Audioclasica

18-II-2017 ¿Qué fue de Traviata?

Marina Rebeka como Violeta y Plácido Domingo como Giorgio Germont. Palau de Les Arts. Créditos: Tato Baeza.

Temporada 2016/2017. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal  18.II.2017. MARINA REBEKA. ANNA BYCHKOVA. OLGA ZHARIKOVA. ARTURO CHACÓN-CRUZ. PLÁCIDO DOMINGO. ANDREA PELLEGRINI. MOSIÉS MARÍN. ALEJANDRO LÓPEZ. JORGE ÁLVAREZ. ANTONIO GÓMEZ. SOFIA COPPOLA/MARIA BIANCHI, directora de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. RAMÓN TEBAR, director musical. Giuseppe Verdi: La Traviata Aforo: 1412 Asistencia: 100 % Apagados los focos y recogida la alfombra roja del glamuroso estreno que trajo a la Reina Sofía y a Monica Bellucci, partenaire de Plácido Domingo en Mozart in the jungle, La Traviata no es más que una…

Marina Rebeka como Violeta y Plácido Domingo como Giorgio Germont. Palau de Les Arts. Créditos: Tato Baeza.

Marina Rebeka como Violeta y Plácido Domingo como Giorgio Germont. Palau de Les Arts. Créditos: Tato Baeza.

Temporada 2016/2017. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

 18.II.2017. MARINA REBEKA. ANNA BYCHKOVA. OLGA ZHARIKOVA. ARTURO CHACÓN-CRUZ. PLÁCIDO DOMINGO. ANDREA PELLEGRINI. MOSIÉS MARÍN. ALEJANDRO LÓPEZ. JORGE ÁLVAREZ. ANTONIO GÓMEZ. SOFIA COPPOLA/MARIA BIANCHI, directora de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. RAMÓN TEBAR, director musical.

Giuseppe Verdi: La Traviata

Aforo: 1412 Asistencia: 100 %

Apagados los focos y recogida la alfombra roja del glamuroso estreno que trajo a la Reina Sofía y a Monica Bellucci, partenaire de Plácido Domingo en Mozart in the jungle, La Traviata no es más que una producción convencional envuelta en papel celofán. Cabe destacar, eso sí, el preciosismo de la escenografía de Nathan Crowley, la cual, junto a los diseños de Valentino, se ha podido apreciar en los suplementos de moda publicados por la prensa con todo lujo de detalle. Se ha puesto mucho mimo hasta en los elementos más nimios del attrezzo. Su elegancia y suntuosidad es difícil de superar. La iluminación de Vinico Cheli también es reseñable. Sin embargo, esta coproducción historicista, dada su fidelidad a la época, del diseñador, su socio Giametti y el Teatro dell’Opera di Roma resulta poco original. Ni siquiera la larga escalera por la que baja Violetta Valery lo es. Gloria Swanson bajó alucinada por una similar en El crepúsculo de los dioses.

Tampoco Sofia Coppola es la primera cineasta que se acerca a la ópera, aunque este sea su debut. Aquí mismo pudimos ver una Carmen de Carlos Saura (2007), una Turandot de Chen Kaige (2007) y un Parsifal, un tanto marciano, de Werner Herzog (2008). Por no mencionar a Lucino Visconti, Michael Haneke, Patrice Chéreau, las particulares versiones de Ingmar Bergman y Kenneth Branagh o La Traviata de Zefirelli (1985) con el propio Plácido Domingo, Teresa Stratas, la Orquesta del Met y James Levine en versión cinematográfica. De todas ellas me quedo con la sensible Madama Butterfly de Anthony Minghella (2005). A priori, la historia de aquella “pobre mujer, sola, abandonada en este populoso desierto que llaman París” parecía ser un argumento válido para que la directora escarbase en la interioridad humana como lo hace en Las vírgenes suicidas o Lost in traslation. Era una oportunidad para remozar la transformación de la famosa demi-mondaine en enamorada. Sin embargo, su versión se queda en un espectáculo plano en lo emocional, interrumpido en exceso a causa del cambio en la decoración.

La protagonista, Maria Rebeka, hizo un gran esfuerzo por mostrar dicho tránsito y consiguió un tercer acto sensible, a pesar de que apareció un tanto gritona en la preparación de “Sempre libera” y generalmente distante con respecto a la trama. Potenció la cantidad frente a una calidad que sin duda tiene en color y proyección. No se entiende porqué ni siquiera Flora la recoge cuando se desmaya tras el desprecio de Alfredo. Nadie acude en su auxilio y permanece tirada en el suelo unos minutos. Tal vez pretendieran simbolizar que ella misma es capaz de levantarse mientras canta “Alfredo, Alfredo di questo core non puoi comprendere tutto l’amore”, desde un pianísimo extremo. Chacón-Cruz fue un Alfredo gesticulante, de timbre opaco y sonido atorado. No sabía cómo actuar a pesar de poner intención. Parece que nadie se lo dijo. Su arranque en “Un di felice” fue difuso y su línea melódica discontinua. La premura con la que se dijo el dúo con Annina impidió que el tenor pudiera preparar adecuadamente la cabaletta. Domingo volvió a demostrar, si es que hacía falta, su maestría en lo teatral y su musicalidad, a pesar de los problemas de fiato. El quinteto final salió muy desequilibrado y el resto del elenco fue discreto. La sección femenina del Cor de la Generalitat fue más sensible que la masculina. Los toreros irrumpieron a gritos en el baile de máscaras. El director no pudo recoger aquí a los envalentonados cantantes como sí lo había hecho con acierto en el brindis.

Sin embargo, de esta Traviata quedó una magnífica oportunidad de comprobar cómo Verdi dibuja sobre el pentagrama lo más profundo de cada personaje a modo de diálogo interior. Tebar lo supo ver y transmitir en el Preludio, con el solo de clarinete en la escena de la carta y de nuevo, en el preludio  y su prolongación en el subrayado del tercer acto, hasta llegar a una apesadumbrada marcha fúnebre final. Tres momentos que valieron toda una representación.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI