Audioclasica

09-VII-2017 Puccini y el precio del éxito

Ermonela Jaho como Madama Butterfly en el Teatro Real de Madrid (crédito fotográfico: Javier del Real).

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real ERMONELA JAHO, Cio Cio San. ENKELEJDA SHKOSA, Suzuki. JORGE DE LEÓN, B.F. Pinkerton. ÁNGEL ÓDENA, Sharpless. FRANCISCO VAS, Goro. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. MARCO ARMILIATO, director. Dirección escénica de MARIO GAS. Giacomo Puccini: Madama Butterfly Aforo: 1.746 Asistencia: 99 % El Real ha cerrado su brillante temporada 2016-17 saboreando las mieles del éxito gracias a este gran compositor operístico sobre el que el propio coliseo ha pasado de puntillas durante los últimos años. Entre llenos absolutos y atronadores aplausos, Ermonela Jaho ha conseguido que todos los aficionados aprendamos su nombre y la consideremos, de…

Ermonela Jaho como Madama Butterfly en el Teatro Real de Madrid (crédito fotográfico: Javier del Real).

Ermonela Jaho como Madama Butterfly en el Teatro Real de Madrid (crédito fotográfico: Javier del Real).

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

ERMONELA JAHO, Cio Cio San. ENKELEJDA SHKOSA, Suzuki. JORGE DE LEÓN, B.F. Pinkerton. ÁNGEL ÓDENA, Sharpless. FRANCISCO VAS, Goro. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. MARCO ARMILIATO, director. Dirección escénica de MARIO GAS.

Giacomo Puccini: Madama Butterfly

Aforo: 1.746 Asistencia: 99 %

El Real ha cerrado su brillante temporada 2016-17 saboreando las mieles del éxito gracias a este gran compositor operístico sobre el que el propio coliseo ha pasado de puntillas durante los últimos años. Entre llenos absolutos y atronadores aplausos, Ermonela Jaho ha conseguido que todos los aficionados aprendamos su nombre y la consideremos, de una vez para siempre, parte de nuestras vidas, gracias a su intensa y a la vez contenida encarnación de la trágica heroína pucciniana, mientras las retransmisiones en directo por toda España han llevado este magnífico espectáculo por las plazas de toda España, en un tour de force divulgador que merece todo nuestro elogio.

Jaho, poseedora de una voz más lírica de lo acostumbrado, cumplió su exigentísimo cometido con sensibilidad y empatía, apoyándose en la tersura de su registro agudo y contrapesando la carencia de peso en la voz con una inteligente conducción dramática. El resultado fue muy convincente y musical en un rol en el que a menudo entran en conflicto la fragilidad del personaje con la dimensión vocal que reclama. La adecuación física y la veracidad de la encarnación hicieron el resto para convertirla en la reina indiscutible de este formidable evento.

Jaho fue secundada por un plantel de excelentes voces en los roles subalternos principales, comenzando por la solidísima Suzuki de Shkosa -un punto de apoyo imprescindible en el Acto II- el Pinkerton de proporciones wagnerianas de Jorge de León, irresistible en el Acto I, y el Sharpless de Ódena, un veterano muy apreciado en el Real que dotó a su rol de una nobleza y un relieve destacables. Armiliato obtuvo un denso sonido de la orquesta titular, moldeado mediante fluctuaciones del tempo que subrayaron el discurso dramático de forma eficaz.

Al abordar la parte visual no podemos ocultar una cierta decepción que va más allá de lo que ha ofrecido la estimable propuesta de Mario Gas. Estimable porque tradujo la obra sin trabarse y propuso un tenue velo hermenéutico al situar la obra en el centro de una producción cinematográfica de los años 20 que exigió una notable plantilla de figurantes de limitado efecto dramático. Quizá una forma de redimir el crudo “melodramatismo” de la propuesta mediante un ligero e indoloro distanciamiento. Nuestra decepción tiene que ver más bien con la “excepcionalidad” que sigue ocupando la obra Puccini en el la lírica internacional en general y en el coliseo madrileño en particular. Superada la etapa Mortier en la que el italiano fue menospreciado como autor de segunda, comprobamos cómo en la nueva etapa no se ha sacudido el sambenito de autor “popular”, con todo lo que ello implica en cuanto a la reducción de sus expectativas hermenéuticas. Quiero decir que, en una época en la que hasta el repertorio belcantista está siendo redescubierto gracias a apuestas visuales rompedoras capaces de seguir revelando nuevas e insospechadas facetas, la obra de Puccini sigue siendo escenificada como hace veinte o treinta años. Y Puccini se merece mucho más que eso.

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA