Audioclasica

07-IV-2017 Beethoven según Beethoven

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MADRID TEATRO MONUMENTAL. TEMPORADA DE ABONO. CONCIERTO B18. ORQUESTA SINFÓNICA RTVE. CUARTETO QUIROGA. NACHO DE PAZ, director invitado. Obras de Adams, Beethoven, Brahms. Dentro de un programa de apariencia extraña, presentaba esta semana la Sinfónica RTVE su versión (bajo dirección de Nacho de Paz) de dos páginas orquestales de primera categoría como son la obertura del Egmont Op. 84 de Beethoven y la Sinfonía nº1 Op. 68 de Johannes Brahms, intercalando entre ambas, y de ahí el aspecto discordante del programa, la paradigmática Absolut Jest (para orquesta y cuarteto de cuerda) del norteamericano John Adams. Aspecto extravagante, pero nada más…

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El Cuarteto Quiroga en una imagen de su propia web.

MADRID

TEATRO MONUMENTAL. TEMPORADA DE ABONO. CONCIERTO B18.

ORQUESTA SINFÓNICA RTVE. CUARTETO QUIROGA. NACHO DE PAZ, director invitado.

Obras de Adams, Beethoven, Brahms.

Dentro de un programa de apariencia extraña, presentaba esta semana la Sinfónica RTVE su versión (bajo dirección de Nacho de Paz) de dos páginas orquestales de primera categoría como son la obertura del Egmont Op. 84 de Beethoven y la Sinfonía nº1 Op. 68 de Johannes Brahms, intercalando entre ambas, y de ahí el aspecto discordante del programa, la paradigmática Absolut Jest (para orquesta y cuarteto de cuerda) del norteamericano John Adams. Aspecto extravagante, pero nada más que aspecto, dado que las tres obras parten de un mismo material temático para desarrollarlo, cada una de ellas, en la medida misma de su propio universo estético individual: las ideas, motivos y texturas beethovenianas que establecen un eje narrativo común para las tres obras, idea que merece el mayor de los reconocimientos hacia RTVE por su voluntad diferenciadora; una orquesta que, de la más respetuosa de las maneras, honra su vínculo con la música contemporánea rogando un minuto de silencio por la reciente muerte del compositor y musicólogo José Peris Lacasa para abrir el concierto.

BEETHOVEN SEGÚN BEETHOVEN

La obertura del Egmont no es uno de los trabajos de mayor concentración motívica de su autor, a pesar de ser casi contemporánea de los que sí lo son y de ser utilizada aquí como exposición de recursos temáticos que más tarde verán su reflejo en las obras de Brahms y Adams; aún quedan unos años para la consecución de la Quinta Sinfonía, pero ahí está ya la Tercera: lo que más tarde será reducción absoluta a los mínimos elementos temáticos es, por ahora, tremenda insistencia en unas pocas ideas muy definidas que no alcanzan una expresión plena en manos de De Paz. Y es que pronto se percibe una especie de falta de comunión entre director y orquesta: al gesto constantemente marcado de dirección responde la plantilla con apenas expresión, sin que uno acabe de comprender si el maestro no alcanza a comunicar o los ejecutantes no quieren recibir la información. Físicamente, la plantilla se muestra fría; no hay actitud afable en los músicos e incluso mostrarán un semblante manifiestamente serio como respuesta a los aplausos. Únicamente en la sección final, con las reiterativas ideas después del icónico crescendo de la obra, responde la orquesta a la voluntad del gesto, aunque esta unidad parece más bien resultado de la coincidencia de voluntades. Hay una rigidez metronómica absoluta en un De Paz que anula la expresión de corte romántico y su insistencia en el tempo marcado no parece ser el ideal respecto a la tradición interpretativa del repertorio, y de ahí que, como aspecto ambivalente, los pasajes enérgicos se vean beneficiados muy positivamente  – especialmente este pasaje de cierre ya mencionado que, a través de sus reiteraciones, de manera sugerente invita a la escucha de la siguiente página, precisamente la de un minimalismo que hará uso de este aspecto rítmico/mecánico propio de la corriente y que tendrá su mayor interés en el concepto intertextual: un entretejido en la mejor tradición minimal norteamericana que se rompe de manera continuada yuxtaponiendo citas musicales, fragmentos e ideas sonoras, tomadas (como ya ha sido dicho y que constaba de manera conveniente en las notas al programa) de la literatura beethoveniana principalmente. En todo caso, cierra la orquesta este primer momento del concierto invitándonos a continuar y, a pesar de una pausa técnica excesiva que rompe toda la magia del concierto, se da paso al mejor momento de la noche.

