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21 y 22-IX-2017 No escandalicen al jurado

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Valencia   Final del XX Concurso Internacional de Piano José Iturbi. Palau de la Música. Sala Iturbi SAEYON CHON, FÁTIMA DZUSOVA, JUAN CARLOS FERNÁNDEZ, ANDREI IVANOU, JORGE NAVA y AYA SAKAMOTO, piano. ORQUESTA DE VALENCIA. BRUNO APREA, director. Obras de Beethoven, Brahms, Schumann y Rajmáninov. Aforo: 1.817 Asistencia media: 85 % En 1981 Joaquín Rodrigo propuso convocar un concurso de piano en Valencia para promocionar a jóvenes talentos y recordar la figura de José Iturbi. La primera Diputación Provincial de la democracia accedió a organizarlo. Sus cuatro primeras ediciones fueron anuales y las siguientes se convocaron cada dos años. La de…

Gala de entrega de premios XX Premio Iturbi. Créditos: Premio Iturbi

Ceremonia de clausura XX Premio Iturbi. Créditos: Premio Iturbi.

Valencia

 

Final del XX Concurso Internacional de Piano José Iturbi. Palau de la Música. Sala Iturbi

SAEYON CHON, FÁTIMA DZUSOVA, JUAN CARLOS FERNÁNDEZ, ANDREI IVANOU, JORGE NAVA y AYA SAKAMOTO, piano. ORQUESTA DE VALENCIA. BRUNO APREA, director.

Obras de Beethoven, Brahms, Schumann y Rajmáninov.

Aforo: 1.817 Asistencia media: 85 %

En 1981 Joaquín Rodrigo propuso convocar un concurso de piano en Valencia para promocionar a jóvenes talentos y recordar la figura de José Iturbi. La primera Diputación Provincial de la democracia accedió a organizarlo. Sus cuatro primeras ediciones fueron anuales y las siguientes se convocaron cada dos años. La de 2017 es la número 20. Ha sido la más internacional: se inscribieron concursantes de doce nacionalidades, ha sido retransmitida en directo vía Internet y gran número de países la han seguido, según la lista leída por los presentadores en la gala de clausura. Todas las actuaciones están disponibles en el canal de televisión de la Diputación. Los candidatos y candidatas al primer premio, además de su correspondiente asignación en metálico, acceden a realizar una gira por la Comunidad Valenciana y sendos conciertos en el Palau de la Música y en el de Les Arts, así como a grabar un disco. Josu de Solaun es el único español que ha ganado el Premio Iturbi (2006), el primero de una importante serie de galardones conseguidos, entre los que se encuentra el Concurso Enescu de Bucarest (2014).

Decía Charles Rosen que el conservatorio y los concursos son las dos instituciones que controlan el comienzo de cualquier pianista. Añadía, que ambas dificultan la aproximación directa y experimental del músico al repertorio. Desde la primera fase del concurso, los participantes se han enfrentado a composiciones que dan cuenta de la evolución técnica del instrumento desde Scarlatti o Soler hasta Ravel, Rajmáninov o Scriabin. Sobre la música de mediados y finales del siglo XX se extiende un clamoroso silencio. Solo tres de los dieciséis concursantes optaron, en el apartado de libre elección, por páginas posteriores. Aya Sakamoto interpretó Chaconne (1962) de Sofiya Gubaidúlina y las Tres danzas argentinas op. 2 (1937) de Alberto Ginastera. Jorge Nava presentó en la semifinal la Sonata para piano nº 7 en si bemol mayor “Stalingrado”, Op. 83 (1939-42) de Serguéi Prokófiev. Mi-Yeon I, que no pasó el primer corte, abordó la partitura más reciente: el primer movimiento de la Sonata para piano nº 1 (1990) del australiano Carl Vine. Por su parte, Saeyon Chon propuso la Sonata (1948) de Henri Dutilleux en la primera prueba.

Tal vez sea la escasa presencia de autores contemporáneos, a pesar de que uno de los galardones especiales cubre este apartado, la que ha llevado a la organización a encargar tres obras a compositores valencianos. Una de ellas tenía que ser interpretada obligatoriamente en la semifinal. Los títulos presentados atienden a estéticas bien diferentes. En Episodis pianístics Salvador Chuliá engarza breves pasajes contrastantes, con carácter español algunos de ellos. Smells like prelude, de Andrés Valero-Castells, es una hábil fusión entre el Preludio op. 3 nº 2 de Rajmáninov y la canción Smells like teen spirit de Nirvana. César Cabedo construye en Sortilegio una sólida pieza de exhibición.

La final se desarrolló en dos sesiones. Por orden alfabético, el jueves actuaron Saeyon Chon, Fátima Dzusova y Juan Carlos Fernández. El viernes: Andrei Ivanou, Jorge Nava y Aya Sakamoto. Estuvieron acompañados por la Orquesta de Valencia dirigida por Bruno Aprea. Su tarea no era fácil: nervios, repertorio dificultoso y alta tensión. A pesar de la atención puesta por el director y los músicos se percibieron algunos despistes importantes. El italiano estuvo siempre muy presente y su excesiva gesticulación no favoreció la fluidez y la naturalidad del fraseo. Poco hizo por animar los tempi lentos de algunos  de los concursantes, y cuando tuvo que calentar algún pasaje para alcanzar el clímax no lo dudó aún a riesgo de echarles la orquesta encima.

El coreano Saeyon Chon es un músico con un interesante punto de vista sobre obras como la Sonata nº. 17 op. 31.2 de Beethoven, escuchada en fases anteriores. También hizo gala de un sólido sentido constructivo en la Sonata op. 5 nº 3 de Brahms. Sin  embargo, en el Concierto nº 5 de Beethoven abusó del rubato y escogió unos tempi muy cómodos. Se echó en falta más presencia y más peso de su sonido, sobre todo  en los pasajes en los que el piano no es el protagonista. El solista de Beethoven aún no es sinfónico, no está enmarañado en el entramado orquestal. Chon alcanzó el segundo puesto y el premio al mejor intérprete de música contemporánea, ex aequo con la también coreana Sakamoto.

La rusa Fátima Dzusova también eligió unos tempi reposados para el Concierto nº 2 de Brahms, los cuales languidecieron según éste avanzaba. Dzusova es una pianista de manos grandes, ágil y ligera, como había demostrado en la semifinal con Mirors de Ravel. Por el contrario tiende a precipitar el pulso en pasajes rápidos y acude en demasía a una articulación muy marcada que le impide dar continuidad al discurso. Al inicio del concierto erró alguna nota y en su transcurso hubo cierto abuso del pedal. La rusa es una pianista de carácter y el de la música de Brahms le va muy bien. Me pareció muy buena elección. Se alzó con el primer premio.

Fátima Dzusova, ganador del XX Premio Iturbi. Créditos: Premio Iturbi.

Fátima Dzusova, ganadora del XX Premio Iturbi. Créditos: Premio Iturbi.

A partir de la intervención del primer español, Juan Carlos Fernández-Nieto, la final tomó otro cariz. A la brillantez de los anteriores participantes cabe añadir un plus de madurez que permitió a los solistas estar en la orquesta, dialogar e incluso tirar de ella y del director (o desajustarlos)  en algunos momentos. Fernández-Nieto no rehúye el riesgo y prueba de ello es la temperamental cadencia que selló en el Concierto para piano nº 3 en re menor, op. 30 de Serguéi Rajmáninov. De su paso por las fases anteriores destacaría la gracia de su “Rondeña” de Albéniz y su prestancia en “El pelele” de Granados. Su Mozart resultó límpido y vivo y su Debussy multicolor. También llenó de colores el Tercer Concierto del ruso. Su contacto con la orquesta fue constante y el excelente resultado le propinó una gran ovación. No obstante, sus actuaciones hacían presagiar para él un lugar más alto en la clasificación. Quedó el sexto.

Esta misma obra fue la elegida por el segundo español, Jorge Nava, que hasta el momento había lucido dicción clara y sonido grande. En la segunda prueba firmó una versión muy hermosa de “Corpus Christi en Sevilla”. En este Concierto nº 3 supo captar la atención del público desde el enunciado de la melodía diatónica que lo inicia. No lo dejó hasta su conclusión, por lo que consiguió el premio votado por los asistentes. Como la de Fernández-Nieto, su lectura fue sólida, tal vez con un poquito más de libertad expresiva. Su articulación es un punto más perlada, aunque en el registro agudo resultó excesivamente leñosa, su timbre más luminoso y tuvo menos desajustes con la orquesta. Todo ello le valió el tercer premio y ser el español mejor clasificado.

El bielorruso Andrei Ivanou ha mostrado una trayectoria tan regular como discreta desde la primera fase. Me pareció interesante y coherente su concepto de programa al incluir en la segunda prueba el Estudio Op. 25 nº 7 de Chopin y El amor y la muerte de Granados, por sus tonalidades menores y colores oscuros, y la “Appassionata” de Beethoven. En esa misma línea eligió para la final el Concierto para piano y orquesta en la menor de Robert Schumann. Hizo de él una lectura seria a pesar de algún desliz de notas en la reexposición del primer movimiento. Construyó con elocuencia el final, redondeando su actuación, a pesar de que Aprea dedicó poco entusiasmo a la transición entre el “Adagio” y el “Allegro vivace”. La orquesta entró desajustada en el primer acorde y hubo algún roce en la afinación de las maderas. Ivanou obtuvo el cuarto puesto y el premio a la mejor interpretación de música española.

Cerró la final Aya Sakamoto, quinta clasificada, con el Concierto para piano nº 2 en do menor Op. 18 de Rajmáninov. En la introducción optó por medir las apoyaturas como tal y no como resolución de la redonda anterior, como es costumbre en muchos pianistas. En los primeros pasajes agitados del desarrollo mostró cierta zozobra, lo cual se confirmó en el tercer movimiento: el conjunto se llegó a desestabilizar. Fueron unos segundos de tensión en los que el concertino, Enrique Palomares, tuvo que poner orden. También las trompas quedaron al descubierto en alguna ocasión. La lectura de Sakamoto fue sensible y matizada en lo dinámico y en lo expresivo. Su articulación es una de las más bonitas de las escuchadas. No obstante, en casi todos los forte fue superada por la orquesta.

El jurado estuvo presidido por Joaquín Soriano y constituido por Justas Dvarionas, Homero Francesch, Nina Kereselidze, Andrea Lucchesini, Kiai Nara (participante en la edición del Premio Iturbi de 1999), Fernando Puchol y Natalia Troull. Su veredicto fue el comentado anteriormente. En mi opinión, parece que se decantó por la corrección en detrimento del riesgo. Una observación que no supone demérito alguno para ninguno de los participantes. Al contrario, la valía y el esfuerzo de todos ellos es enorme y quedó patente. No queda más que felicitarles. Pero ya lo decía Rosen, el jurado se suele decantar por lo aceptable y huye de escándalos y atrevimientos.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI