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28-IV-2017 La vanguardia que fue (y es)

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MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real JOHN DASZAK, Pier Francesco Orsini. HILLARY SUMMERS, Diana Orsini. JAMES CRESWELL, Gian Corrado Orsini. GERMÁN OLIVERA, Girolamo. NICOLA BELLER CARBONE, Julia Farnese. DAMIÁN DEL CASTILLO, Maerbale. THOMAS OLIEMANS, Silvio de Nardi. MILIJANA NIKOLIC, Pantasilea. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. DAVID AFKHAM, director. Dirección escénica de PIERRE AUDI. Alberto Ginastera: Bomarzo Aforo: 1.746 Asistencia: 90 % Sin duda, la apuesta más potente de la temporada. La tensión y ganas de tocar de la inmensa orquesta (y del coro, situado en el inabarcable foso) se perciben nada más entrar en el patio de butacas. Estamos ante una…

Un instante durante la representación. Crédito: Javier del Real.

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

JOHN DASZAK, Pier Francesco Orsini. HILLARY SUMMERS, Diana Orsini. JAMES CRESWELL, Gian Corrado Orsini. GERMÁN OLIVERA, Girolamo. NICOLA BELLER CARBONE, Julia Farnese. DAMIÁN DEL CASTILLO, Maerbale. THOMAS OLIEMANS, Silvio de Nardi. MILIJANA NIKOLIC, Pantasilea. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. DAVID AFKHAM, director. Dirección escénica de PIERRE AUDI.

Alberto Ginastera: Bomarzo

Aforo: 1.746 Asistencia: 90 %

Sin duda, la apuesta más potente de la temporada. La tensión y ganas de tocar de la inmensa orquesta (y del coro, situado en el inabarcable foso) se perciben nada más entrar en el patio de butacas. Estamos ante una de las escasas oportunidades de disfrutar en directo el tour de force operístico más contundente que se haya producido en lengua española durante el siglo XX, y por extensión, de la literatura operística en castellano de todos los tiempos. Una composición dodecafónica de carácter eminentemente sinfónico, con una modernísima (y efectiva) paleta tímbrica, un lenguaje desinhibido de marcado acento expresionista. Sin duda alguna, una muestra más -junto con Die Soldaten, Die Bassariden y Los diablos de Loudun– de que en los años 60 aún se escribía ópera para remover las vísceras, y no (como ocurrirá cada vez con más frecuencia) acometer simples ejercicios de estilo o escenificar sofisticadas piruetas conceptuales.

El Real se ha dejado claramente los restos en esta apuesta, a la vez arriesgada y segura, tanto en los efectivos musicales como en la producción escénica, confiada a uno de los más reputados directores del momento. Pierre Audi puso en juego un complejo dispositivo multimedia con oníricas proyecciones sobre un desierto paraje habitado por estructuras geométricas abstractas, en un permanente juego de luces y sombras coloreadas por intensas tonalidades rothkianas.

David Afkham abrió de par en par la caja de Pandora que es esta partitura sin perder la atención a los momentos más serenos, y obtuvo de la orquesta, coro (e invitados) una respuesta merecedora de todas las alabanzas, por la profesionalidad, la dificultad del cometido, y la entrega. El apartado vocal estuvo también a la altura del magnífico reto, con buenas prestaciones tanto de los castellanohablantes (la pronunciación fue, por cierto, castellana) como de los que no, hasta el punto de resultar indistinguibles en casi todos los casos. Mención aparte merece el protagonista total y absoluto, John Daszak, un profesional como la copa de un pino que acometió el exigentísimo rol sin fisura alguna. Faltaríamos a la verdad, sin embargo, si lo juzgáramos como un intérprete ideal. Este personaje maltrecho y torturado es heredero lejano de un Rigoletto, un Wozzeck, y como estos personajes, demanda una composición del personaje (visceralidad, alucinación, locura) más al borde del precipicio. Faltó eso, esperamos encontrarlo la próxima vez que Bomarzo visite el Real.

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA