Audioclasica

12-IX-2017 Vertixe Sonora Ensemble

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SANTIAGO DE COMPOSTELA. Ciclo Correspondencias Sonoras. Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) DAVID DURÁN, piano. DIEGO VENTOSO, percusión. ÓSCAR PRIETO, tuba. ÁNGEL FARALDO, electrónica. RUBÉN BARROS, guitarra. PABLO COELLO, saxofones y dirección musical. RAMÓN SOUTO, dirección artística. Jorge Gómez Elizondo: ¡Vayajazo!. Chikage Imai: Itinerary. Heather Stebbins: Ursa Major. Joanna Wozny: No Nearer Asistencia: 30 % El pasado martes 12 de septiembre, Audioclásica tuvo la oportunidad de asistir a uno de los numerosos conciertos del ensemble gallego de música contemporánea Vertixe Sonora Ensemble. La ocasión, absolutamente eventual, se presentaba más que adecuada para poder constatar la imparable actividad que la formación…

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Credito: Pablo Prados.

SANTIAGO DE COMPOSTELA. Ciclo Correspondencias Sonoras. Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC)

DAVID DURÁN, piano. DIEGO VENTOSO, percusión. ÓSCAR PRIETO, tuba. ÁNGEL FARALDO, electrónica. RUBÉN BARROS, guitarra. PABLO COELLO, saxofones y dirección musical. RAMÓN SOUTO, dirección artística.

Jorge Gómez Elizondo: ¡Vayajazo!. Chikage Imai: Itinerary. Heather Stebbins: Ursa Major. Joanna Wozny: No Nearer

Asistencia: 30 %

El pasado martes 12 de septiembre, Audioclásica tuvo la oportunidad de asistir a uno de los numerosos conciertos del ensemble gallego de música contemporánea Vertixe Sonora Ensemble. La ocasión, absolutamente eventual, se presentaba más que adecuada para poder constatar la imparable actividad que la formación gestionada por el compositor Ramón Souto ha estado manteniendo a lo largo de los últimos años, y todo ello a través de un programa que implicaba el estreno absoluto de cuatro obras diferentes.

Así, dentro del ciclo denominado Correspondencias Sonoras, en el que la propuesta (en co-producción con el Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela – CGAC) gira alrededor al establecimiento de una “correspondencia” de cualquier tipo entre las exposiciones temporales que visitan la institución artística y las partituras compuestas ex profeso para la misma, se proponía una revisitación de la obra pictórica de Luis Gordillo, cuyos cuadros han permanecido en el centro desde el pasado junio. Y en la misma medida en que la ocasión de nuestra asistencia resultaba eventual, también la presente reseña correspondiente al mismo debe serla, por lo que cabría hacer más hincapié en los aspectos mostrados como formación musical de primer nivel y a la interesante situación de colaboración entre el ensemble y el centro de arte, en detrimento de las obras en sí mismas. No obstante, también algunas breves palabras rápidas sobre ellas podrían ser dichas.

Al respecto de este último punto (el programa) podríamos decir que el público asistente y los miembros de prensa mantuvieron un criterio unánime: la obra de la estadounidense Heather Stebbins fue con diferencia lo más logrado de un repertorio que no acabó de convencer, debido tal vez a la ausencia de verdaderas relaciones notables con la pintura de Gordillo que debiera haber sido el gérmen seminal compositivo. En cualquier caso, Stebbins presentaba una mayor definición de las ideas temáticas frente a las restantes obras, un control de la estructura más dinámico y un brillante uso de la instrumentación con recursos llamativos pero contextualizados a un tiempo, y que en manos del pianista de la formación David Durán alcanzó momento interpretativos de un cuidado excepcional. Por lo demás, habría tal vez que señalar con justicia el comienzo de la obra del mexicano Jorge Gómez Elizondo (único compositor que ofreció su presencia en el estreno) que de alguna manera se acercó a través de sus texturas sobresaturadas a algunos de los elementos pictóricos deseados, aunque llama poderosamente la atención que las relaciones tan extensas de Luis Gordillo con la música hayan sido desatendidas cuando él mismo las ha expuesto en diferentes ocasiones (y que han dado lugar a fantásticos ensayos como el recientemente publicado por el crítico y escritor Paco Yáñez en las páginas de Mundo Clásico).

Pasando ya a las otras cuestiones que hoy podrían resultar de mayor interés, huelga decir que la mención expresa del pianista David Durán no ha sido gratuita, y a su labor podríamos sumar sin dudarlo la del restante equipo central del ensemble, el saxofonista Paulo Coello y el percusionista Diego Ventoso, verdadero trío de ases que se conforman como uno de los mayores exponentes nacionales en el terreno de la música contemporánea. Y no lo hacen sólo en base a consideraciones estrictamente sonoras: la actitud de comprensión de la obra, estudio y posterior puesta en escena, así como una curiosidad sin límites hacia las propuestas individuales encerradas en todas y cada una de las partituras, se unen a una disposición personal excepcional que hacen de la formación gestionada por Ramón Souto una agrupación de élite interpretativa: Vertixe Sonora Ensemble es el sueño de la música contemporánea española. Y este sueño le debe también algo de su existencia a su peculiar situación de colaboración institucional.

Acerca de esta, podríamos hablar de diferentes organismos que colaboran en mayor o menor medida con la formación, aunque hoy el punto de interés se encuentra en el sostén que el mencionado CGAC ofrece al ensemble. Y se necesita una mención aparte de esta cuestión porque el concierto del pasado 12 de septiembre contó con la presentación del director del centro, el artista, comisario y docente Santiago Olmo, quien pudo comentar la situación en la que se encuentra el trabajo conjunto entre el ensemble y las instituciones. Comentaba Olmo que, de manera sorprendente, la Universidad de Santiago de Compostela ha dejado de colaborar con el alojamiento de los compositores asistentes; un alojamiento que no implicaba una aportación económica directa sino en especie, más que asumible por un centro universitario, y que ahora tendrá que ser asumido por el CGAC directamente (del cual sí exigirá una partida presupuestaria). Dos puntos positivos, eso sí: el valor de la aportación del Centro Galego se refuerza sin ser puesta en tela de juicio , y su director merece en base a ello la mejor de las consideraciones. Santiago Olmo ha dado una muestra más de su buen hacer en el compromiso con la creación artística, mientras que la actitud de la Universidad de Santiago resulta entre patética y lamentable, en un concierto con unas sombras bien presentes pero llena de las mejores luces del Vertixe Sonora Ensemble.

Borja Carou