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Tres Maestros de Capilla de la Catedral de Sigüenza de los siglos XVIII y XIX

El_Doncel_en_la_Catedral_de_Santa_María_de_Sigüenza_(Guadalajara). Credito Santi Rodriguez Muela

  El próximo 23 de Septiembre, los historiados muros de la Catedral de Sigüenza (Guadalajara) acogerán, doscientos años después, los sonidos perdidos de la música de Salvador de Sancho, Acacio Garcilópez y Juan Lorenzo Muñoz. En ocasiones, no es necesario retroceder hasta épocas muy antiguas para sorprenderse por el hallazgo de extraordinarias obras musicales que han permanecido inéditas hasta ahora. Las postrimerías del siglo XVIII y ¿por qué no? los siglos XIX y XX albergan numerosas cajas de sorpresas en las que se encuentran partituras y autores absolutamente inéditos que empiezan a mostrar tímidamente sus sonidos cuando editamos en cualquier…

Detalle de la célebre escultura sedente de El Doncel de la Catedral de Sigüenza. Crédito: Santi Rodriguez Muela.

 

El próximo 23 de Septiembre, los historiados muros de la Catedral de Sigüenza (Guadalajara) acogerán, doscientos años después, los sonidos perdidos de la música de Salvador de Sancho, Acacio Garcilópez y Juan Lorenzo Muñoz.

En ocasiones, no es necesario retroceder hasta épocas muy antiguas para sorprenderse por el hallazgo de extraordinarias obras musicales que han permanecido inéditas hasta ahora. Las postrimerías del siglo XVIII y ¿por qué no? los siglos XIX y XX albergan numerosas cajas de sorpresas en las que se encuentran partituras y autores absolutamente inéditos que empiezan a mostrar tímidamente sus sonidos cuando editamos en cualquier programa de escritura musical sus viejos manuscritos y ponemos en marcha las aplicaciones de edición sonora. Quizá lo que sucede es que la musicología en España está recorriendo en los últimos treinta años el camino que la investigación musical en otros países de nuestro entorno ya emprendió hace uno o dos siglos. Un buen ejemplo para ilustrar estas cuestiones se puede encontrar en el magnífico archivo musical de la Catedral de Santa María la Mayor de Sigüenza, la Fortis Seguntina así llamada por su entrañable canónigo archivero, D. Felipe Peces Rata a cuya sapiencia y generosidad debemos no poco del éxito de nuestras investigaciones.

Fue en mayo de 1955 cuando la Santa Sede promulgó una serie de decretos consistoriales mediante los cuales se cambiaban los límites geográficos de las distintas diócesis españolas. Así, la de Sigüenza pasó a coincidir plenamente con la provincia de Guadalajara, pero hasta entonces había venido englobando las tierras de Berlanga de Duero y de Almazán (actualmente en la diócesis de Osma), la zona de Ariza (hoy día perteneciente al Obispado de Tarazona) y la de Ayllón (ahora en la diócesis de Segovia). Los coros Aula Boreal de Bilbao, Doinuzahar de Durango y la orquesta ProArte de Madrid, todos ellos bajo la dirección de Daniel Garay (colaborador de esta publicación), revivirán el próximo 23 de Septiembre la música que escribieron tres notables maestros de capilla catedralicios que fueron testigos de los profundos cambios estéticos y formales que se produjeron en la música española durante el tránsito entre el Barroco y el Clasicismo. Dadas las peculiares características geográficas que tuvo la Diócesis seguntina durante esta época, no debe sorprendernos que los tres maestros de los cuales vamos a hablar en este artículo fueran naturales de tres provincias diferentes: Soria, Zaragoza y Guadalajara.

Salvador de Sancho Iturmendi

Nacido en Medinaceli, Soria, hacia 1687 y muerto en Sigüenza el 11 de Agosto de 1754, Salvador de Sancho Iturmendi fue maestro de capilla en la Colegiata de Santa María de la Asunción de Medinaceli entre 1717 y 1725 y en la Catedral de Sigüenza entre 1725 y 1754. Su maltrecha salud no le permitió desempeñar sus funciones durante los últimos once años de su magisterio, y la enfermedad que él mismo previó con antelación le obligó a delegar sus bienes y gestiones en la figura del Dr. D. Antonio Carrillo de Mendoza en cuyo buen hacer y cristiandad confiaba plenamente. Salvador era hijo de Lucas de Sancho López (Morón de Almazán, 1662 – Medinaceli, 1712), quien fue admitido en 1677 como infante de coro en la Catedral seguntina bajo el magisterio de Benito de Ambrona y alcanzó el de Medinaceli en 1683. Sin duda, debió formar sólidamente a su hijo en los principios de la polifonía renacentista, que Salvador cultivó con una especial exquisitez.

