Audioclasica

24-VI-2017 NUEVE NOVENAS (I): UN TRIUNFO

Rafa Martín

  ORQUESTA SINFÓNICA DE MADRID, CORO NACIONAL DE ESPAÑA, ORQUESTA DE LA COMUNIDAD DE MADRID, ORQUESTA SINFÓNICA RTVE, ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA, JOVEN ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑARAQUEL LOJENDIO, soprano; MARINA RODRÍGUEZ CUSÍ, mezzosoprano; GUSTAVO PEÑA, tenor; DAVID MENÉNDEZ, barítono. VÍCTOR PABLO PÉREZ, director Obras de Haydn, Beethoven, Garay, Schubert, Mozart, Bruckner, Shostakóvich, Dvořák y Mahler Aforo:2324 Asistencia: 92% Con motivo del Día de la Música, la propuesta del CNDM para su celebración adquiría este año proporciones mastodónticas y, en un primer momento, bastante dudosas: dentro del ciclo ¡Solo Música!, la idea para esta cuarta edición trataba de ir más allá en…

 

Víctor Pablo Pérez recibiendo los aplausos del auditorio. Crédito: Rafa Martín.

ORQUESTA SINFÓNICA DE MADRID, CORO NACIONAL DE ESPAÑA, ORQUESTA DE LA COMUNIDAD DE MADRID, ORQUESTA SINFÓNICA RTVE, ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA, JOVEN ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑARAQUEL LOJENDIO, soprano; MARINA RODRÍGUEZ CUSÍ, mezzosoprano; GUSTAVO PEÑA, tenor; DAVID MENÉNDEZ, barítono. VÍCTOR PABLO PÉREZ, director

Obras de Haydn, Beethoven, Garay, Schubert, Mozart, Bruckner, Shostakóvich, Dvořák y Mahler

Aforo:2324 Asistencia: 92%

Con motivo del Día de la Música, la propuesta del CNDM para su celebración adquiría este año proporciones mastodónticas y, en un primer momento, bastante dudosas: dentro del ciclo ¡Solo Música!, la idea para esta cuarta edición trataba de ir más allá en el exceso que caracteriza al mismo y Antonio Moral, en calidad de responsable último, invitaba a escuchar al maestro burgalés Víctor Pablo Pérez al frente de cinco formaciones sinfónicas diferentes para la ejecución de Nueve Novenas sinfonías clásico-románticas. Este era el telón de fondo de las Nueve Novenas que tanto han dado que hablar. Y es que en la superficie, desde luego, el juego no dejaba de ser una expresión casi egótica, un tour de force amistoso y pirotécnico entre el gestor y el director con objeto de inducir el asombro en un respetable cada vez más aficionado a lo chabacano en detrimento de una escucha seria. Puro fuego de artificio que los medios de comunicación, e incluso el propio programa de mano, han repetido incesantemente: el reto descomunal que supone semejante programa que, para más inri, estaba basado en esa leyenda igualmente populista de la “magia” encerrada en la novena sinfonía de cualquier autor posterior a Beethoven; leyenda, humo, del que no cabe ni hablar, aunque el juego de palabras 9-9 sea muy decorativo en sí mismo.

Así pues, arrancando desde este eje más que discutible (disquisiciones varias, incluso ciertos números de catálogo son más que dudosos), restaba observar cómo se resolvía en escena este ejercicio grandilocuente; porque, cierto es, el que se plantee un espectáculo desde un presupuesto populista no implica necesariamente que su realización final tenga que ser de perfil artístico bajo. Una cosa es la publicidad, el cómo se vende algo, y otra muy distinta el qué se vende, y aquí toca bajar la cabeza y asumir: todo escepticismo crítico se equivocó, y la manera de afrontar la interpretación del programa dio lugar a una de las jornadas de música más memorables que se puedan recordar en la ciudad de Madrid. Tampoco uno podría afirmar que la campaña publicitaria haya estado exenta de aciertos: el fantástico cartel diseñado por Iván Solbes (presente en calles, cafeterías y estaciones de metro, entre otros espacios públicos de toda la ciudad) ha sido en sí mismo uno de los grandes logros del planteamiento, por lo que, en un mundo (el de la música “clásica”) en el que el diseño y la creatividad de carteles y portadas de registros discográficos es francamente lamentable, el nombre de este señor deberá mantenerse como una referencia obligada por el bien de nuestros ojos.

