Audioclasica

05-02-2017 El lirismo del último Mahler

Crédito: ©Brescia /Amisano
Mariss Jansons y la Symphonierorchester des Bayerischen Rudfunks durante el concierto en la Scala

MILÁN Temporada 2016/2017. Teatro alla Scala SYMPHONIERORCHESTER DES BAYERISCHEN RUDFUNKS. MARISS JANSONS, Director Mahler: Sinfonía n. 9 Aforo: 2.222 Asistencia: 95% Pocos días después del gran concierto de la Chicago Symphony Orchestra dirigida por Riccardo Muti, la Scala de Milán ha tenido ocasión de presentar a su público otra gran orquesta con su director principal al frente. La calidad técnica y artística de la Symphonierorchester des Bayerischen Rudfunks está por encima de cualquier discusión. Se codea de tú a tú con las filarmónicas de Viena y Berlín, la Staatskapelle de Dresde y la citada Sinfónica de Chicago y con quien…

Crédito: ©Brescia /Amisano Mariss Jansons y la Symphonierorchester des Bayerischen Rudfunks durante el concierto en la Scala

Crédito: ©Brescia /Amisano
Mariss Jansons y la Symphonierorchester des Bayerischen Rudfunks durante el concierto en la Scala

MILÁN

Temporada 2016/2017. Teatro alla Scala

SYMPHONIERORCHESTER DES BAYERISCHEN RUDFUNKS. MARISS JANSONS, Director

Mahler: Sinfonía n. 9

Aforo: 2.222 Asistencia: 95%

Pocos días después del gran concierto de la Chicago Symphony Orchestra dirigida por Riccardo Muti, la Scala de Milán ha tenido ocasión de presentar a su público otra gran orquesta con su director principal al frente. La calidad técnica y artística de la Symphonierorchester des Bayerischen Rudfunks está por encima de cualquier discusión. Se codea de tú a tú con las filarmónicas de Viena y Berlín, la Staatskapelle de Dresde y la citada Sinfónica de Chicago y con quien se le ponga por delante. Es una orquesta magníficamente equilibrada en todas sus secciones, con un sonido elegante en la cuerda hasta el delirio, fiel a sus directores titulares y extremadamente dúctil en el tratamiento de los diferentes repertorios. El letón Mariss Jansons lleva a su frente desde 2003. Es un maestro que desprende grandes cotas de serenidad. Es sutil, inteligente, racional, con una seguridad a prueba de bombas. El hecho que sea el director titular de la orquesta influye, sin lugar a dudas, en la facilidad casi escultural de la orquesta de desarrollar la frase musical y en la capacidad de hacer perceptibles tanto las líneas estructurales de cada obra como los detalles más pequeños. Hay una compenetración perfecta, conseguida con los años.

Todos estos aspectos fueron patentes en el concierto en La Scala, etapa de una breve gira de la orquesta por Europa. La obra escogida por Jansons, la Sinfonía nº9 de Gustav Mahler, es sin duda la más destacada y sobrecogedora de la serie, además de ser probablemente una de los logros mayores del artista bohemio. Inspirada en la Sinfonía nº6 “Patética” de Chaikovski, se compone de 4 movimientos, cuya duración supera los 80 minutos. Interpretada por algunos como un réquiem en memoria de la hija, la Novena se configura como una confesión personal que reúne lutos y pérdidas. Una obra estremecedora, llena de lirismo, pero al mismo tiempo inquietante, moderna y muy intensa.

Mariss Janson en su interpretación evidenció ante todo el lado más lirico de la obra, ya desde el primer movimiento sin buscar nunca la brillantez y el fácil efectismo. Supo graduar los clímax con gran equilibrio, como evidenciar las peculiares sonoridades en las diferentes secciones de la orquesta.  Los dos movimientos centrales fueron bajo el sello de la claridad; qué precisión y qué mordacidad. Sencillamente arrolladores. No obstante, lo mejor de la velada fue el finale, que en manos del director letón resultó intenso, envolvente y más romántico y patético de lo habitual, cargado además de un lirismo estremecedor. Más que representar una atmósfera desolada, negra y absolutamente desesperanzada como aparece en otras interpretaciones (como por ejemplo las de Abbado, Bernstein y Karajan) la suya fue más bien una reflexión intimista, casi camerística y atenta al detalle, sobre el progresivo apagarse de la esperanza. En los tres o cuatro últimos minutos, en esa coda cada vez más hacia el pianísimo Jasons consiguió que las cuerdas de la orquesta tocasen de modo casi inverosímil, dejando una sensación de suspensión que obligó el público a esperar un largo rato hasta poder desprender su fragoroso aplauso. Un triunfo merecido para esta fabulosa orquesta y su director.

Gian Giacomo Stiffoni