Fig.1

Registro del fallecimiento de Salvador de Sancho Iturmendi (Archivo Histórico Diocesano de Sigüenza, Libro de Difuntos de la Parroquia de San Pedro Apóstol -inicio en 1724- fols.168r-170r)

 

Son más de sesenta las obras de Salvador de Sancho que se reparten entre los archivos Histórico Diocesano de El Burgo de Osma y el de la Catedral de Sigüenza, que serán próximamente editadas en dos extensos volúmenes por la Diputación de Soria. Incluyen once salmos, tres Magnificat, dos misereres, una lamentación, 17 motetes, ocho salves, seis villancicos, una cantada, una loa, un baile para la festividad de la Virgen, un juego de 17 cánones, un responsorio, un Parce mihi, un cántico, un juego de tres versos para la Adoración de la Santísima Cruz, dos Dies irae y cinco oficios de completas. Entre estos últimos, destaca el magnífico oficio de completas Te lucis ante terminum sobre el metro de el tiempo (E:SIGc 24/13), obra fechada en 1726 que alterna en estilo de ritornello los pasajes corales con predominio de la armonía vertical con los solos de tiple bellamente decorados (especialmente en el In manus tuas), delicadamente imitados por los instrumentos (violín/oboe y bajón), que exigen del solista un gran dominio de la técnica vocal. No faltan excelentes musicólogos, como Suárez Pajares, que perciben un cierto aliento “bachiano” en esta melodía.

Además de un gran compositor, Salvador de Sancho fue también un gran formador de músicos. Sólo conocemos un discípulo suyo en Medinaceli, Andrés de Algarabel y Arroyo (Medinaceli, ca.1695 – Valladolid, 1740), maestro de capilla en Segovia y Valladolid y autor de la monumental Misa Nunc dimittis, cuyo manuscrito se encuentra en la Catedral de México. Otros seis pupilos se sitúan en Sigüenza: Acacio Garcilópez de la Peña, quien le sustituyó como maestro de capilla en interinidad entre 1743 y 1754, Juan Carralero (muerto en Segovia en 1784), que fue tenor, organista y compositor, Manuel Rata Romanillos (nacido en Horna, Guadalajara, en 1717) que marchó como organista a tierras andaluzas, Manuel de Osete (Tierzo, Guadalajara, 1715 – Granada, 1775), prolífico compositor que fue maestro de capilla en León, Zamora, Badajoz, Zafra, Bilbao y Granada, y los bajonistas Manuel Sardina (nacido en Sigüenza en 1725) y Miguel de Lope (Castejón de Henares, Guadalajara, ca.1725 – Madrid, 1798).

Acacio Garcilopez de la Peña

Sin duda alguna, las monumentales Vísperas de Nuestra Señora (compuestas por los salmos Dixit Dominus, Laudate Dominum y Beatus vir y coronadas por un Magnificat) constituyen la obra cumbre de Acacio Garcilópez de la Peña, maestro probablemente nacido en Argecilla (Guadalajara) hacia 1720 y muerto en Sigüenza el 12 de Noviembre de 1781. Garcilópez suplió a su maestro Salvador de Sancho Iturmendi al frente del magisterio seguntino entre 1743 y 1754, para después ocuparlo de forma titular desde el 12 de Agosto de 1754 hasta su muerte en 1781. Fijar la fecha y el lugar de su nacimiento no es empresa fácil. Hemos tenido la fortuna de encontrar algunos datos genealógicos en el Libro de Bautizados de Castexón Desde 1587 hasta 1714. En las Noticias de los Parientes de Juan de León el Yndiano, natural que fue de esta Villa de Castejón, à fin de que la Capp.ª que fundó en la Yglesia Parroquial de ella, la gozen sus Parientes, y no los extraños, como al presente la disputan y más concretamente en los Arboles de el Parentesco que tienen algunos vezinos de esta Villa con Juan de León el indiano leemos en un folio no numerado que Carlos Garcilópez y María de la Peña se casaron en Algezilla y procriaron a Dn. Acacio Garcilópez, Mtro. de Capilla en la Cathedral de Sigüenza, pero no se indican las fechas de tales acontecimientos. Como Carlos era vecino de esa localidad y el matrimonio continuó viviendo en ella, lo más probable es que Acacio naciera en Argecilla y teniendo en cuenta que en 1738 era aún infante de coro, su venida al mundo pudo tener lugar hacia 1720 o quizás un poco antes.