Y si por los ojos había entrado lo mejor del planteamiento previo, también a través de los ojos comenzó la jornada, porque ya en el Auditorio Nacional (primer concierto sinfónico, 11:00 horas), Víctor Pablo Pérez subió al podio con una naturalidad asombrosa. Estando fuera de toda duda que el esfuerzo sería titánico (populista o serio, pero titánico seguro), el director se dirigió al público a través de un saludo que no indicaba ninguna actitud especial más allá de las ganas de trabajar; un director sonriente y amable en sus formas que, visto a posteriori, no mostraba sino el estar convencido de su conocimiento del repertorio y de su solvencia física, intelectual y emocional, a la hora de enfrentarse a aquel. Y así, dejando ya a un lado todo elemento espectacular y especulativo, ahora ya sí, comenzó la música. Una música que encerraba en sí misma otro presupuesto básico: el comparativo, pero no sólo entendido como una valoración del sonido de las diferentes orquestas (inevitable e interesante) sino en la manera en la que el maestro se enfrentaba a esta cuestión. Las cinco orquestas participantes (Orquesta Sinfónica de Madrid, RTVE, la de la Comunidad, la Nacional y la JONDE) son, innegablemente, desiguales en su rendimiento, pero también lo son en lo que atañe meramente a su mejor sonido, y resultó maravillosamente atractivo seguir los pasos directoriales de Víctor Pablo Pérez extrayendo recursos similares de formaciones esencialmente diferentes. ¿No es, al fin y al cabo, la gran valía de un director, la de presentar SU propia versión de una partitura a través del ente abstracto que es “la orquesta sinfónica”, aderezada ésta con el sonido propio que su día a día va conformando de manera inevitable? Ciertamente, es éste uno de los puntos candentes, y el maestro se ganó el cum laude y, ya de paso, un honoris causa. O dos. O nueve, si se quiere.

La cosa no es exagerar lo vivido allí, sino poner cada cosa en su lugar: Víctor Pablo Pérez ha dirigido de manera indiscutible. Podemos matizar (y arriba queda hecho), discutir sobre ello, pero su actuación no dejó lugar a dudas, e incluso en los aspectos más megalómanos del evento supo reducir, atacar entre movimientos con agilidad, programar conciertos sin descansos innecesarios, evitar tempos pesantes, extraer sonoridades ágiles y diáfanas (con alguna excepción imputable en parte al propio compositor, todo sea dicho, recordando desde ya que Bruckner estaba allí programado) y, mantener una actitud casi pedagógica en el aspecto comunicativo. Porque Víctor Pablo Pérez es un comunicador nato con un gesto vírgen, casi infantil (“infantil” como aspecto positivo), que vivió el día marcando el canto continuamente con los labios en los pasajes más expresivos y con una amabilidad envidiable en el gesto; capaz de unos momentos de verdadera complicidad con los músicos (única, excepcional, la relación entre timbal y director en la novena beethoveniana que nos dejó a muchos sin aliento) y de ofrecer versiones que, si fueran estos otros tiempos más propicios para el establecimiento de cánones, se convertirían en ejecuciones de referencia (jamás se había escuchado aquí una Sinfonía del Nuevo Mundo como la desarrollada el pasado sábado). De un director que siempre ha manifestado un cierto interés hacia la creación contemporánea (no la suficiente, si atendemos a los grandes innovadores olvidados en su carrera, pero algo, unos mínimos, sí hay), y una eficiencia indudable en el terreno del Romanticismo, sólo queda decir que su tratamiento del Clasicismo ha resultado sorprendente, a través de unas formaciones reducidas de las que ha sabido extraer, en todos y cada uno de los casos, un tratamiento asombroso de elementos como los ecos no estructurales, los arcos dinámicos, los matices, consiguiendo un sonido sorprendente, atractivo, funcional para una jornada de masas como la presente, pero sin perder por ello el valor artístico

HACHÈ COSTA

* Audioclásica no estuvo presente en el cierre de la jornada. Lamentablemente, no fue posible la asistencia al concierto de la novena de Mahler a cargo de la JONDE, por lo que la crónica de la jornada prescinde inevitablemente de la valoración del último concierto, excepto para lo que aquí quede dicho: la rapidez y agilidad con la que Víctor Pablo Pérez enfrentó los conciertos demostró injustificado el miedo a que la programación resultara excesiva; más bien, resultó frustrante tener que abandonar el Auditorio por motivos que nada tuvieron que ver con estas Nueve Novenas y cualquier comentario debe quedar sobreentendido cuando, después de ocho sinfonías, el oyente lamenta no poder escuchar la novena. Otro gran triunfo del evento.