio del barroco y el clasicismo y que en cada uno de sus conciertos crean una atmósfera espiritual en la que el oyente acaba por subsumirse arrobado. Coro y orquesta parecen en comunión tan perfecta que por momentos uno encuentra exagerado por innecesario el esfuerzo permanente que Christie pone en todos y cada uno de los detalles de la dirección, en pos sin duda de una perfección que seguramente en muchos momentos alcanza.

Entre los solistas hubo esta vez claroscuros y, aunque todos cumplieron en términos generales, no a todos les fue dado rayar a la altura de la soprano Katherine Watson. Al fin, cuando el maestro invitó al público a corear el Alleluya, pareció querer poner un colofón humano a lo que casi siempre había discurrido por cotas celestiales.

Javier Velaza