BEETHOVEN SEGÚN JOHN ADAMS

Resulta obvio, viéndolo dirigir, los motivos por los que Nacho de Paz se ha erigido en calidad de director especializado en música contemporánea. Físicamente perceptible su naturaleza post Boulez (no en vano ha sido alumno del mismo, aunque parece esta una cuestión más interna, más asimilada de manera personal y, por lo tanto, más genuina, positiva y auténtica), está claro que difícilmente podrá haber mejores acercamientos que el suyo a una obra como la de Adams, cuya naturaleza exige de esta precisión rítmica que lo constantemente marcado y definitorio de su gesto aporta: las intervenciones de miembros de la orquesta a solo con el cuarteto, así como la ruptura necesaria en la yuxtaposición de las citas sonoras (esa multitextualidad temática), constituyen el mayor elemento de interés. La falta de inflexiones dinámicas, de respiración natural, se convierte aquí en aliado, y toda falta de expresividad marcada ayuda a una rítmica regular de naturaleza mecanicista. También de lo mejor de la noche es la mera presencia del Cuarteto Quiroga, sobre el que apenas cabe decir nada ya: como propina, finalizado Adams, ejecutarán un tercer movimiento del Cuarteto nº16 Op. 135 absolutamente sublime en su expresión. Como comparación siempre odiosa pero ilustrativa, los miembros del cuarteto sí muestran una actitud relajada y colaborativa, un síntoma más de la intachable profesionalidad y musicalidad de la formación.

BEETHOVEN SEGÚN BRAHMS

Llegado este punto del concierto, todo ejercicio especulativo va a resultar innecesario: Brahms se anticipa poderoso en sus pasajes rítmicos pero de expresividad difusa y poco matizada, aunque hay que decir que no hay mal que por bien no venga y sin duda agradecerá esta escucha aquel público al que le resulte excesivo el lenguaje armónico brahmsiano. Recordando para la ocasión las palabras de Manuel de Falla al respecto, según las cuales definía al alemán como un autor de largas barbas pedantes al que si se afeitaba y se le liberaba de artificio, se quedaba en nada – opinión probablemente contundente en demasía pero no obstante compartida por muchos -, verá facilitada su escucha bajo esta dirección: especialmente en el tercer movimiento, la falta de expresión alla romántica mata unas “sutilezas” armónicas que suelen ser acentuadas, de manera que la escucha menos marcada de estos artificios armónicos se agradece por parte de aquellos que compartimos en mayor o menor medida las palabras de Falla.

Por supuesto, los amantes de la tradición interpretativa romántica no habrán presenciado versiones de su agrado en la parte conservadora del concierto, pero acierta Nacho de Paz donde otros yerran, y lo hace precisamente en aspectos difíciles como son la absoluta definición rítmica y la dirección entre partes alejadas, así como también acierta en los enfoques de la cita sonora multitextual yuxtapuesta como elemento de ruptura, con lo difícil que resulta este recurso por la misma naturaleza del auditorio (el sonido como amalgama sónica indefinida y la falta de espacialización). Toda vez que los repertorios de corte decimonónico vayan siendo sustituidos por la música de los siglos XX y XXI, será Nacho de Paz un director titular necesario en base a lo mejor de su estilo directoral.

HACHÈ COSTA