Audioclasica

10-IV-17 Cantos de sirena

56 Semana de Müsica Religiosa de Cuenca. Concierto 03. Iglesia de San Miguel. Cuarteto Casals

  CUENCA 56 EDICIÓN DE LA SMR. CONCIERTO 3. IGLESIA DE SAN MIGUEL CUARTETO CASALS (ABEL TOMÀS y VERA MARTÍNEZ, violines. JONATHAN BROWN, Viola. ARNAU TOMÀS, violonchelo) Cantos de FRANCISCO COLL y Die sieben Worte des Erlösers, op. 51 de FRANZ JOSEPH HAYDN  Asistencia: 95% Que la atención a la música contemporánea en la SMR es una de sus señas de identidad (en equilibrio más o menos sutil con otros repertorios) no es ninguna novedad, y trasciende más allá de quien ocupe la dirección del festival. En particular, los encargos que en cada edición se vienen solicitando a destacados compositores del…

Detalle de uno de los componentes del Cuarteto Casals durante un ensayo. Crédito: Santiago Torralba.

 

CUENCA

56 EDICIÓN DE LA SMR. CONCIERTO 3. IGLESIA DE SAN MIGUEL

CUARTETO CASALS (ABEL TOMÀS y VERA MARTÍNEZ, violines. JONATHAN BROWN, Viola. ARNAU TOMÀS, violonchelo)

Cantos de FRANCISCO COLL y Die sieben Worte des Erlösers, op. 51 de FRANZ JOSEPH HAYDN 

Asistencia: 95%

Que la atención a la música contemporánea en la SMR es una de sus señas de identidad (en equilibrio más o menos sutil con otros repertorios) no es ninguna novedad, y trasciende más allá de quien ocupe la dirección del festival. En particular, los encargos que en cada edición se vienen solicitando a destacados compositores del panorama nacional e internacional desde hace más de cinco décadas conforman una de las piedras angulares que sustentan la programación. Por lo tanto, generan una notable expectación en una buena parte del público. Por Cuenca han desfilado muchos y muy destacados creadores que comprenden nombres como Mompou, Bernaola, Marco o Luis de Pablo (nombres que ya forman parte de los manuales de historia), hasta completarse con otros como Guinjoan, Halffter, Sotelo, Verdú, Harvey, etc. No queremos abrumar al lector con un listado de compositores, ya que consideramos que la importancia del encargo es manifiesta. En la presente edición, el nombre elegido fue del joven compositor valenciano Francisco Coll (1985) quien concibió para la ocasión la obra Cantos para cuarteto de cuerda.

Deseamos ser ecuánimes a la hora de emitir un juicio acerca de la creación que ahora nos ocupa (a pesar de que no nos dejó indiferentes y desearíamos pronunciarnos enérgicamente al respecto), por lo que nos limitaremos a realizar un acercamiento a la misma desde la mera crónica, sin valoraciones de la obra en sí. Quizá, lo más destacable fuese el efecto de desconcierto que experimentó el abarrotado y heterogéneo auditorio que allí se encontraba, y que pareció resistirse a aplaudir tras la ejecución del cuarteto. Entre el final de la obra y los aplausos hubo un momento de tensa espera y silencio, cruces de miradas, y algo que podríamos calificar de inefable, algo que no podemos precisar. Fue todo rápido (nos movemos en una dimensión que no admite pausas muy dilatadas), pero lo cierto es que los aplausos no se escucharon hasta que los componentes del Cuarteto Casals dirigieron sus miradas al público, todavía después de bajar sus arcos.

Algo interesante, digno de atención para aquellos interesados en el estudio de la psicología de la percepción, de la sociología de la música o de la retórica gestual, que dirían los dramaturgos. Sea como fuere, las cámaras de RTVE estaban presentes, con lo que no resultará difícil contrastar tales afirmaciones. Invitamos a lector a navegar por la Red en busca del documento…

¿Cuáles pueden ser los motivos de esta dinámica poco fluida en la comunicación entre compositor y público, habida una hábil mediación de los intérpretes? Quizá la brevedad de la obra (poco más de siete minutos), pero esto no debería ser motivo: la asimilación de formatos compositivos de reducido formato es algo superado desde hace más de cien años; ahí están los ejemplos de Webern, o el citado Mompou, sin ir más lejos. Quizá el estilo “contemplativo” de la escritura de Francisco Coll (prometimos no hacer valoraciones de la obra) sumió al público en un estado de letargo inducido difícil de abandonar. Quizá se esperaba algo diferente. No nos vamos a aventurar más allá de la mera hipótesis.

Tras la interpretación de Cantos, el Cuarteto Casals sustituyó sus arcos modernos por otros clásicos (la formación combinó la cuerda de metal con el arco histórico) con el objetivo de abordar Las Siete palabras de Cristo en la Cruz op. 51 de Haydn. Ésta es una obra que goza de prestigio en nuestro país y que se ve habitualmente programada, a pesar de no ser, ni de largo, una de las obras más brillantes de su creador. No despliega los magistrales desarrollos formales propios de la forma sonata que se pueden encontrar en sus cuartetos, piezas para piano y sinfonías, no hay apenas diálogo contrapuntístico y lo que es más grave: hay una ausencia casi total de decoro (entendido como término histórico, como sinónimo de verosimilitud) ya que la obra se presenta bajo el aspecto de una sucesión de hermosas y serenas arias… ¿Dónde está el elocuente y apocalíptico Haydn de la Misa Nelson, por poner un ejemplo?

Es cierto que, por tratarse de un encargo realizado desde España por la Hermandad de la Santa Cueva de Cádiz, disfruta del favor de intérpretes, programadores y público, pero también es cierto que hay muchos y muy interesantes encargos realizados desde nuestro país. Ahí está la producción parar la casa de Benavente o Alba, sin ir más lejos.

En lo que a la intervención del Cuarteto Casals respecta, hay que apuntar que se trata de uno de los más destacados cuartetos del momento. Además, Las siete palabras es una obra que conocen bien y tienen en repertorio, dado que fue grabada por ellos en el año 2014 para el sello discográfico harmonía mundi. Ya hemos señalado que tal obra no se presta al lucimiento de la formación en toda su amplitud, pero nos presentó a cuatro músicos trabajando con profesionalidad, con una sonoridad compacta y hermosa, así como un fraseo coherente, entre otras virtudes. Por poner lo mejor y lo peor sobre la mesa nos centraremos en Abel Tomàs (violín primero de la formación en el Haydn), quien exhibió una técnica de arco poco frecuente por su perfección (especial mención merece su increible articulación picado-ligado), pero que mostró una excesiva presencia de sonido en todo momento. Entendemos que en una textura de melodía acompañada, la primacía de tal melodía es incuestionable, pero no se justifica al abordar pasajes por terceras junto al violín segundo. Ésta es una falta habitual –incluso- en los más grandes cuartetos y que no se explica por la tesitura en la que se ha de mover el violín primero. Tal falta la pudimos verificar también la pasada edición en el Lepzig Quartet. Son pocos los que escapan a ella y queda argumentado que nada tiene que ver con la técnica de arco…

Raúl Jiménez.