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25-V al 22-VII-2017 La elegancia de Ravel, la ironía trágica de Shostakovich y la teatralidad de Verdi

Crédito: ©Silvia Lelli. Riccardo Muti dirige el concierto “Le vie dell’amicizia”

RAVENNA FESTIVAL 2017 Asistencia media: 95% “Il rumore del tempo” (El rumor del tiempo) ha sido el título escogido por el Ravenna Festival de este año. La edición número veintiocho ha querido poner esta vez como hilo rojo, entre varias formas de expresión artística, el tema de la Revolución Bolchevique de 1917, cien años después de su acontecimiento. Un año de radical insurrección, animado por energías reprimidas por mucho tiempo y que fue también el inicio de un gigantesco laboratorio donde elaborar una gramática nueva de la modernidad. Sin embargo, demasiado pronto las esperanzas suscitadas dejaron paso a la desilusión…

Crédito: ©Silvia Lelli. Riccardo Muti dirige el concierto “Le vie dell’amicizia”

Crédito: ©Silvia Lelli. Riccardo Muti dirige el concierto “Le vie dell’amicizia”

RAVENNA FESTIVAL 2017

Asistencia media: 95%

“Il rumore del tempo” (El rumor del tiempo) ha sido el título escogido por el Ravenna Festival de este año. La edición número veintiocho ha querido poner esta vez como hilo rojo, entre varias formas de expresión artística, el tema de la Revolución Bolchevique de 1917, cien años después de su acontecimiento. Un año de radical insurrección, animado por energías reprimidas por mucho tiempo y que fue también el inicio de un gigantesco laboratorio donde elaborar una gramática nueva de la modernidad. Sin embargo, demasiado pronto las esperanzas suscitadas dejaron paso a la desilusión del totalitarismo y al abrirse de la que fue denominada por Osip Madel’stam “la época de los lobos”. La desgarradora relación entre los intelectuales y el poder ha sido uno de los temas del festival donde central fue la figura de Dimitri Shostakovich, homenajeado en varios espectáculos y en uno de los conciertos sinfónicos de que hablaremos en esta breve reseña del Festival.  No por casualidad “el ruido del tempo” es el título de la novela de Julian Barnes justamente centrada en la figura del compositor ruso. Además del tema central el festival ha ofrecido como siempre un interesante dialogo – gracias a la presencia de artistas de primera fila, junto a interesantes exposiciones – entre música clásica, jazz, teatro, danza clásica y moderna, un homenaje a Dante, otra a la India, y uno a Monteverdi.

La sección dedicada a los conciertos sinfónicos fue como siempre de gran calidad con la presencia de la Filarmónica de Munich dirigida por Semyon Bychkov, la Academia Bizantina bajo la batuta de Ottavio Dantone, la Orquesta nacional de Lyon con Leonard Slatking a su frente y Anna Sophie Mutter como solista. Además, se pudieron escuchar conciertos de la Orquesta de la Rai italiana con Juraj Valcuha y David Fray como solista y la Orquesta Filarmónica de San Petesburgo. Sin olvidar el concierto final “Le vie dell’amicizia”, como siempre dirigido por Riccardo Muti con obras de Verdi. He asistido a tres de estos conciertos, cada uno de ellos marcado por la excelencia de las orquestas y de los intérpretes. El director estadounidense Leonard Slatking propuso en programa centrado en obras de Berlioz, Takemitsu, Mendelssohn, y, en la segunda parte, de Ravel. Abrió con la Obertura del Carnaval Romano de Berlioz que fue todo un ejemplo de desparpajo y seguridad gracias a una orquesta totalmente entregada y capaz de lucir bien sus dotes técnicas, no asombrosas pero basadas en una convincente seguridad y un sonido cálido y envolvente.  Siguió el Concierto para violín, de Mendelssohn, con Anne-Sophie Mutter que antes ofreció una versión intensa de Nostalgia” – En memoria de Andrey Tarkovsky de Toru Takemitsu, obra escrita por el compositor japonés un año después de la prematura desaparición del gran director ruso. El concierto de Mendelssohn no arrancó bien. Destacó, eso sí, en lo lírico, pero la relación entre solista y orquesta no pareció cuajar muy bien. Mejor fue, pero siempre algo anodino, el Andante mientras que la Mutter consiguió elevar la obra en el movimiento final, llenó de detalles brillantes y una gran carga de virtuosismo, aunque sin alcanzar esa electricidad que hace de esta sección del concierto algo inolvidable. La segunda parte ofreció tres obras de Ravel interpretadas de forma muy transparente y con un soberbio control de los detalles, sobre todo gracias a la intensa interpretación de la suite n. 2 de Daphnis et Chloé más que a las correctas, pero algo frías, lecturas de la Rapsodie Espanole y de la Pavane pour une infante défunte.

©Silvia Lelli. Anna-Sophie Mutter y Leonard Slatking durante el concierto de Mendelsshon

©Silvia Lelli. Anna-Sophie Mutter y Leonard Slatking durante el concierto de Mendelsshon

 

Más impáctate fue el concierto de la Orquesta Filarmónica de San Petesburgo pese a que el anunciado Yuri Temirkanov tuviera que ser substituido –  motivos de salud – por el segundo titular de la orquesta, Nikolay Alexeev. La sintonía entre el director y la orquesta fue admirable como se pudo apreciar sobre todo en la interpretación de la séptima sinfonía de Shostakovich, obra que cerraba el concierto. Escrita en 1941 durante el asedio nazi de la ciudad de Leningrado, la obra lleva como título apócrifo el nombre de esta ciudad. Título que el compositor aceptó, pero subrayando en una carta, que no era su intención celebrar la ciudad asediada ya que la composición era sobre la Leningrado “que ya Stalin había destruido y a la que Hitler sólo había dado su golpe de gracia”. De hecho, el Allegretto inicial (una verdadera obra maestra y que por intensidad e ingenio sobrepasa los siguientes tres movimientos) es una de las mejores descripciones del mal. Todo empieza como algo banal (una marcha casi ridícula) convirtiéndose con el pasar de los minutos en la descripción de algo terriblemente amenazador e inquietante. Alexeev supo recoger muy bien todo esto gracias a una flexibilidad expresiva notable y a un control inmejorable de las texturas, todo dentro de un perfecto diálogo entre las diferentes partes de la orquesta y a una perenne tensión dada al desarrollo de los temas. Aspectos que fueron apreciables también en el Concierto para piano, trompeta y orquesta de cuerda que abría la velada. La ironía y el gran virtuosismo que esta obra exige fue excelentemente valorizada por la primera trompa de la orquesta y por la lectura muy potente en todos los registros del pianista ruso Denis Matsuev.

Lo más impactante, finalmente, del concierto de “Le vie dell’amicizia” dirigido por Riccardo Muti fue la capacidad del director napolitano de fusionar y amalgamar de forma convincente un conjunto de instrumentistas y coristas provenientes de varias diferentes orquestas. Pese a pequeños desajustes, muy comprensibles, los músicos (provenientes de la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, la Orchestra Sinfónica y el coro de Teherán con el añadido del coro de Piacenza y de las primeras partes de orquesta de los mejores teatros italianos como por ejemplo el primer violín y el primer celo de la Orquesta de La Scala) consiguieron una lectura muy intensa y eficaz de las obras de Verdi que formaban el programa. La afinidad de Muti con el compositor de Busseto es conocida. En cada una de las piezas (pertenecientes a las óperas, I vespri siciliani, Don Carlo, Simon Boccanegra, Macbeth y La forza del destino) el director supo valorizar los equilibrios tímbricos y las dinámicas, consiguiendo imprimir a cada pieza su justa teatralidad. Entre los solistas destacaron sobre todo el barítono Luca Salsi – con una soberbia interpretación del aria de Macbeth “Pietà rispetto e amore” – y el bajo Riccardo Zanellato, mientras que el tenor Piero Pretti lució su gran técnica en el aria de Adrono, “Sento avvampar nell’anima” del segundo acto del Simon Boccangra. Las sinfonías de I vespri siciliani y de La forza del destino que abrían y cerraban el concierto fueron otros de los momentos exaltantes del concierto ejecutado dos días ante también en Teherán.

Gian Giacomo Stiffoni