Fig.4

Particela del violín 1º del Beatus vir de Acacio Garcilópez de la Peña conservado en la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial (Madrid).

 

Si bien hizo alguna tentativa por marchar a Madrid y Lugo, Garcilópez nunca se movió de su puesto en Sigüenza. Sólo conocemos siete obras de este maestro: los salmos Beatus vir del Archivo Histórico Diocesano de El Burgo de Osma, compuesto durante su etapa de formación con Salvador de Sancho, y Cum invocarem de la Catedral de Sigüenza, que data de 1760 y, por tanto, se sitúa en el inicio de la madurez del maestro, además del motete Decora lux aeternitatis custodiado en la Catedral de Sevilla en forma de copia decimonónica. A estas tres hay que añadir las cuatro piezas que componen el Oficio de Vísperas que se conserva completo en la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial. El estilo clasicista se manifiesta aquí en todo su esplendor, pero con numerosos rasgos heredados del Barroco, como la policoralidad que da lugar a efectos de turbae sobrecogedores que alternan con solos y dúos vocales de esmerada factura. El contrapunto imitativo sobre un cantus firmus en distintas voces es una técnica que también explota Garcilópez con gran eficacia, sin duda, heredada del estilo de su maestro Salvador de Sancho. Reclamamos una atención especial al bello y fluido discurso del Dixit Dominus, los ritornelli instrumentales del breve Laudate Dominum, el dramatismo del In memoria aeterna y el contundente y “bachiano” allabreve sobre Paratum cor ejus, ambos del Beatus vir, así como el temperamento “quasibeethoveniano” del Magnificat con un solo de órgano cuya parte hemos debido reconstruir dada su ausencia entre las copias de esta obra que el P. Jaime Ferrer (1762-1824), sucesor en el magisterio de El Escorial del célebre P. Antonio Soler (1729-1783), copió con primor muy probablemente a comienzos del siglo XIX. La obra se ha transcrito a partir de las copias del P. Ferrer, pero se ha añadido la parte de órgano en el Magnificat, dado que esta particela no se ha conservado. “Particela” es el papel o conjunto de papeles correspondientes a una parte concreta, vocal o instrumental.

Suerte inmensa ha sido que se haya conservado esta copia, pues la de Sigüenza habrá sido una de las muchas perdidas a lo largo de los múltiples avatares que nuestra historia ha deparado, como la Guerra Civil, que fue especialmente dura y destructiva en nuestra querida Fortis Seguntina. Consideramos que estas Vísperas constituyen, sin duda, una obra de referencia para comprender el estilo y la evolución del Clasicismo musical en España, que en absoluto era ajeno a las corrientes europeizantes que se acercaban a nuestro país de la mano de la música de Bach (1685-1750), Mozart (1756-1791) o incluso Haydn (1732-1809). En este contexto, Sigüenza siempre ocupó una posición de privilegio, muy cerca de la Corte y Capilla Real de Madrid y siempre abierta a las influencias de la Ilustración que en España floreció bajo los reinados de Fernando VI y Carlos III.

Juan Lorenzo Muñoz Sánchez

A día de hoy es una verdadera incógnita la obra musical, extensa por otra parte, del maestro Juan Lorenzo Muñoz Sánchez, nacido en Ariza, Zaragoza, el 15 de Diciembre de 1760 y fallecido en Sigüenza el 16 de Abril de 1838. Discípulo de Acacio Garcilópez, fue nombrado maestro de capilla de la Catedral seguntina el 11 de Febrero de 1782, puesto que ocupó hasta el fin de sus días, si bien a partir del 15 de Noviembre de 1832 se jubiló en el magisterio para pasar a desempeñar el cargo de “tesorero del dinero”, siendo sustituido interinamente en el magisterio por Urbano Aspa Arnao (Sigüenza, 1809 – Fuencaliente de Medinaceli, Soria, 1884), quien a la postre sería su sucesor titular al frente de la Capilla de Música tras su muerte en 1838.

Fig.5

Particela del bajo solista del aria Cruja, brame el viento airado de Juan Lorenzo Muñoz Sánchez conservada en el Archivo de Música de la Catedral de Sigüenza.

 

Poco sabemos a día de hoy sobre su producción musical, pues tan sólo hemos estudiado las diez arias al Santísimo Sacramento, algunas de cuyas secciones instrumentales hemos debido reconstruir en gran medida por pérdida de las particelas correspondientes, a la vez que la grafía musical en toda su obra es difícilmente legible, por lo que supondrá un duro trabajo el acometer su estudio y transcripción. Además de estas diez arias, se conservan en Sigüenza un Ave Maris Stella, un villancico, tres oficios de completas, un Credidi, diez salmos, un invitatorio, un oficio de difuntos, nueve lamentaciones, dos Magnificat, ocho misas (entre ellas, una de Requiem), seis misereres, seis motetes, un Parce mihi, un Regina caeli, tres salves, una secuencia del Corpus y un Victimae Paschali.

En lo tocante a las arias al Santísimo Sacramento, las líneas vocales son extraordinariamente virtuosísticas, con un discurso cuyo estilo se sitúa a mitad de camino entre las propuestas de Mozart y Rossini, mostrando en ocasiones afetti próximos al Sturm und Drang, plenamente inmersos en una concepción armónica y formal enmarcable de lleno en el contexto clasicista, eso sí, con ciertas evocaciones a la fraseología del Barroco. Por citar cuatro de ellas, Cruja, brame el viento airado es un aria de bravura muy genuinamente mozartiana, ¡Ay, dulce amante! es de carácter marcadamente pasional, con largas cadencias muy decoradas, Detente, navecilla es un culto a la melodía amplia y contemplativa y, por último, Señor, pues has dejado en ese Sacramento es más convencional, pero no por ello menos atractiva. Todas ellas están desarrolladas en la forma da capo con reexposición instrumental a la manera tradicional.

CONCLUSIÓN

Mucho queda aún por hacer en el campo de la investigación musical en el Archivo de la Catedral de Sigüenza. Al gran estudio que llevó a cabo Javier Suárez Pajares, quien extendió sus investigaciones al período comprendido entre 1600 y 1750, y las monografías que hemos realizado sobre Lucas de Sancho, Salvador de Sancho y los discípulos de este último, deberán sucederse otros trabajos convenientemente centrados en el estudio biográfico y compositivo de figuras de la relevancia de Juan Lorenzo Muñoz, Urbano Aspa, Francisco Corral, Alejo Martínez, Cándido Buldaín y José Andreu, todos ellos maestros de capilla de la Fortis Seguntina que nos han transmitido un legado musical de belleza y valor incomparables que animan a emprender un esfuerzo en pro de la recuperación de un ingente patrimonio musical que nunca debió haber caído en el olvido. A no dudar, el apoyo institucional va a ser imprescindible, como lo ha sido hasta ahora, de cara a la edición, interpretación y grabación de estos auténticos tesoros musicales.

Patxi García Garmilla

 

BIBLIOGRAFIA

García Garmilla, P. (2012).- Andrés de Algarabel y Arroyo (Medinaceli, Soria, ? – Valladolid, 1740). Edición Práctica de sus Obras de Música. Universidad del País Vasco. Servicio Editorial. Leioa, 412 pp.

García Garmilla, P. (in pressa).- La Música de Lucas de Sancho López (1662-1712): Edición Práctica. Diputación de Soria, 336 pp.

García Garmilla, P. (in pressb).- La Música de Salvador de Sancho Iturmendi y de sus discípulos en la Colegiata de Medinaceli y la Catedral de Sigüenza (Siglo XVIII): Edición Práctica. Diputación de Soria, 2 vols., 620 + 530 pp.

García Garmilla, P. (in pressc).- La música de tres discípulos de Salvador de Sancho Iturmendi (Garcilópez, Carralero, Osete) posterior al aprendizaje con su maestro, conservada en la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, las Catedrales de Segovia y Sevilla y la Biblioteca Nacional de España en Madrid (siglo XVIII): Edición Práctica. Diputación de Soria, 572 pp.

Palacios Sanz, J.I. (1997).- La música en las colegiatas de la provincia de Soria. Diputación de Soria, 334 pp.

Suárez Pajares, J. (1998).- La música en la catedral de Sigüenza, 1600-1750. Instituto Complutense de Ciencias Musicales. Colección Música Hispana Textos. Estudios. Madrid, 2 vols., 373 + 394 pp.